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The Telescopes Hidden fields  

The Telescopes

Hidden fields

Tapete Records

7,5

Psicodelia

Vidal Romero

 

De todas las bandas de finales de los ochenta que todavía no han sido arrastradas por la vorágine del revivalismo y la retromanía (con la consiguiente gira triunfal por festivales trendy y los reportajes laudatorios en las revistas hipsters), pocas hay que se lo merezcan tanto como The Telescopes, un quinteto formado en la ciudad inglesa de Burton-upon-Trent, alrededor de la figura de Stephen Lawrie. Que nadie haya promovido aún su rescate obedece (sobre todo) a dos razones. La primera, que a pesar de sus evidentes cualidades, la banda nunca gozó del don de la oportunidad: su primer disco, “Taste” (89), una estupenda colección de canciones pop enterradas bajo gruesas capas de ruido, llegó demasiado pronto, mucho antes de que el shoegaze estallara en Inglaterra. El segundo, “The Telescopes” (92), un brillantísimo ejercicio de psicodelia entre eléctrica y pastoral, llegó demasiado tarde, cuando en las islas ya se estaba fraguando la transición hacia el brit pop –nota para los interesados: existen reediciones de ambos discos, en sellos tan poco sospechosos de veleidad como BOMP! o Rev-Ola–.

  

 

  

La segunda razón es que, en realidad, la banda sólo desapareció durante un breve lapso de tiempo, a finales de los noventa, mientras Lawrie probaba suerte con Unisex, un proyecto más cercano a la electrónica. Desde entonces, The Telescopes ha publicado media decena de discos y un puñado de singles, que exploraban una psicodelia de superficies líquidas y largos desarrollos climáticos; grabaciones densas y complejas, dirigidas a los seguidores más radicales del género antes que a los indies de a pie. Una manera de hacer de la que se aleja “Hidden fields”, octavo larga duración del proyecto (grabaciones en directo aparte) y el primero en mucho tiempo que rescata el formato canción, al menos en parte.

  

Y digo lo de al menos en parte porque los cinco cortes que contiene el disco llegan bañados en una nube de distorsión y de ruidos alienígenas. Una tectónica de nubes eléctricas y chirridos punzantes que igual recuerda a los mejores momentos de “Taste” –es el caso del primer corte, “You know the way”, con esas voces enterradas al fondo de la mezcla-, que se deja caer en una piscina de drones perturbadores y pulsos rítmicos a baja velocidad, que no habría desentonado en algún viejo disco de Spacemen 3: la muy hipnótica y muy bien titulada “Absence”. “In every sense”, con sus ecos a The Jesus & Mary Chain, es una muestra más de que Lawrie está dispuesto a bajar de las nubes para volver a pisar terreno conocido (por mucho que siempre hayan defendido, y perdonen el chiste, que “There is no floor”), y que sigue siendo capaz de dominar los resortes de la alquimia entre ruido y melodía, como confirma la muy afilada “Don’t bring me round”. Eso sí, son los quince minutos de “The living things”, un mantra repetitivo  y de propiedades hipnóticas, los que demuestran el buen estado de forma que The Telescopes siguen manteniendo, treinta años después de sus primeros pasos. Reivindicación ya.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com