Menu
sleaford  

Sleaford Mods

Divided And Exit

Harbinger Sound

8,5

Post punk rap

Vidal Romero

 

Aunque llevaba casi una década tocando y tiene media docena de discos a sus espaldas, el dúo inglés Sleaford Mods sólo asomó el hocico fuera del más oscuro underground a finales del año pasado, cuando el boca a boca convirtió su sexto álbum, “Austerity dogs” (13), en un cotizado objeto de deseo. Razones para tanto revuelo no faltaban: por un lado la música, un revuelto desastrado y agresivo de hip hop, post punk y electrónica barata, grabado con equipos de saldo y de manera (deliberadamente) descuidada. Por otro lado la voz, un rapeo incontrolado y torrencial, que lucía orgulloso su acento obrero –la pareja no viene de Londres, sino de las Midlands, pero comparte ese gusto por la dicción atropellada e ininteligible del cockney capitalino– y que repartía odio, estopa y salivazos a todo lo que se le pusiera por delante. Una mezcla que funcionaba sorprendentemente bien, que escapaba a cualquier catalogación posible (aquello sonaba, para que se hagan una idea, como si Dizzee Rascal le produjera un disco a Mark E. Smith y Shaun Ryder escribiera las letras) y que llegaba encapsulada en canciones breves e intensas, auténticas bofetadas sonoras.

 

Más allá de su efectividad, sin embargo, la gran virtud de Sleaford Mods reside en que la música que hace está profundamente enraizada en la cultura musical inglesa; en el fondo, se trata de un sumatorio de elementos perfectamente reconocibles que se han mezclado de una manera inesperada. Su crudeza rítmica remite a las formas más ariscas y violentas del continuum rave –a subgéneros como el darkcore o el grime, que abandonaron el MDMA en favor del speed y las anfetaminas-, sus bajos musculosos y sus arreglos esquemáticos entroncan con el post-punk por línea directa (piensen en Public Image Limited, en The Birthday Party, por supuesto en The Fall) y el chorrazo vocal de Williamson es un torbellino de insultos a la clase política, a sus vecinos acomodados y a los jóvenes aburridos e inanes que pueblan su país. Un discurso ácido, cargado de crítica social y de bilis, de frustración, de humor irreverente y escatológico; un torbellino en el que sobresalen tacos y palabras malsonantes por todas partes, y que actualiza en cierto modo el no future del punk. Incluso la estética que luce el cantante, Jason Williamson, no muy alejada de los clásicos códigos mods (y que es tal vez una manera de enfatizar el nombre de la banda, que podría traducirse como “mods de pueblo”), es una referencia nada velada a esa working class juvenil que siempre ha vivido pendiente del fin de semana, del festival de drogas y alcohol que esperaba a la vuelta del viernes noche.

 

Divide and exit” sigue fiel a esa manera de hacer las cosas. De hecho, y lejos de haberse relajado con su pequeña dosis de éxito, Sleaford Mods ha encarado su séptima entrega con un carácter aún más agrio y agresivo. La música sigue enrocada en su minimalismo feroz, anclada a un bajo que zumba distorsionado y a una caja de ritmos que parece siempre a punto de reventar; una base apenas adornada por arreglos de teclado casi infantiles en su simplicidad y por unas guitarras más interesadas en hacer ruido que en trazar melodías. Adornos que aparecen sólo en los breves interludios que deja Williamson para tomar aire o para sacar a relucir su repertorio de gritos y gruñidos. Todo lo demás es ira en estado puro, el grito primitivo de una juventud que no espera nada del futuro, pero que no piensa callarse; que prefiere armar ruido para que se note que está ahí fuera. Es el signo de los tiempos, la materia de la que está hecha una banda que (todavía, llegarán los imitadores) no tiene igual.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com