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Cheatahs  

Cheatahs

Cheatahs

Wichita

8

Noise rock

Vidal Romero

 

En las páginas de “Nuestro grupo puede ser tu vida” (ese libro seminal del indie que ha traducido hace poco Contra Editorial), Michael Azerrad defiende que fue una gira de Dinosaur Jr. por Inglaterra, a principios de 1990, la que actuó como catalizador definitivo para el desarrollo del shoegaze. Es una teoría controvertida, porque minimiza la influencia de nombres muy populares en las islas a finales de los ochenta –Cocteau Twins, My Bloody Valentine, The Jesus And Mary Chain, incluso Spacemen 3–, pero al mismo tiempo sirve para explicar por qué dentro del saco del shoegaze se metió también a bandas como Swervedriver o Th’ Faith Healers, que en realidad estaban más cerca del sonido mugroso de los Stooges y de Loop que de las delicadas atmósferas de The Sundays. Bandas que entendían los drones y las murallas de ruido como una consecuencia inevitable de su manera de tocar, y no como una novedosa manera de adornar unas canciones que, en el fondo, seguían ancladas a las fórmulas clásicas del pop.

 

Un cuarto de siglo más tarde seguimos tropezando con las mismas piedras: el shoegaze se ha convertido en un recurso ornamental para bandas que necesitan dar un barniz de modernidad a sus canciones (gente como The Pains Of Being Pure At Heart, M83 o Sad Day For Puppets, para entendernos), mientras que los auténticos exploradores permanecen en los márgenes. Cheatahs, un cuarteto radicado en Londres, pertenece a este segundo grupo: su sonido, una explosión monstruosa de reverb por la que asoman riffs de guitarra con cierto aire stoner, melodías ingrávidas y generosas dosis de psicodelia, está claramente moldeado a partir de bandas como las citadas en el primer párrafo –en especial Swervedriver: con canciones como “Geographic“ o “The swan“ resulta muy difícil creer que estos chicos no han escuchado a los autores de “Raise” (91)–, pero se trata de influencias que funcionan a un nivel estructural y no epidérmico. Lo que quiere decir que los miembros de Cheatahs no se conforman con imitar a sus maestros, sino que utilizan las herramientas aprendidas para construir notables canciones propias, en las que tienen tanta importancia la estructura y la melodía como el trabajo de texturas. Sólidos ejercicios de rock atmosférico y ensoñador, que igual se acercan a un territorio cercano al pop (la pegadiza “Northern exposure”) que se sumergen en un mar de drones (“IV”), y que consiguen mantener en todo momento un hábil equilibrio entre experimento y accesibilidad. Una circunstancia que convierte a “Cheatahs” en un disco perfecto para nostálgicos del shoegaze –los guiños son continuos: ahí están “Get tight” o “Kenworth”, con un trabajo de guitarras que debe mucho a My Bloody Valentine, o “Mission creep”, que maneja un romanticismo desvaído que recuerda a Pale Saints–, pero que también debería gustar a los aficionados al rock musculoso y con sustancia. Mucho más que un simple ejercicio de revivalismo.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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