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Clap Your Hands Say Yeah

Only run

Xtra Mile

4,1

Synth rock

Albert Fernández

 

De alguna manera, la soberbia de Alec Ounsworth parecía condenada a la debacle. Aún cuando los memorables punteos "The Skin of My Yellow Country Teeth" estallaban en todos los pubs y pistas de baile, el cantante de Clap Your Hands Say Yeah se gastaba unas formas de capataz-loser, vaquero provinciano enredado en una lucha con el mundo desatada a base de desplantes y puñetazos al aire, que la deriva se presentía en el aire. 

 

El último disco de la banda de viene a confirmar que la fórmula sonora del grupo se agotó justo después de su segundo disco, "Some loud thunder" (2007), una obra que aún conservaba alguna mecha de la chispa de carisma que Clap Your Hands Say Yeah prendieron con su debut. Después de que la mayoría de los miembros de la banda abandonaran el proyecto, cuya formación ahora solo cuenta con Ounsworth y el batería Sean Greenhalgh como miembros fijos, los diversos intentos de darle una pátina sintética, más fantasmagórica y electrizante, a sus composiciones redundan cada vez más en lo manido: abuso de los sintetizadores y las bases mortecinas, voces tratadas y reverberantes, y melodías lineales, prácticamente inexistentes, que convierten este nuevo cancionero en una nebulosa inaccesible. 

 

Ahora la voz de Ounsworth ya no nos hipnotiza como hace nueve años, solo nos exaspera y nos retrotrae al plagio evidente de David Byrne, y los avances misteriosos de cortes como el que abre y avanza el disco, "As always", se pierden en una letanía que queda a medio camino entre The Cure (los punteos) y U2 (las percusiones, lo quieran o no, de estadio), pero con laca de 2014. Bastante casposo. 

 

 

 

Matt Berninger de The National consigue darle un contrapunto grave y sólido a los lamentos de Ounsworth en "Coming down", con unos versos medio declamados y un acompañamiento en los últimos estribillos, que deparan un dueto curioso, y se encuentran entre los mejores momentos de un disco que ni por esas se salva. De hecho, el contraste de las figuras de Berninger y Ounsworth no podría ser más oportuno: el primero ha hecho de su drama grandilocuencia, éxito y elegancia, y el segundo, convencido de la validez de su discurso de renegado, se ha vulgarizado y embrutecido cada vez más, hasta volverse totalmente prescindible. 

 

En "Only run" desaparecen en gran medida los punteos álgidos para esclarecer una zona brumosa de teclados y ritmos ajenos y sintéticos, pero no hace falta tener grandes nociones de nada para darse cuenta de que este nuevo intento de actualización con credenciales no es más que otra caída en la mediocridad. Se suceden las pistas, y uno escucha sin saber a qué asirse. El golpe de la caída es duro, como una bajada de escalón abrupta, donde el pie se prepara para el contacto con el asfalto, y la gravedad nos golpea, porque el suelo está mucho más abajo de lo que esperábamos. 

 

Colas de crescendo más que obvias, sintetizadores entrando en loop, y bases rítmicas sin distinción alguna, más el pertinaz aire fantasmagórico y herido de las voces, e incluso unos insufribles coros de pito agazapados en "Little moments", acaban de definir el horror. Clap Your Hands Say Yeah ha entrado en un pozo profundo, del que dificilmente se puede hallar la salida. 

 

 

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com