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7-days-of-funk  

7 Days of funk

7 days of funk   

Stones Throw

5,5

Funk

Víctor Cañameras

 

O mucho cambian las cosas o me temo que Dam-Funk pasará a la larga lista de artistas que son incapaces de remontar su obra inicial. Tras la imponente serie de mini LPs "Toeachizown" (recopilados en un lujoso box set de vinilo o doble cd, a gusto del consumidor) todo hacía pensar que nos encontrábamos ante un revitalizador de la escena negra por el lado más enérgico y bailable mezclando en las dosis justas electrónica, g-funk y teclados espaciales pero, cuatro años después, solo hemos degustado su arte a través de alguna remezcla y colaboraciones con escaso poso como la que nos ocupa.

 

Así en verano de 2013 salió a la luz su trabajo con Steve Arrington, vieja gloria componente de los recomendables Slave, y algunos ya empezamos a fruncir el ceño. En “Higher” (Stones Throw) escuchábamos los mismos recursos, las mismas bases, el mismo patrón rítmico que empleaba en la aclamada serie que en su momento nos hizo vibrar, pero con una ausencia alarmante de groove salvo puntuales excepciones, grave si tenemos en cuenta que se ceñía a un  formato “funk-disco”. Pocos meses después se supo del proyecto homónimo “7 days of funk” en el que aunaría fuerzas ni más ni menos que con Snoop Dog (otro que sabe sobradamente lo que supone el concepto “losa” del primer álbum). Ahora se edita aquí y de nuevo la sensación es parecida: Esto no es lo que yo entiendo por funk.

 

Porque seamos claros, con un nombre como 7 Days of Funk a uno se le vienen a la cabeza una bacanal sonora digna del desenfreno de discos claves en el desarrollo del género como “There's a riot goin’ on” o “One nation under a groove”. LPs en los que primaba la exaltación de un sonido grasiento dejándolo a sus anchas en una aparente improvisación que, aunque impostada, sí se mostraba efectiva para contagiar las ganas de baile a cuantos lo oyesen. Aquí, el limitarse en exceso a un patrón comandado por una caja de ritmos con una sola velocidad lastra el disco en gran parte, creando una atmósfera de rutina a lo largo de la escucha aunque pueden destacarse, curiosamente, los temas donde efectúan sus aportaciones S. Arrington (aquí también), Kurupt, o unos viejos conocidos de Snoop: The Dogg Pound, por tratar de dotar a sus temas de un matiz diferente. Porque ese es precisamente el otro de los principales hándicaps del álbum, Snoop (ahora Snoopzilla) se muestra empecinado en su faceta de “cantante que recita”, y es responsable directo de la falta de variedad de la que adolece el disco en sus cuarenta escasos minutos de duración, por más que rapee en alguna ocasión aislada.

 

Esta visto que esa innecesaria uniformidad que los partenaires demuestran en su registro vocal parece arrastrar a un Dam-Funk más preocupado en buscarles un “pret a porter” a medida que en edificar su característico sonido “synth-funk” a su alrededor y, sin apreciarlo, acaba convirtiendo el traje de alta costura en un corsé de difícil escapatoria. Esto nos lleva a pensar que el día en que se decida a editar su siguiente trabajo en solitario, en tanto que reduzca las colaboraciones a ocasionales featurings, podamos albergar esperanzas de mover el bullate al ritmo de un “Fantasy” o un “Candy dancin’”. Te esperaremos, Dam.