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The Afghan Whigs

Do to the Beast

Sub Pop

7,7

Rock

Víctor Cañameras

 

Como si no hubiesen pasado los dieciséis años de “1965” (Columbia, 1998) y al igual que “Somethin’ hot”, “Parked Outside”, el tema que abre “Do to the beast” empieza haciendo honor al título del disco, con un riff dominante acompañado con estrépito de una base rítmica y con Greg Dulli desgañitándose desde el estribillo como antaño. Dulli es perro viejo y sabe que no va engañar a nadie, consciente de que su estilo de composición admite pocas piruetas en esa mecánica de riffs, un sube y baja continuo de intensidades según irrumpan los diferentes instrumentos. De hecho, en su trayectoria posterior con The Twilight Singers, el libreto ha variado más bien poco si no contamos el primero de sus discos (con la banda aún en activo), donde se permitía dar rienda suelta a caprichos de carácter bailable completamente alejados del soul-rock marca de fábrica de su banda principal. Con un fuerte cariz electrónico y el respaldo de Fila Brazilia en una producción de marcado acento trip-hop, ese trabajo no tenía cabida en una de las trilogías más sólidas del rock de los noventa.

 

Fue tras la ruptura definitiva cuando sí adoptó su sonido de toda la vida en su banda paralela, acompañándose de fieles escuderos que le han servido a lo largo de los siguientes años y que recupera en buena medida para esta reunificación como son Mike Napolitano, ligado con anterioridad a producciones de combos neo-swing como Squirrel Nut Zippers o Royal Crown Revue, que secunda las labores tras los controles y Jon Skibic (Gigolo Aunts), que se encarga de las guitarras junto a Dave Rosser, y Cully Symington (batería de Okkervil River), estos dos últimos recogidos de sus ultimas grabaciones y directos. Sólo John Curley regresa al bajo como miembro original tras la negativa de Rick McCollum una vez finalizada la gira de reunión. Una baja ciertamente sensible si tenemos en cuenta que firmaba la coautoría de algunas canciones, dejando en esta ocasión a Dulli como único responsable.

 

De todas formas encontramos en este nuevo trabajo matices para alejarlo de su obra con The Twilight Singers, aunque no suficientes. A pesar de un deliberado distanciamiento de la faceta soul (“It Kills” podría ser la única concesión al estilo) y que contiene aproximaciones a estilos nunca antes transitados como la fronteriza “Algiers”, lo que predominan aquí son las composiciones guitarreras de crescendos de explosión controlada, ya sean con guiños electrónicos como el de “Can Rova” (esa base final de piano “house”), o con toda la banda enchufada a pleno rendimiento (“Matamoros” o “Royal Cream”). La enérgica pulsión melódica de “The Lottery” debe recordar a tiempos pasados más que ninguna otra (salvando las distancias), mientras que “Lost in the Woods” cumpliría como falsa balada con inesperado subidón en el puente final, un truco al que Dulli ha recurrido en no pocas ocasiones en ambas formaciones.

 

El bagaje de todos estos años refuerza todavía más el carácter singular de su líder, tratando de evitar caer en la autocomplacencia y consiguiendo así una obra que, aunque no esté a la altura del legado clásico, es un disco repleto de grandes canciones donde líricamente sigue utilizando un nuevo catálogo de historias de rendición y redención, planos cortos de secuencias extraídas de sus propias vivencias en gran parte, en un exorcismo de demonios interiores que ejerce de catarsis personal, reflejando desde las relaciones con el sexo opuesto, “These Sticks”, a recuerdos sacados de años de juventud, la anteriormente mencionada “Lost in the Woods”.