Menu
Arca Mutant  

Arca

Mutant

Mute

8,7

Electrónica

 

Brais Suárez

 

Los títulos de estas 20 pistas son un buen resumen del mundo inexplorado, casi extraterrestre, que Arca evoca. Un mundo umbilical, mutante, habitado por serpientes, sirenas y alimañas, pero no por ello carente de los sentimientos más humanos, desde la vanidad y la furia hasta la gratitud y el pecado. Son 20 himnos cuya cohesión se encuentra en una oscuridad sólida y artificial, en bases lentas asaltadas por auténtica artillería sideral que se va dulcificando a manos de sonidos más humanos y ritmos más desérticos.

 

 

Desde el principio, con “Alive”, se escuchan los latidos indiscutiblemente vivos de quien emprende una misión, de quien está a punto de descubrir algo. Ese algo es el propio sonido, unos rugidos que en “Mutant” se convierten en la confusión de quien efectivamente está en un entorno turbador, amenazador. Aunque es también hacia el final de esta segunda pista que se produce una transición maravillosa, delicada, en la que la cuerda nos devuelve un poso humano que sigue latente bajo las estridencias de “Vanity” o la violencia machacante de “Sinner”, toda una lucha ante un octavo pasajero terrorífico. El grito inicial de “Anger” dice bastante de esta lucha y abre un escenario diferente, en el que la melodía se adueña de una distorsión igualmente metalúrgica.

 

 

“Sever” da un giro de esperanza y entre esa oscurísima tesitura del principio y este nuevo colorido será como se desarrolle el resto de la misión, bajo la pauta de principios pausados que se alteran a medida que una elegante gama de sonidos se van superponiendo y dibujando los matices del universo sonoro diseñado por Arca. “Snakes” repta hacia el suspense de “Else”. “Umbilical” utiliza como base una voz casi humana y, cuando parece que el disco, de tan desconcertante, va a conseguir dejarnos sin sentido, “Hymn” lo suaviza todo, apacigua a la bestia, coloniza la oscuridad.

 

 

En esos contrastes se mueve Arca, entre graves gravísimos y agudos estridentes, entre abismos desalentadores y planicies suaves, acogedoras. Su virtud es mostrarnos el mínimo resquicio de felicidad, pero siempre suficiente para que nos podamos agarrar a la esperanza y nos enganchemos a esta aventura sonora, tan arriesgada como reveladora. Es cierto que la apuesta, por muy fuerte que sea, no es pretexto que fundamente un resultado desconcertante e incoherente, pero Arca consigue su objetivo. Inquieta, sorprende, conmueve… Se despliega sin prisas a lo largo de más de una hora que se culmina con “Soichiro” y cierra así, con los achaques electrónicos del principio, el círculo que canciones como “En”, “Extent” o “Faggot” alimentan con su locuaz armonía. “Peonies” es el resultado de haber domesticado a la bestia sonora que se retrata en la portada. La paz vuelve a llegar con la cuerda y una percusión finísima, lenta, de terciopelo.

 

“Mutant” es, en fin, el proceso mediante el que la música amansa a la música, en el que una electrónica salvaje, sexual y natural se va redimiendo ante ritmos más suaves y piadosos con el oído humano. La virtud reside en cómo expresar esa progresión a través de constantes contrastes, en cómo armonizar semejante amalgama de ritmos y sonidos bajo una línea que se podría considerar temática.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.