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East India Youth

Culture of volume

XL Recordings

6,7

Electrónica melancólica

Albert Fernández 

 

William Doyle vive una vida tangente a la perfección. El músico de Bournemouth vuelca su sensibilidad en trazos de sampler, fraseos grandilocuentes y paisajismos sonoros electrificados, que buscan siempre los cielos y la más alta evocación. Desde que reinventara su rol musical, alejándose de aquella primera banda indie, Doyle And The Fourfathers, para convertirse en East India Youth, las cosas no han dejado de irle bien: la bonhomía del debut firmado con su alter-ego electrónico, "Total strife forever", generó suficientes simpatías y críticas favorables a su alrededor como para que su carrera como arquitecto de canciones y nuevo divo del pop electrónico quedara bien avalada. Recibir el Mercury Prize a mejor álbum de 2014 construyó un verdadero trampolín bajo sus pies. 

 

Este veinteañero ha tocado la gloria con la punta de los dedos, y no piensa perder el tiempo. Antes que encantarse con lo bien que le ha ido en sus primeros derroteros como artista sintético, Doyle se ha puesto manos a la obra con tanta prisa y ahínco, que tan pronto como ya nos entrega "Culture of volume", un disco continuista, entusiasta y alterado, hecho de miles de hebras experimentales pasadas por un rayador amable. 

 

El satén crepitante del álbum se abre con el telón misterioso de "The juddering", un crecimiento de estática expectante, que satura las orejas y las neuronas en su espectacular llegada. Esa tormenta de efectos espectral amaina y reverdece con "End result", una pieza mucho más pop y sencilla, que nos da la mano y logra lo que pretende: conquistarnos con tonos afables y ligeros. La belleza de su estribillo, y la capacidad de crecimiento de la canción, que desemboca en una cola etérea y hermosa, son algunos de los primeros aciertos de un disco que, a base de meandros tortuosos y variaciones de pulso e idea, acaba resultando algo más ensortijado de lo necesario. 

 

 

 

"Beaming white" alcanza una belleza albugínea, pura, y se entrega a cadencias rítmicas alternantes, en una canción que respira innegablemente los elevados vapores de Pet Shop Boys, y que, en algunas de sus agudas y cósmicas segundas voces, se vuelve un poco como un canto gregoriano moderno, emotivo y arrebatado. La honda respiración que propone "Turn away" se eleva por encima de colinas de sentimientos, y prende todas las antorchas de la melancolía a su paso. Con tan solo unos pocos elementos, East Indian Youth logra hacernos viajar lejos: las voces suenan como un satén estremecedor, las bases y percusiones agitan cuando hace falta, y remiten cuando se vuelven innecesarias, y las líneas de melodía de sintetizadores y samples acomodan siempre el oído en el escenario más sugerente. 

 

Los ecos de Brian Eno y esa pátina de perfeccionismo se extienden por todo el cancionero, pero, en su deambular por el dolor artificial y la apertura de caudales creativos, Doyle acaba por dejar alguna herida abierta. Sus abstracciones del músico le llevan a abandonarse desmedidamente al eclecticismo y, a medida que el cancionero avanza, las alternativas acaban viéndose como dudas, por lo que al final no nos queda del todo claro si el chico quiere ser Rufus Wainwright, Depeche Mode, Pet Shop Boys o Scott Walker. La contundencia techno de "Entirety" golpea sin sutileza a mitad del miasma de sonidos leves, y desde aquí la escucha se complica un tanto, con pasajes abisales, de una oscuridad tremenda, y rodillas clavadas hasta el centro del romanticismo, en cortes tan pomposos como "Carousel" o "Manner of words"

 

Pero no pasa nada, entendemos el vértigo, los gestos abruptos, la necesidad de giros y sobresaltos impresionantes. Todo responde a una inquietud por crecer, por agradar, y en esa experimentación entra el error. Al fin y al cabo, William Doyle ya sabe lo que es tocar la gloria con la punta de los dedos. Ahora la quiere agarrar bien fuerte con toda la mano, y no soltarla jamás. 

 
 
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com