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Junior Boys Big Black Coat  

Junior Boys

Big Black Coat

City Slang

7,9

Pop Electrónico

 

Brais Suárez

 

Cuando se escucha que el soul, el rock, el blues o el heavy agonizan por cómo se reducen sus márgenes para dar con nuevos ritmos y sonidos, es imposible pensar en la soberbia y la ingratitud que semejante afirmación denota. Las innovaciones que a lo largo de los años han conformado estos géneros tal y como ahora los entendemos son lo que nos permite entenderlos y disfrutarlos. Son todas esas estrellas idénticas que nos dejan con la boca abierta cada noche.

 

Esto es lo que significa el último disco de Junior Boys, "Big Black Coat", para la electrónica. Recurren de nuevo a las cajas de ritmo que hicieron de "It's All true" y del propio dúo de Ontario dos piezas clave de su género, vuelven a caer (con acierto) en la quintaesencia del sonido synth, homenajean a Kraftwerk en cada pasaje y retoman esa voz tan particularmente suya por aséptica e insensible.

 

 

Esa es la primera impresión del disco: impoluto y pulido como un quirófano. Pero cuando las bases se echan a un lado y las canciones alcanzan las inflexiones tan marcadas de, por ejemplo, "You Say That" todo cobra una sensualidad digna de Marvin Gaye; especialmente en temas tan delicados como "Baby Don't Hurt Me", que podría ser la evolución lógica de la Motown. Así presentada, entre dos de las pistas más histéricas ("And It's Forever" y "Love Is a Fire"), es junto con "No One's Business" de lo más destacable de un álbum muy equilibrado. La rapidez de "Over It" contrasta de la misma manera con esa especie de balada electrónica que es "C'Mon Baby", una tesitura oscilante entre el techno y el house que se prolonga hasta que "Big Black Coat" culmina el disco al demostrar que, en realidad, este es otro ejercicio de experimentación: mezcla IDM, techno, house y disco sin romper la línea marcada por la voz.

 

Desde luego, todo el álbum tiene un tono menos frenético que el del primer trabajo de Junior Boys, se atreve a conservar por completo su sonido y lo envuelve en un estilo ecléctico que, por un tono muy plano que dé al conjunto, no se traslada nunca en aburrimiento.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.