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A Sunny Day in Glasgow

Sea when absent

Lefse

6,9
Shoegaze pop

Albert Fernández 

 

A veces, la vida se arremolina y llegan tantas cosas juntas y a la vez, que cuesta deshacer la madeja. Ciertos días un torbellino de inspiraciones es la semilla de la que crece un solo eje de creación, sólido y convencido, y en ocasiones ese mismo grano germina para ramificarse en infinidad de brotes, nudos, extensiones, direcciones y sentidos. Algo parecido a esto último es lo que sucede con este disco radiante y grandilocuente, pero a todas luces excesivo. Sobre una base sólida de sonidos iridiscentes, retro y fantasmales, A Sunny Day In Glasgow han dado lugar a un álbum que brilla con un candor especial y enriquecedor, pero que ofrece tantos reflejos que, por momentos, desprende un haz cegador, difícil de contemplar y seguir. 
 
 
"Sea when absent" es una colección de collages musicales que traen a los oídos una paleta de sonoridades seductoras aunque más que dominadas, con trazos de shoegaze, dream pop e incluso algo de psych rock. Pese a la concreción de su nombre, A Sunny Day In Glasgow son un colectivo internacional, donde un músico opera desde Filadelfia, mientras otro compone mirando por una ventana de Sidney y otro revisita la melodía original en Nueva York, y así, a cada paso en cada pieza se añaden capas y coros y giros. Este cancionero crece con un crujido de distorsión o un barniz atmosférico y, de la aglomeración de ideas, construye canciones poliédricas y, a menudo, encantadoras. Las voces de Jen Goma y Annie Fredrickson se conjuntan como nunca antes para sonar etéreas, aunque a veces tratadas en exceso en la parte coral, y el cuerpo melódico de cada corte se convierte en una pista de sueños, preñada de mil nostalgias de los 90, por donde se descorren velos que anuncian nombres de toda la vida, desde My Bloody Valentine a Cocteau Twins
 
 
Todo ese acúmulo de intenciones, despliegues genéricos y gigantescas espirales anímicas se plasma de manera evidente en canciones de títulos descaradamente largos, en ocasiones con minutajes excesivos, y pasa un poco como con esas películas que serían muy buenas si no fuera porque les sobra media hora o más.  "The things they do to me" se vuelve una maraña descontrolada que en algún punto mueve a la desesperación, y muchos de las percusiones y rítmicas que se condensan en cortes como "Boys turn into girls (Initation rites)" o "Never Nothing (It’s Alright [It’s Ok])" se nos aparecen como más que obvios y familiares. Además, con el aliento de dar cabida a todas las aportaciones, influencias, ánimos y tempos que afloraban entre los miembros de la banda, suele pasar que la dinámica de muchas de las canciones acaba resultando rota, demasiado discontinua. 
 
 
Con todo, el encanto que hallamos en los derroteros de piezas como "Crushin’", "In Love With Useless (The Timeless Geometry in the Tradition of Passing)", "MTLOV (Minor Keys)" y "Bye Bye, Big Ocean (The End)" es tan despampanante que, si no le prestas una atención clínica, el disco puede resultar delicioso. Las canciones nos susurran, extienden orgullosas su satén sobre el tiempo y los momentos, y nos llevan a aquel recuerdo de un lugar, una abstracción, nos impulsan hacia memorias desterradas o anhelos nuevos; las melodías están aquí, sonando para permanecer entre oleadas de recuerdos musicales y de los otros. Porque sí, a veces el mar lo trae todo a la vez, la vida se arremolina y llegan tantas cosas juntas que cuesta distinguir qué algas son esas que se nos enredan otra vez en los pies. 
 
 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com