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Heterotic  

Heterotic

Weird drift

Planet Mu

6

Synth pop

Vidal Romero

 

En una conversación que mantuvimos hace ahora un año, poco después de que se publicara el primer disco de Heterotic, Mike Paradinas me explicó que me equivocaba. Que aunque a mí me pareciera que la música que escribía junto a su señora, Lara Rix-Martin, hundía sus raíces en el house y el synth pop más primitivos, en realidad la inspiración estaba mucho más mano. ”Es más apropiado fijarse en las bandas que escuchábamos mi mujer y yo mientras estábamos grabando el disco”, decía, “en cosas como Teengirl Fantasy o Toro i Moi, antes que en todos esos grupos de los ochenta”. Unas palabras que resultaban difíciles de creer tras escuchar las canciones de “Love & devotion” (13), sobre todo porque la participación vocal de Nick Talbot (aka Gravenhurst) en varios de los temas añadía una pátina de pesadumbre, una dosis punzante de dramatismo, que contrastaba con el tono acariciante de la música que había por debajo.

 

En “Weird drift”, sin embargo, esas influencias de las que hablaba Paradinas sí estallan en todo su esplendor: es un disco de canciones más cortas y de ambientes recargados con mucha luz; es un disco de texturas suaves y algodonosas, de melodías con bordes difusos. Es un disco, en fin, que tiene mucho más que ver con el chillwave o el pop hipnagógico que con el synth pop ochentero. Una evolución en la que tiene mucho que ver el nuevo vocalista que la pareja ha buscado: Vezelay, un joven cachorro francés que publicó un EP de dream pop en Planet Mu hace un par de años. Es la forma de cantar de Vezelay, aérea y frágil, repleta de falsetes, la que da a las canciones ese aire de extraña felicidad que el título del disco –más o menos- quiere transmitir. La que las acerca, en el mejor de los casos, hacia un territorio de soul electrónico colindante con los primeros Junior Boys (ahí están “Triumph” o la muy bonita “Rain”), o hacia esa épica juguetona, como de andar por casa, que se despliega en “Empires”. Un baño de romanticismo que admite ciertos ángulos de oscuridad (los aires distópicos de “Lumber”, por ejemplo), pero que también se le escapa al trío de las manos con demasiada frecuencia: sucede en varias de las piezas instrumentales, como “Sultana”, que pecan de insustanciales, y en algún corte vocal, como “Shoe soul”, que casi parece un descarte de Sade. Son los puntos negros dentro de un disco irregular, al que le sobran varias cucharadas de azúcar.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com