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Schoolboy Q 

Oxymoron  

Top Dawg Entertainment

7,6

Hip Hop

Víctor Cañameras

 

“Hola, que le den al rap, mi papi es un ganster”. Con semejante declaración de principios en boca de Joy, la hija de Schoolboy Q, empieza la puesta en largo bajo el auspicio de una multi de uno de los más esperados trabajos del año en materia rap. Cocinado a fuego lento, consciente de su repercusión y sobre todo del impacto post Kendrick-GKMC y por ende para lo que pueda representar a su sello, Top Dawg Entertainment, algo así como la Death Row de nuestros tiempos (atentos a su última perla, Isaiah Rashaad).

 

Las comparaciones con Kendrick no son baladí. Aunque poseedor de un flow mucho más natural alejado del más mecánico del primero, ambos cuentan una historia de superación, aunque el día a día en las calles de Quincey (la Q de Schoolboy) fuese bastante más arduo. El trapicheo con drogas de toda clase, los problemas familiares y su adicción a las pastillas son algunos de los sinsabores que nos relata en la primera parte del disco, acompañándose para remarcar esos duros tiempos de vender crack y lidiar con la familia (su tío le robó el stereo para pagarse los vicios según nos cuenta en “Hoover Street”) de bases asesinas y machaconas que se van atemperando conforme avanza el álbum y la vida de Schoolboy toma otro cariz tras fichar por TDE,  donde ya es el “Man of the Year” y esos problemas parecen haber sido sustituidos por fiestas non-stop, ropas caras y chicas despampanantes, muy alejadas de los polvos furtivos con ligues de barriada en la parte trasera de su Nissan (por lo que parece la marca japonesa es la favorita en los suburbios de L.A.).

 

Ese trabajo de secuenciación a nivel conceptual constituye uno de los aciertos más remarcables del álbum. Tomemos como ejemplo la larga pieza central en dos partes que da título al disco. Ejerce de punto de inflexión en su vida personal, narrando el momento en que asume su adicción (“Prescription”) para, en consecuencia, explicar el día en que abandonó su “oficio” como dealer (“Oxymoron”). Se halla encajada entre las dos canciones que más desentonan en todo el recorrido, una “Studio” que esperemos sea lo más cerca posible a una canción de amor que  SBQ pueda llegar a estar (trata de ser sin conseguirlo un “Life Goes On” del ”All Eyez on Me” de 2Pac, uno de sus grandes referentes) y “The Purge” producida por un Tyler, the Creator con breve featuring incluido que vuelve innecesariamente a la pesadilla horror de “Goblin”. Ambas ejercen de división en cuanto a estilo y colaboraciones apareciendo a partir de entonces raperos de la vieja escuela como Kurupt, Raekwon o la producción de un The Alchemist en estado de gracia.

 

¿En que se traduce esto? En una mezcla de beats para contentar a todo bicho viviente seas de la época que seas. Tienes las bases casi EDM de “Los Awesome”, facturada por un Pharrell en su rol de Neptunes, los temas puro swag del principio, hitazos carne de remix llenapistas como “Hell of a night” y producciones que recuerdan descaradamente a la gold era noventas en la parte final, como “Break the bank” o “Blind Threats”, donde suenan cuerdas y ¡hasta un xilófono! Pete Rock style.

 

Es sin duda ese interés por agradar a todo el mundo uno de los mayores defectos de “Oxymoron”. Esa inconcreción se aqueja en demasía en un disco que carece de estilo propio y personalidad a diferencia de su gran competidor y compañero de sello, un Lamar que también entra en nómina (impagable su parte de verso en chicano en “Collard Greens”) pero al que no se olvida de enviarle un recadito en “Break the Bank”. Tranquilo Kendrick, tu trono esta a salvo.