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A Winged Victory For The Sullen

Atomos

Erased Tapes

8,5

Neoclásica

Vidal Romero

 

El primer disco de A Winged Victory For The Sullen fue una de las mejores cosas que le sucedieron a la neoclásica en el año 2011; una especie de superproyecto –si es que esa definición es posible en un género como este- en el que se juntaban los talentos de Adam Wiltzie (Stars Of The Lid, The Dead Texan, Sleepingdog) y Dustin O’Halloran en prodigiosa armonía. El primero ponía sobre el tapete su particular alquimia sonora; esa inimitable forma de mezclar ambient, post rock y música contemporánea sin que ninguno de los elementos sobresalga por encima de los otros. Y el segundo se ocupaba del piano, un instrumento del que arrancaba frases impresionistas, cargadas de melancolía, en las que los silencios tenían tanta importancia como las escasas notas que llegaban a sonar. Y entre los dos daban forma a un disco que era mucho más que la suma de sus partes; un disco repleto de tempos casi estáticos, de masas de sonido frías como el hielo, que parecían moverse con la solemnidad de un iceberg; de atmósferas de aire fúnebre y cuerdas al borde de la descomposición. Un disco de belleza irreal, que en principio no iba a tener continuación.

 

Así que hay que agradecer a la buena fortuna que el coreógrafo Wayne McGregor (responsable del Royal Ballet inglés), embrujado por aquel puñado de composiciones, decidiera encargar a la pareja la banda sonora para su nueva obra. El resultado, “Atomos”, arranca con el sonido de un órgano manipulado hasta conseguir que se congelen sus bordes; un órgano de carácter sobrenatural, que parece flotar inmóvil en el espacio, ajeno al devenir del tiempo. Es una introducción que de algún modo sirve de puente hacia aquel primer disco, pero que a mitad de la pieza se diluye para dar paso a un motivo de cuerdas de aire sinfónico que casi se puede tararear. Una voluntad melódica inédita en la pareja, que se traslada a las once piezas en las que se divide la obra. Piezas que rozan el ambiente cinematográfico, que se apoyan en figuras de piano tan tristes como bonitas, y que en general confinan los drones y las atmósferas abstractas al plano de fondo, quitándoles el papel protagonista que hasta ahora poseían. “Atomos” carece, por tanto, del carácter amniótico de su predecesor; es una criatura mucho más terrenal y romántica. Dos cualidades que posiblemente tengan que ver con el destino para el que fue creada –un acompañamiento sonoro para que un grupo de personas pueda trazar sus líneas de baile–, y que no son necesariamente negativas. Antes bien, contribuyen a hacer más accesible el trabajo de A Winged Victory For The Sullen; lo acercan a terrenos como el de las bandas sonoras y el de los teatros clásicos, en los quepuede dar mucho juego. Ojalá que no tardemos mucho tiempo en verlo.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com