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Justin Bieber Purpose  

Justin Bieber

Purpose

Universal

7

R&B / Pop

Antonio Bret

 

El destino del artista comercial suele ser caprichoso, moldeado, la mayoría de las veces, por factores externos que nada tienen que ver con la música, con las canciones: agentes, sello, la ambición propia del músico... Todo conforma una feria de las vanidades propia de un espectáculo vacío y muerto, máxime cuando el artista en cuestión ha ido formando su personalidad artística paralelamente a su crecimiento como individuo. Las estrellas infantiles, ya sabemos, no suelen acabar bien. Y con ''bien'' no me refiero, claro, a que sigan vendiendo discos como rosquillas, sino a que su salud mental y física siga las directrices que la OMS indica como ''adecuados''. Britney calva y con problemas más que evidentes para controlar su ira, la Aguilera y su romance con la bebida, Demi Lovato afirmando que no podía estar más de una hora sin cocaína... A Justin Bieber no se le conocen escarceos con las drogas más allá de algún que otro porro que se fuma con su padre, o eso al menos he leído por ahí por el internet, aunque tampoco se le puede señalar como un modelo de comportamiento. Normal en un joven que lo ha tenido todo desde muy pequeño: dicen por ahí que su patrimonio asciende a más de 200 millones de dólares. Más de lo que tu comunidad de vecinos podría gastarse en toda una vida, mariscada, yates y cocaína incluidos. ¿Qué harías tú si con 21 años lo tuvieses TODO? Espantadas en medios de comunicación subdesarrollados, como el programa ese de radio de Dani Mateo, palabras nefastas para con el pelirrojo de las hormiguitas parlantes, Pablo Motos; que si ahora me da por mear en el seto de un hotel; que si le tiro huevos a la fachada de su vecino; que si escupo a mis fans desde la habitación de hotel (que, si me apuran, más que una gamberrada, yo a esto lo llamo un regalo: me imagino a las quinceañeras mirando hacia arriba con la boca abierta); que si me voy en mitad de un concierto porque la gente está tirando agua... Se le está yendo al muchacho. Pero es que, repetimos, la madurez impuesta por la edad cuando todo alrededor gira en torno a ti, cuando puedes tener todo lo que quieras con un solo gesto de muñeca, pues como que cuesta. Y no le culpo. Yo seria, a lo mejor, incluso más gilipollas que él.

  

 

Ahora, con 21 años, ha decidido que, a lo mejor, ya está bien. Tiene un propósito en la vida y es que la gente se lo tome en serio. Y qué mejor golpe de efecto que intentando hacer el mejor disco posible que no se pudiese esperar de él, manufacturador de inocuas baladas R&B y medios tiempos de funky pegadizo para todos los públicos. Todo empezó con esa juntiña llamada Jack Ü, o lo que es lo mismo, la dupla Skrillex y Diplo y esa canción que desestabilizó el cimiento de los prejuicios que algunos tenían con él: “Where are Ü Know” es un autentico temazo propio de 2015, con esos graves bombásticos, esos aires orientales y esos requiebros rítmicos que te descolocan y que, escucha tras escucha, se siguen revelando frescos y salvajes. No, en serio, no estoy describiendo un anuncio de colonias: es que con ese tema, Justin Bieber se rebeló como lo que nadie quería ver, hasta ahora: un tío inquieto con ganas de hacer cosas atractivas más allá de "vente-a-mi-camerino-que-te-quiero-sobar-las-tetas". El camino estaba allanado para lo que sería la producción maestra de “Purpose”, el cuarto disco del imberbe canadiense. “Dame más mierda de esta", pensó Justin Bieber. “Por favor, dame cosas de estas oscuras, dame seriedad, dame vulnerabilidad, quiero mostrarme humano, quiero que me tomen en serio, sí, he hecho cosas malas en el pasado, pero, ante todo, soy un artista”. Y vaya si se lo han dado. Con creces.

 

 

“What do U Mean” ya era otra cosa: un medio tiempo con más groove que toda su discografía anterior, con un aire tropical con flautitas muy del estilo de Kygo y con un estribillo irresistible. Aunque aún no preveía lo que vendría después, una de las mejores canciones que haya compuesto nunca Bieber: “Sorry”. Con producción de Skrillex, es la canción que mejor define al nuevo Bieber o, al menos una parte de él: en la estela de “Lean On” de Major Lazer, “Sorry” discurre por un magnético sampleado de voces femeninas, rematado por una percusión reggaetonera y unos graves cavernosos muy propios del dueño y señor del dubstep. Pero este segundo single aún no preveía lo que vendría después.

 

 

Y llegó “Purpose” por fin, en edición normal, 13 cortes, no me sean ansiosos. “Mark My Words”, el corte con el que inaugura su trabajo, no es nada del otro mundo, aunque tremendamente elegante: sampleado de voces con pretensiones de intro que pasa rápido y a continúa en el primer WOW del álbum, un “I'll Show You” que nadie esperaba. Cuando Abel Tesfaye aka The Weeknd quiere ser Justin Bieber (tampoco nos pasemos, digamos que quiere tener el dinero que tiene Bieber y llegar a la gente que quiere llegar Bieber) con su nuevo disco, el comercial pero efectivo “Beauty Behind the Madness”, Justin Bieber quiere ser Abel Tesfaye o, mejor dicho, The Weeknd. Curioso el paralelismo a la inversa que han tenido estos dos artistas: uno que tuvo, desde el principio, la gloria del crítico pero la espalda del público y el otro, que agotaba entradas en conciertos de estadio pero que la crítica ninguneaba. “I'll Show You” es la primera muestra del disco de que Justin Bieber puede hacer cosas de adulto, con una interpretación majestuosa, unos sintes afilados que se desparraman por el estribillo y una cadencia de voz que embelesa y engatusa. Más tarde, las ya citadas “What Do You Mean” y “Sorry” hacen salivar al más descreído. Es cuando, entonces, llega el primer bajón, una canción, además, que no casa bien con el resto, como si estuviese incluida por imperativos comerciales (no nos cabe duda): “Love Yourself” es una inocua balada coescrita con Ed Sheeran que solo sirve para demostrar las actitudes vocales del ex-querubín, que no es poco. A fuerza de escucharla gusta, pero el orden en el que está colocada es bien extraño. Las cuatro que vienen oscilan entre el porno-soul a la Weeknd de “No Sense”, con una de las mejores producciones del año por parte de Soundz, un medio tiempo y una lúbrica balada R&B por las que Justin Timberlake mataría si tuviese, de nuevo, 20 años, “Company” y “No Pressure” colaboración de Big Sean incluida; la sorpresa que significa “The Feeling”, con un estribillo glorioso, cantado por la desconocida Halsey, con un sentido de la épica romántica contenida del que tendría que aprender mucho la, en demasiadas ocasiones, histriónica Sia. El tramo final del disco es desconcertante: si bien ese (pretendido) himno EDM que aboga por los niños, “Children”, es tremendamente efectivo, “Life is Worth Living” y “Purpose” suponen un regreso a los baladones inofensivos que pergeñaba cuando le daba por mearse en tiestos: supongo que es el precio que ha de pagar de cara a su sello, el salvavidas comercial que pudiese hacer que “Purpose” se librase del desastre comercial. Por ahí en medio queda la ya archiconocida “Where are Ü Know”, quedando un final cojo, deslavazado e impropio de un bloque compacto y con solidez.

 

 

¿Es “Purpose” el mejor disco que podría hacer, a día de hoy, Justin Bieber? No lo sabemos. Lo que sí podemos decir es que ha conseguido lo imposible: que gente que se reía de él hace nada, ahora se descubre afirmando que, oye, lo que está haciendo no está nada mal. Y sin vergüenza, y sin pensar en el qué dirán. Ahora, además de a las quinceañeras, ha conquistado a un buen puñado de treintañeros que aguardan, impacientes, los nuevos movimientos del niñato Bieber. Ha conseguido, sin quererlo, lanzar el mejor disco de The Weeknd de 2015, sin ser él nada de eso.

 

Antonio Bret

Nacido hace 36 años en el sur de España, Antonio Bret estudia producción de cine y TV pero se dedica, durante dos años, a contar historias de copleros en “Se llama Copla” de Canal Sur. Cinéfago y heterosexual solo de cintura para abajo, es fan de Lucio Fulci, David Cronenberg, Hayao Miyazaki y Mónica Naranjo. También es adicto a los one hit wonders de los 80 y el porno de los 70. Rechaza la depilación púbica y quiere abrazar, un día, a Phil Collins