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El Guincho HiperAsia  

El Guincho

HiperAsia

Canada

5

Pop Electrónico

 

Brais Suárez

 

Puede tener una buena producción, una ambición digna de Kanye West o unos sonidos tan insólitos como los de Animal Collective, pero al escuchar “HiperAsia” es imposible no sentirse defraudado. Primero, porque parece más un experimento de marketing que un disco. No ha comenzado a venderse en formato clásico, sino en forma de wearable: pulsera con un código NFC que se escanea con el móvil y entras en una web donde con un código puedes escuchar el disco. Demasiado complicado para acabar escuchando el disco en una página web en el móvil.

 

Segundo, porque aunque las propias letras (y no solo la rueda de prensa de su presentación) reivindiquen la originalidad de sus canciones, la reminiscencias que se aprecian de pioneros como Kanye West o Drake son demasiadas y demasiado obvias; segundo, porque las similitudes con sus dos álbumes previos son más que evidentes y, último, porque todas esas alusiones musicales no dirigen a nada, lo que consigue que el disco se vuelva pesado hasta el extremo. Es cierto que está lleno de detalles que lo amenizan y que algún pasaje es capaz de albergar un interesante punto nostálgico, pero el autotune acaba saturando más que un filtro veraniego de Instagram, hasta el punto de hacer totalmente intrascendente la colaboración de la Mala Rodríguez.

 

 

Pero para adulteraciones, la profanación más dolorosa es la que desvirtúa por completo esa estética pop noventera evocada a lo largo de todo el álbum, una estética cuya poesía adolescente es digna de unas letras mucho más elaboradas e, incluso, menos estúpidas.

 

El estancamiento de diez años que “HiperAsia” manifiesta no es tan preocupante por redundar en lo ya hecho como por no mejorarlo; al menos, sí es cierto que El Guincho muestra la personalidad suficiente como para encasillarse en un género con poca representación en España, aunque lo disfrace de trap en algunos cortes.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.