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Frank Bretschneider Isolation  

Frank Bretschneider

Isolation

L-ne

7,5

Ambient aislacionista

Vidal Romero

  

De todos los miembros de la familia Raster-Noton, posiblemente el más interesante (al menos para un servidor) es Frank Bretschneider. Es cierto que no posee esa facilidad para formalizar conceptos al vuelo que demuestra Alva Noto, y que carece también de la habilidad para pergeñar hits improbables que tiene Byetone, pero a cambio posee un entendimiento único del ritmo, y eso le lleva a fabricar discos dotados de una belleza hipnótica y cinemática. Discos que enganchan al oyente desde el primer crujido y no lo sueltan hasta que el último bucle termina de disolverse, incluso si pertenecen a su faceta más (digamos) ambiental.

 

 

Isolation”, desde luego, dentro de ese ámbito: compuestas para que sirvieran de acompañamiento a la instalación “Zwei zellen/Hörgan bautzen II”, que reflexionaba sobre las condiciones de una prisión de la Stasi particularmente dura, las cinco piezas que contiene el disco juegan con los conceptos de aislamiento y de privación sensorial, y de cómo vivir en esas circunstancias afecta a los sentidos y provoca enfermedades como el tinitus. Sensaciones que Bretschneider intenta reflejar por medio de una paleta de sonidos básica y minimalista, compuesta por tonos puros y drones ligeramente manipulados. Frecuencias generalmente bajas, que llegan en oleadas y que se van acoplando a un ritmo pausado, alargado en el tiempo, en el que apenas sobresalen picos de intensidad. Piezas que en apariencia parecen sencillas, incluso ligeramente monótonas (algo que posiblemente busca reflejar lo lento que pasa el tiempo en una celda de aislamiento), pero que en realidad poseen un intrincado juego de capas en el plano de fondo, lo que provoca que la percepción de la música cambie en función del volumen al que se escucha. No les voy a engañar: el resultado es un disco de naturaleza claustrofóbica, un ambient de tintes aislacionistas, en el que apenas hay espacio para la luminosidad (apenas algunos destellos al final de la segunda pista, “Neon light”), y en el que no resulta fácil entrar. Pero que, precisamente por eso, refleja a la perfección esa idea de soledad extrema y desesperanzada sobre la que giraba la instalación. El horror, el horror.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com