Menu
weezer-everything-1  

Weezer

Everything Will Be Alright in the End

Republic

7,1

Power Pop

Milo J. Krmpotic'

 

Veintidós años y diez discos después, a Weezer cabe reconocerle una doble virtud: la capacidad de reinventarse y la habilidad para, desde un grado de acierto diverso, jamás aburrir al respetable. En su trabajo de lema más largo hasta la fecha (los primeros ocho se limitaron a una sola palabra –tres de ellos siendo homónimos– y las cuatro que presidieron el noveno, “Death to False Metal”, bien podrían justificar tal exuberancia en su condición de recopilación de inéditos), no obstante, la sorpresa radica en la falta de sorpresas. O, cuando menos, en la repetición de una de ellas, la inicial, a través de la recuperación del productor del “Blue Album” y de “Pinkerton”, Ric Ocasek, y la doble declaración de intenciones que Rivers Cuomo acomete en el primer single del trabajo, “Back to the Shack”: por un lado, adiós a las rarezas y los experimentos [I thought I'd get a new audience, I forgot that disco sucks / (…) Maybe I should play the lead guitar and Pat should play the drums”] y, tras una mención a ese primordial 1994 de su debut discográfico (porque “nostalgia” parece ser el segundo nombre del amigo), aceptar lo que el destino tenga a bien ofrecerle como contrapartida a su retorno a la senda de la sinceridad: “We belong in the rock world / There is so much left to do / If we die in obscurity, oh well / At least we raised some hell”. Y es que no cabe olvidar que, por más fama que haya adquirido con el paso del tiempo, “Pinkerton” fue en su día un fracaso comercial y tardó todo un lustro en encontrar sucesor.

 

 

“Everything Will Be Alright in the End”, pues –no nos dejemos distraer por la grabación materna que inaugura la función–, parece la típica promesa que uno se hace a sí mismo desde una cierta dosis de pensamiento ilusorio. ¿Por qué? Pues porque, con o sin Ric Ocasek, con o sin retorno a un sonido más rugoso, el disco mantiene una por una las constantes de cada uno de sus predecesores (y, de últimas, los designios del público suelen obedecer antes al más caprichoso azar que a las virtudes del empeño de turno): tres o cuatro o cinco temas notables por su urgencia (“Eulogy for a Rock Band”), sus puentes entre desvergonzados e irreprochables (“Foolish Father”: el referente paterno es recurrente), sus solos épicos (“The British Are Coming”), su genio melódico (“Cleopatra”) y sus guiños al pop de la más vieja escuela (“Go Away”, con Bethany “Best Coast” Cosentino como voz invitada), frente a otros tres o cuatro o cinco que, aunque correctos, se agotan en sí mismos tras apenas un par de escuchas. El añadido final de “The Futurescope Trilogy”, pieza con dos actos instrumentales y uno central cantado, supone una guinda dramática para un álbum claramente descompensado en favor de su segunda mitad, que reconocemos por encima de la media en la que se venía moviendo la banda pero que sólo resultará verdaderamente vital para el weezerita anclado en los 1990.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com