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Jenny Lewis

The voyager 

Warner 

6,7
Pop-folk

Albert Fernández 

 

No es fácil ser una gran mujer, aguantar el tipo con entereza, y entretanto, resultar siempre encantadora. Con todo, hasta ahora Jenny Lewis se las  ha arreglado más que bien para cumplir con todas esas facetas, consumándolas con un carisma muy especial a través de su música. "The voyager" plasma la respuesta de la artista de Nevada a una época de complicaciones personales y profesionales: la separación definitiva de su banda Rilo Kiley y el fallecimiento de su padre, con quien Lewis se había reconciliado tras infinidad de años sin contacto alguno, actos más o menos fatales en su travesía individual, que la lanzaron a noches sin dormir y debates existenciales, entre ellos su condición de mujer en la treintena, con pareja estable y sin hijos o intención de tenerlos. 
 
Cuando la vida nos lanza hacia abajo en caída libre y los episodios oscuros se suceden, lo mejor es apretar los dientes, y después devolverle al mundo una sonrisa convencida y llena de orgullo. Este disco es la sonrisa de Jenny Lewis, el retrato radiante que en algún punto guarda el rastro de una lágrima sentida. 
 
Si se nos atragantan los días, nada como una reunión de amigas con el mismo gusto por la acidez para liberarse. Y no hay mejor canción que "One of the guys" para elevar entre irónicos contoneos las coqueterías de Anne Hathaway, exaltar la parte chandalera y masculina de Kristen Stewart y desatar una corriente de rock tenue, retro en las formas, y absolutamente contemporáneo en sus reivindicaciones. Con un aire cándido y un estribillo glorioso como pocos, la canción apela al derecho a elegir no ser madre, y, dada la trascendencia del asunto, se dedica a quitarle hierro en ese festival histriónico del vídeo que la misma Lewis ha dirigido, 
 
Más allá de las chicas, esa pieza cuenta con la mano maestra de Beck en la producción, que forma filas junto a Ryan Adams y Jonathan Rice, pareja de Lewis y me temo que dudoso futuro progenitor, para dar forma a un álbum que lo apuesta todo a la interpretación y el lustre de los sonidos, sin darle más vueltas de las necesarias a nada, ni pretender alardes compositivos. 
 

 
El single, sus coros, su estribillo y, hasta cierto punto, su cómplice y cómico vídeo conforman una delicia notable, pero antes de esa canción tan emblemática, el disco se encauza con una canción henchida y resplandeciente, "Head Underwater" , que trae fulgores de los mejores Fleetwood Mac, y que no podría hilar mejor las crecidas de su estribillo con las paradas de sus versos, o el punteo y el ulular de coros que la hacen planear hacia su final. Un escalón por debajo en notoriedad y dos por encima en candor, "She's not me" nos seduce con su satén de rasgueos reverberantes y fraseos alargados, de manera que para cuando llega "Just one of the guys", la cosa ha alcanzado un  punto de hervor más que adecuado. 
 
Después, los aullidos candorosos de "Late bloomer" delinean sin duda mis pasajes favoritos de la parte menos popular del disco, esa que, junto a las guitarras y los versos afianzados de "Slippery slopes", conforma un fondo de coral, alejado de la superficie más notoria y llamativa. 
 
Esas dos canciones marcan el giro hacia tonos más íntimos y formas musicales destensadas y libres. Pero pasa que el tono de soul negro de "You can't outrun'em" aguanta el carisma solo por un momento, a través de un hilo que se va afinando, y a partir de ahí yo me aburro, o dejo de entender a la chica, porque "Love U forever" me parece tan obvia en su melodía como en su título, "The new you" no alberga nada demasiado nuevo, y la aureola retro de "Aloha & The Three Johns" no pasa de simpática y sincera.
 
Pero el periplo debe tener un gran último acto, y Lewis, como gran mujer, artista, hija y no-madre, se lo sabe dar: con "The voyager", esa despedida de la última costa, la lacónica pieza que titula el álbum, una nana de lamento donde su voz alcanza el cielo mecida por unos simples acordes de acústica y unos acompañamientos sutiles, para recordarnos con sencillez que hay un viajero en cada uno de nosotros y que el viaje, por enriquecedor y deslumbrante que sea, siempre tiene un final. 
 
 
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com