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Little Boots Working girl  

Little Boots

Working girl

On Repeat Records

7

Pop

Virginia Arroyo

 

Ay, Victoria, no sé qué decirte, hija. Que igual que te dije que te podías haber dado más prisa en sacar tu segundo disco te digo ahora que no hubiera pasado nada por dejar macerando un poquito este tercero. Que las prisas no son buenas. Que te entiendo, que todo va muy deprisa y quien no publica cada año deja de existir. Es agotador ser una working girl, ser una eterna promesa, lo sé. Pero me temo que éste no es el golpe sobre la mesa que lo va a cambiar todo. En la generación de mi madre y de la tuya decían que más vale hacerse de rogar. También decían muchas tonterías. Pero, claro, ellas no eran working girls como tú y como yo.

 

 

Seguramente yo habría hecho lo mismo: tras el subidón de que dejaran de compararte con la facilona de la Gaga gracias a “Nocturnes”, necesitabas revalidar el título, demostrar que no era coincidencia y que la iluminación house que guiaba tus nuevos pasos era fuerte y duradera. Pero hace falta algo más que adrenalina y cojones para que te concedan por fin esa medalla que se te escapa. Te lo digo desde un amor casi maternal, desde la confianza de la amiga que te susurra que tienes un moco, del profe cabrón que te aprieta las tuercas porque sabe que puedes dar más. Vamos, que este disco iba para 9 y se te ha quedado en un 7 pelado, y eso porque te quiero.

 

No me malinterpretes. La idea era buena: montar un disco casi conceptual en torno a la mujer trabajadora y sus tribulaciones, seguir en la estela housera que hizo que te tomaran en serio, meterle esos tintes disco que tanto te gustan, dejarte querer todavía un poquitín por el synth-pop ochentero… Aquí hay espíritu y talento, lo que ha fallado ha sido la toma decisiones: cambiar a Ford por Shaw de Simian Mobile Disco en la producción, no saber meter la tijera (especialmente después del interludio) y dejar el conjunto tan formalmente remono y cohesionado que le falta un poco de sangre, algo que rompa, que destaque.

 

 

La crítica aplaudirá tu descafeinamiento (véase la muy aclamada y un poquitín soporífera “Help too”), pero para ellos sólo eres un entretenimiento, una estrella fugaz, un evento del que decir “yo estuve allí”. Vamos, Victoria, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal. Lánzate, súbete los bajos de “No pressure”, acaba de desmelenar la sección rítmica de “Heroine” y elévala a ese pódium que le corresponde entre Disclosure y la Madonna de “Vogue”, dale rienda suelta a los sintes deep-houseros de “No pressure” y “Working girl” (la canción). Dale, joder. Atrévete a molarte de verdad. Sin humildad, sin cortapisas. A bailar con taconazos y ronchas de sudor. Créetelo de una vez. Te lo has ganado.

 

Virginia Arroyo

Desde que se sacudiera al ritmo de "True Blue" agarrada a los barrotes de su cuna, quedaron claras dos cosas: que Virginia Arroyo nunca sería una gran bailarina y que su futuro pasaría de una manera u otra por la música. En el shuffle de su iPod te puede sorprender perfectamente Britney Spears entre los temas de Foals, Four Tet, Lindstrøm o Boards of Canada, y lo peor de todo es que en lugar de sonrojarse probablemente se pondrá a bailar y cantar como una loca. Ahora, tras colaborar en diversos medios musicales como Go Mag, Mondosonoro, Neo2, H Magazine o Calle20, aterriza en Blisstopic con todo el empeño y la ilusión de alcanzar cuanto antes esa soñada blisstopia.