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Bear In Heaven

Time is over one day old 

Dead Oceans

7,7
Weird pop

Albert Fernández 

 

Si hay algo que me ha gustado siempre de Bear In Heaven, eso es su intensidad. Hasta el más distraído sabrá que hay una miríada de aspectos arrolladores en torno al trío de Jon Philpot, porque estos chicos lo mismo se entregan a un levantamiento de neuronas psicodélico, que a las melodías más mortecinas y crepusculares, o a una oleada electrónica vibrante, de las que no deja pie con zapato. 
 
Pero si hay una característica que nunca han perdido estos músicos de Brooklyn, un parámetro que permanece como constante en sus 10 años de creación, ese es el grado de fuerza de su expresión musical, la magnitud evocadora de sus composiciones, el orden natural de entrega que dedican a cada composición, y la traducción inmediata en filias anímicas por parte de quien escucha. "Time is over one day old" abre un nuevo surco de canciones magnéticas y emocionantes, de las que encienden la imaginación y los sentimientos al unísono. 
 
El nuevo itinerario melódico de la banda tal vez no llegue a la altura del glorioso "Best rest forth mouth", pero posee aciertos como poder compararse por momentos con aquel, e incluso con su formidable contrapartida en forma de remixes afilados, y también con la última muestra de las impecables aptitudes estéticas y éticas de la banda, "I love you, it's cool". En "Time is over one day old"  las formas musicales se han simplicado a la más mínima expresión. Las canciones pierden complejidades, artificios y capas de sonido, y se abandonan a dinámicas desnudas y tonos sobrenaturales, en ocasiones propios de los usos del rock añejo, y en otras deletreándose mejor según las síncopas de la electrónica (también añeja), pero siempre empujadas por una imponente relevancia de los ritmos, que marcan la línea clara por la que circula cada pista, tenga la velocidad que tenga. En el disco se manejan aires retro, pop esotérico, pautas ambient, coros ingrávidos y beats circadianos, pero también arrebatos de electrónica sinestésica, impulsos de r&b o rock relentecido, así que diríamos que, en función de la cabeza que conquisten estas canciones, podríamos encontrar tanta variedad de reacciones como personajes pueblan el nocturno videoclip de su aclamado single, "Time between". 
 
Pese a la falta de definición o contexto del disco, que, de manera parecida a como reza su título, es posible que haya quedado fuera del tiempo o un par de días viejo respecto a su entorno, el hilo del cancionero nos seduce e invita, y es fácil aflojar la mente y dejarse llevar por sus trazos simples e hipnóticos. 
 
 
Una vez más, sin que podamos evitarlo, Bear In Heaven anudan la parte más interna de nuestras vísceras y ponen nuestras cabezas a volar, a través de un cancionero que puede causar todo tipo de afectaciones domésticas, urbanas o paisajísticas. Así, no es difícil que mientras arrancas a caminar con el fervor de los drones de "Autumn" se te caiga algún billete del pantalón, o que, tratando de enlazar pensamientos bajo el estímulo de los aires épicos en el rastro creciente de "Time between" o el despegue de sintetizadores sensacional de "They dream", acabes por darte cuenta de que has caminado demasiado rápido o demasiado lejos, que esa no es la calle, que te hayas perdido empujado por las canciones y sus derroches.
 
Con el trote arrullador de "Memory heart" marcando un camino de evasiones, a base de descargas de riffs graves con satén, unos teclados juguetones que zapatean por encima de todo, y esas voces en lamento agudo y pautado, podría pasar que quedaras atrapado en una maraña de recuerdos de esas que cortan el aliento y vuelven pesado el centro de gravedad. Si friegas los platos al ritmo trotón y planeador de "Demon", es posible que parte de la vajilla acabe hecha añicos en la pica, y las órbitas lisérgicas de "Disolve the walls" pueden llevarte a rincones de extrañeza mental. 
 
Tampoco podemos descartar que encuentres la desolación con piezas diáfanas del cancionero como "The sun the moon and the stars", o acabes perdiéndote ante un horizonte inasible al tiempo que las cadencias de "You don't need the world" van deshaciendo poco a poco todo marco de posibilidades, desvaneciendo el perfil del paisaje, dejándote apenas con tu soledad
 
Los pasos en los días se apelotonan y tropiezan, y, mientras cuesta distinguir el de hoy del anterior, nos siguen angustiando los que quedaron lejanos en el pasado, así como los giros trascendentes que habrán de venir. Escuchar Bear In Heaven no nos va a ayudar a avanzar mejor, ni a superar nada. Tan solo a darnos cuenta. Y sentir. Darnos cuenta y sentir. 
 
 

 
 
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com