Menu
bjork  

Björk

Vulnicura

One Little Indian

7,8

Pop / Electrónica

 

Brais Suárez

 

La voz de ángel de Björk permite intuir su condición indefinible. Su música no es ni masculina ni femenina, ni macho ni hembra, sino de un género propio y único.

 

Dicho así no suena mal, pero la extravagancia, además de arriesgada, puede salir muy cara, y es entre esa frontera entre lo innovador y lo incomprensible por donde se tambalea este “Vulnicura”. Por las imágenes que transmite bien podría estar rodado por Lars Von Trier y, al igual que en sus películas, es necesario acostumbrarse a sus rugidos, a sus oscuridades, a sus asonancias e incluso al acento de ese inglés abrupto y contundente. Es necesario descifrarlo desde dentro, separar la cuerda delicada que sostiene las melodías mediante violines y contrabajos de los estallidos electrónicos que retumban con la fuerza de un ejército y dotan a todo el disco de suspense y misterio durante las seis primeras pistas. Al menos, las letras, lejos de ese espectro etéreo que suelen arrastrar, sí son palpables, concisas y dolidas como la ruptura que germinó el disco.

 

Hay que soportar luego esa especie de vendaval que recorre “Atom Dance” y, entonces, una vez se supera, acostumbrados también a la voz como único elemento coherente del disco, las tres últimas canciones de “Vulnicura” se precipitan en un final que no se sabe si viene del espacio exterior, del fondo helado de un océano o de una alucinación nocturna fruto del insomnio.

 

Lo que sí es cierto es que, ya sea por gusto o como un reto, cuando se desvanecen los últimos violines de “Quicksand”, hay algo que incita a volver a acunarse con “Stonemilker”, que incluso parece lógica y tradicional. Será más fácil también relajarse con “Lionsong” y disfrutar la rareza de “History of Touches”.

  

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.