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Krisfoffer Bolander I Forgive Nothing  

Krisfoffer Bolander

I Forgive Nothing

Tapete Records

8,1

Folk

 

Brais Suárez

 

El sonido limpio de la guitarra, la voz, el acordeón de fondo, el ritmo melancólico… confirman que Krisfoffer Bolander sigue siendo el mismo genio y figura que lideraba Holmes, pero “I Forgive Nothing” va un pasito más allá.

 

Con un inicio más rotundo, más fuerte, de ritmo más decidido, “Running Man” es la tercera canción, pero la primera en engancharnos a la obra debut de Kristoffer Bolander en solitario. Quizá sea por eso mismo que también sea la primera canción de la que nos cansamos una vez dejamos que la voz de Bolander nos acaricie unas cuantas veces como el mismo gato que maúlla en la garganta de Neil Young. La melodía principal se repite en la cuarta pista, “Rooted”, que la relega a una guitarra acústica y se yergue sobre ella con seis poderosos minutos de road movie, una road movie que nos lleva realmente lejos a medida que se van incorporando la batería, un piano delicadísimo y el viento.

 

 

En este punto, el disco recupera el gancho melancólico y tan folkie de los dos primeros temas: “Duet of Tourettes”, una verdadera declaración de intenciones, y el bien escogido single “I Forgive Nothing”, donde la batería histérica se compenetra con una voz que, por muy monótona que sea, jamás podría aburrir. Y el mismo Bolander parece entenderlo, porque a partir de “Home” se alía con el órgano y se recrea en el carácter irlandés (por muy sueco que sea) que bien se le podría atribuir a Vincent McMorrow; ya sea con la suavidad acústica de canciones como “In Vain” o “The Rings Above” o con la determinación de “Starlight”. Es fácil saber que se trata de un gran disco cuando en esta recta final cada canción supera a la siguiente y solo “Outlaws” sobresale por la deriva instrumental que nos deposita con tanto cuidado en “Scale”.

 

Bolander no se arriesga, no inventa, pero sabe bien cuál es su fuerte y lo explota en forma de puro sentimiento.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.