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Pete Astor

Spilt milk

Fortuna Pop!

7,5

Pop

Vidal Romero

 

Dice un conocido mío que, de todos los perdedores que nos dejó la escena indie inglesa en los años ochenta, posiblemente Pete Astor sea el más entrañable. El que estuvo siempre en el lugar apropiado y en el momento justo, pero no supo conseguir que sus pequeños golpes de fortuna llegaran a cristalizar en algo más grande. Al principio, porque sus bandas (The Loft, The Weather Prophets) tenían la mala costumbre de separarse justo cuando tenían la fama al alcance de la mano. Y más tarde, porque en sus discos en solitario ha preferido siempre jugar las bazas de la extrañeza y el despiste; ha preferido ir dando saltos entre géneros, alternar tipos de producciones y recursos instrumentales radicalmente diferentes, mezclar heterónimos de naturaleza muy variada, antes que seguir el recto camino del pop pluscuamperfecto y de aire artesanal. Ese camino en el que que siempre ha conseguido sus mejores réditos, y que reveló una de sus cimas en “Songbox”, su deliciosa entrega de 2011.

 

 

Fiel a ese espíritu contradictorio, Astor vuelve a dar un golpe de timón con “Spilt milk”. Y es que, frente al pop de naturaleza íntima y delicada que cultivaba su antecesor, un pop de producción cristalina, cercano de algún modo a la música de cámara, esta nueva criatura resulta áspera y urgente. Una aspereza en la que tiene mucho que ver la producción de las canciones, que están grabadas mano a mano con el jovenzuelo James Hoare (cerebro de bandas tan entrañables como Veronica Falls, Ultimate Painting o The Proper Ornaments) en su estudio casero, y que por tanto privilegian una instrumentación espartana y destartalada, parca en arreglos y en alta fidelidad. Pero que también tiene un reflejo en las letras, que abandonan el mundo interior y recogido de “Songbox” para lanzarse de nuevo al mundo exterior –el concepto de viaje es recurrente aquí dentro-, quizás en un intento del autor por superar su entrada en la madurez (porque, hablemos claro, sólo un hombre en la madurez podría escribir una canción como “Very good lock”, que habla con humor acerca de la disfunción eréctil). Todo esto se traduce en una decena de canciones que tienen un pie en el tercer disco de The Velvet Underground (escuchen, por ejemplo, “The getting there”) y otro en el acid folk inglés más cristalino (“Really something”, “There it goes”). Dos apoyos desde los que Astor construye pequeños himnos cotidianos, tan redondos como “Mr. music” o “Perfect life”, que harán felices a sus viejos seguidores y, con un poco de suerte, le harán ganar algunos nuevos.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com