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Manyfingers  

Manyfingers

The spectacular nowhere

Ici D’ailleurs

8,5

Minimalismo

Vidal Romero

 

Demasiado clásico y raro para la gente del rock, demasiado electrónico para la gente del indie, demasiado rockero para la gente de la electrónica: el gran problema de Chris Cole, aka Manyfingers, es que su propuesta ha resultado siempre tan personal y atípica que no terminaba de encajar en ningún sitio. Tampoco es algo que parezca importarle demasiado; “The spectacular nowhere”, su tercer disco largo (y cuyo título, me gustaría pensar, es un guiño a esa falta de terreno firme que hay bajo sus pies), llega casi diez años después del segundo, el también brillante “Our worn shadow” (06). Un tiempo que nuestro hombre ha dedicado a tocar con sus amigotes (o sea, Matt Elliott, la gente de Numbers Not Names y el entorno de los desaparecidos Hood) y a buscar aliados con los que enriquecer su particular manera de entender la música. Una manera de hacer en la que todavía hay espacio para los castillos de loops y las estructuras que hacen de la repetición bandera, pero que cada vez tiene menos que ver con la electrónica o el post rock; antes bien, nuestro hombre prefiere articular visiones minimalistas apegadas a la tradición del género, con profusión de instrumentos acústicos, recursos propios de la música concreta y guiños al folklore mediterráneo.

 

manyfingers-live

 

Así, el disco se abre con “Ode to Louis Thomas Hardin”, un nada disimulado homenaje a Moondog que no habría desentonado en el último disco de Hobocombo, y que fija a la perfección el espíritu de un álbum repleto de citas ocultas: por ejemplo, los juegos con instrumentos de metal, a lo Philip Glass, que contiene “Le problème de Charbon”, o esa manera de estructurar las capas de percusión, tan propia de Steve Reich, que se respira en “70”. Citas que alcanzan por otro lado a su compadre Matt Elliott (“It’s all become hysterical” tiene ese aire a canción portuaria decadente que tanto le gusta al de Bristol) y que, como decía más arriba, también miran hacia la música concreta (los experimentos con micrófonos de contacto en “No real men”) y hacia sonidos más apegados al mediterráneo: ahí están “The spectacular nowhere”, una miniatura con cuerdas arracimadas en la que resuenan ecos del folklore húngaro y los aires entre aflamencados y cabareteros de “Triplets” para demostrarlo. Todo eso cabe en un disco en el que quizás lo más sorprendente sea la recuperación de David Callahan en varios temas. Una recuperación que no es tan sorprendente en cuanto a razones estilo (Moonshake, la banda a la que perteneció Callahan en los noventa, es una influencia muy clara en la música de Cole), sino por el hecho de que el músico inglés llevaba casi veinte años en el retiro. Eso sí, canciones tan buenas como “The dump pickers of Rainham” o “70”, a las que aporta su particular fraseo y su habilidad para construir pequeñas fábulas repletas de cinismo e ironía, demuestran que no ha perdido la forma en absoluto. De hecho, su presencia hace subir puntos a “The spectacular nowhere”, un disco melancólico y nocturno, repleto de arreglos meticulosos y de detalles encantadores, que se crece en cada escucha y que, una vez más, resulta muy difícil de clasificar. Algo de lo que Cole, pueden estar seguros, se siente muy orgulloso.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com