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Les-Sins  

Les Sins

Michael

Company

6,5

House

Vidal Romero

 

Vaya por delante que a mi Toro i Moi nunca ha convencido demasiado. Siempre me ha dado la impresión de que Chaz Bundick, el cerebro y manos que hay detrás del proyecto, estaba más pendiente del decorado que en el fondo, que le preocupaba más la manera en la que debía vestir sus canciones que la calidad de éstas. Una debilidad que se hizo patente desde su primer disco, un “Causers of this” (10) que camuflaba su falta de ideas detrás de una nube de sonido nebuloso y deshilachado –un problema habitual, por otro lado, entre muchos de los artistas asociadas a la etiqueta “chillwave”-, y que no se ha conseguido sacudir de encima. Y es que, si “Underneath the pine” (11) sonaba como unos Stereolab producidos desde la óptica de Fleetwood Mac (y eso que contenía alguna gran canción, como “New beat”), “Anything in return” (13) añadía a la mezcla grasaza de r’n’b de segunda mano. Ni siquiera sus apuestas más cercanas al club han llegado a funcionar, como demuestra la saltarina “Freaking out”, una canción demasiado blandita, inapropiada para la pista de baile: música electrónica para indies a los que realmente no les interesa la música electrónica.

 

Y sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, también tengo que reconocer que el otro proyecto de Bundick, Les Sins, siempre me ha gustado. Y la razón tiene mucho que ver con la manera en la que nuestro hombre se acerca a este otro proyecto: con toda libertad que se echa de menos en Toro i Moi; con más frescura y alegría, con una producción mucho menos abigarrada. Su primer single, el estupendo “Lina” (10), saqueaba el legado de los primeros Daft Punk sin ningún tipo de sonrojo, y ahí sigue, tan brillante como el primer día. Y lo mismo se puede decir de los (escasos) maxis que han venido después, que iban añadiendo ingredientes a la pócima, pero sin perder de vista la máxima principal: que los pies debían ir por delante de la cabeza.

 

 

Lo que ya resulta más extraño es que, dada la naturaleza que Les Sins había mostrado hasta ahora (pocos golpes, pero muy precisos), Bundick se haya atrevido a dar el salto al formato largo. De hecho, el gran problema de “Michael” es el más común entre los discos de música electrónica: está repleto de temas buenos pero carece de un hilo conductor; parece antes una colección de singles que un artefacto con un inicio, un nudo y un desenlace. Algo que no es necesariamente malo, pero que teniendo en cuenta el gusto del productor norteamericano por el exceso y la pirotecnia, si puede llegar a resultar cansino. Y es una pena, porque cortes como la inicial “Talk about”, que crece alrededor de un sample vocal recortado y un ritmo seco y crudo, para luego estallar con un fogonazo de luz sintética, marcan un camino más que interesante; el mismo que recorren “Call” o la estupenda “Bother”, quizás el mejor tema del lote. También brillan “Toy” o “Drop“, dos canciones que comparten ese imaginario fracturado y colorista que tanto gusta a Caribou y Four Tet (influencias confesadas por el autor y muy reconocibles), o ese acercamiento al house con tintes soulful de Junior Boys que es “Sticky”. Lástima entonces de piezas como “Bellow” o “Why” (ésta última con la colaboración vocal de Nate Salman), que se acercan en exceso al imaginario de Toro i Moi. Sin esas dos canciones y con un poco más de mimo en el tracklist, “Michael” podría haber sido un disco sobresaliente. Tal y como está, en cambio, se queda en un disco más que decente, que se disfruta mejor en pequeñas dosis.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com