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Mogwai

Rave Tapes

Sub Pop / Rock Action

7,8

Electroslowcore

Albert Fernández

 

Hay algo rígido, carente de plasticidad, estanco y hermético, y con todo apasionante en el último disco de Mogwai. Las composiciones de “Rave tapes” sumen a quien las escucha en un estado catártico donde los sentidos se embotan y la conciencia navega desligada, prisionera y liberada al mismo tiempo.

  

Después de reencontrarse como banda con “Hardcore Will Never Die, But You Will” (Sub Pop / Rock Action, 11), y de facturar la formidable banda sonora para “Les revenants”,  Mogwai han construido un cancionero adictivo, susceptible de ser inyectado, esnifado y lamido. Los de Glasgow han destilado con brillantez sus mezclas de slow core con ambientaciones electrónicas, momentos de groove engatusador y devaneos de jazz aséptico, para crear una droga que tal vez no alcance la excelencia del azulado cristal de Walter White, pero sin duda sirve para el cometido tanto como los agresivos sucedáneos de Jesse Pinkman.

 

Canciones como “Heard about you last night” siguen supurando líneas de depresión, a través de la configuración de un paisaje sonoro donde ondas de acordes caen sobre las mismas ondas de acordes, para, llegado el momento, romper el círculo e iniciar el vuelo. “Rave tapes” traza una línea nítida entre nuestro pabellón auditivo y los ganglios basales del cerebro, y promueve las sustancias químicas que confieren otra dimensión a la vida .

 

La pauta electrónica de “Remurdered”, a través de la cual los teclados escalan gráciles sobre un ritmo seguro de baterías constantemente arañadas con punteos de guitarra lejanos, orbita en un mundo aparte, donde un patrón rítmico sencillo da lugar a una transmisión nerviosa creciente y formidable.

 

“Hexon bogon” representa una cúspide de épica rock ralentizada, y destapa una corriente de distorsiones, delays y compases adictivos para alcanzar la cima de un disco que encuentra su momento más curioso y carismático en “Repelish”, donde un narrador trasnochado, distante pero efusivo, suelta una perorata sobre el “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin y los míticos mensajes satánicos subliminales de los vinilos sonando al revés, al tiempo que un satén de cadencias noventeras va invadiendo nuestra caja torácica.

 

Los rasgueos de guitarra de “Master Card” pueden seguir rebotando en nuestras neuronas horas después de haber escuchado la canción, y su musculosa línea de bajo nos da la confianza para tomarnos la vida a la ligera, y aún así con tono grave. Los mismos derroteros de andanadas lisérgicas y elevaciones orquestales se extienden sobre “Deesh”, los mapas de decadencia mental de la lacónica “Blues hour”, una de las pocas canciones con versos cantados, o sobre el preciosismo crepitante de “No medecine for regret” . “The lord is out of control”  cierra el camino sin demasiado brillo, pero con una aureola de malditismo marcado por la extraña impronta de unos fraseos con vocoder, que, con el paso de los minutos, aplican cierto desasosiego al recorrido de nuestra espina dorsal.

 

Tras más de 15 años sobre las tablas, Mogwai no se han reinventado gloriosamente, ni nos ofrecen ofrendas de una revelación creativa incomparable, pero no hay duda de que con “Rave tapes” han logrado dar otro paso adelante, y evitar con agilidad y pulso musical las ciénagas de la auto-indulgencia. Una cosa está clara: una vez pruebes un poco de esto, vas a querer un poco más. 

 

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com

 

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