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George Fitzgerald  

George Fitzgerald

Fading love

Six Double / Domino

7

Pop electrónico

Vidal Romero

 

Al londinense George Fitzgerald siempre le ha sucedido que era mejor artesano que inventor, un tipo del que nadie esperaba que abriera nuevos caminos o se aventurara por mares desconocidos, pero que sabía manejar bien el timón, que aprovechaba la estela de otros artistas para facturar temas tan efectivos como bien producidos. Comenzó su carrera a principios de década, con varios maxis en los que vampirizaba con gracia el estilo de Joy Orbison; ese post-dubstep emocional, espolvoreado con ritmos cercanos al house, samples de divas y atmósferas densas como un puré de verduras. Mimbres que ha seguido utilizando a lo largo de los años, aunque refinando el estilo para acercarse cada vez más hacia las pistas de baile. Con tanto éxito, de hecho, que ha terminado por dar forma a pequeños himnos; temas como “Child” o “I can tell (by the way you move)”, capaces de hacer vibrar las pistas de baile, tanto en los clubes de Berlín (es un habitual en la cabina de Berghain) como en los de Ibiza.

 

Fue precisamente durante una semana que pasó en la isla hace dos años, días en los que se le acumularon las pinchadas y los excesos, cuando Fitzgerald tuvo una epifanía y se dio cuenta de que estaba “alienado por esa sucesión de discos de EDM unidimensional que sonaban sin cesar en los clubes”; por el hecho de que “todo el mundo que estaba allí se tomaba una pastilla, se dejaba llevar y, al día siguiente, volvía a su vida como si nada”. A él, que esta rutina de crápula le estaba costando acabar con su relación sentimental, ese “retorno a la realidad” no le sentaba tan bien, así que decidió que era el momento de exorcizar esos demonios y de recuperar de algún modo el timón de su vida (una historia, por cierto, que no es la primera vez que nos cuentan).

 

 

El fruto de todo ese proceso es un disco de título revelador, “Falling love”, cuya concepción y contenido supone un giro radical dentro del estilo de nuestro hombre. No porque haya cambiado los mimbres de los que hablábamos más arriba –de hecho los recortes vocales, los ritmos house con síncopa y las melodías de tinte épico siguen estando ahí-, sino porque ha modificado las herramientas (ha cambiado el ordenador por sintes y cajas de ritmos), ha reducido la velocidad para trabajar los tiempos medios y ha fichado a dos cantantes, Oliver Bayston (de Boxed In) y el desconocido Lawrence Hart, para que pusieran letra y voz a su triste historia de desamor y renacimiento. Una operación en la que, una vez más, Fitzgerald sigue una senda abierta por otros –James Blake o Mount Kimbie ya habían pasado por aquí mucho antes, y habían comprendido que el soul era la herramienta más apropiada para “humanizar” un género que tiene mucho de sintético-, pero añadiendo su particular habilidad para construir hits y maximizar resultados. No en vano, el disco está salpicado por caballos ganadores como “Full circle” o “Crystallise”; temas que vienen acompañados de hábiles instrumentales (“Knife to the heart”, “Your two faces”) y de algún momento preñado de melancolía –“(Call it love) if you want to”, “Beginning at the end”-, que aportan al conjunto equilibrio y variedad. Y sin embargo, a pesar de todas esas virtudes, uno termina de escuchar “Falling love” y siente que algo no encaja; que hay un velo de impostura que sobrevuela las canciones, restanado sinceridad a ese (supuesto) carácter confesional que Fitzgerald nos está vendiendo. Lo que convierte a este disco en un excelente producto de temporada, pero que difícilmente perdurará en el tiempo.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com