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Springsteen-High-Hopes  

Bruce Springsteen

High Hopes

 

Columbia

7,1

Rock

Javier Querol

 

Necesitado de un disco con el que enlazar dos giras mundiales, el Jefe abre la nevera y nos ofrece cocina de aprovechamiento. Veamos a qué saben las croquetas del Boss…

 

Pues a seis descartes, tres préstamos y tres versiones en estudio de canciones ya conocidas en directo. Queda clara la prioridad de Springsteen: un Never Ending Tour sobrehumano hasta que reviente a la E Street Band a base de conciertazos de cuatro horas del que es el único, probablemente el último, artista capaz de llenar un estadio solo con su talento. Como Nadal, sabe cuántos partidos les quedan a sus rodillas y los va a disfrutar hasta el final. Está en tiempo de prórroga y no volverán los tiempos de dos discos por década.

 

Es en esa redefinición de “nuevo disco” donde radica la controversia generada. Lo que eran virguerías de concierto (ora  toco una canción de tu país, ora Tommy Morello a la guitarra) no pueden erigir un disco oficial del hombre que convirtió los estudios de grabación en campos de batalla en los que se sacrificaban canciones –más de trescientas- cuando no discos enteros porque no encajaban en la idea que quería transmitir.

 

El otro problema es Morello. Bruce hace hueco en ocho de los temas para que el brillante guitarrista de RATM se explaye a gusto con el bote de pintura en spray. Lo que podría ser un grafiti  estimulante resulta en anodino, pues parece que Morello sólo tiene botes del mismo color. Más preocupante es su ascenso a consigliere: Morello está detrás de las elecciones más discutibles del track listing. Los fans le han reservado asiento en la furgoneta de Patti Scialfa y Jon Landau. Qué buena entrevista tienen ahora mismo Little Steven y Nils Lofgren.

 

“High Hopes” es una nueva versión de un tema de The Havalines que ya había aparecido en el EP de promoción del video “Blood Brothers” en 1996. Bruce suelta la correa a una hipertrofiada ESB y Morello –aquí sí– consigue encajar. Arrolladora, superior a la del 96, pero no deja de ser una canción del montón. “Just Like Fire Would”, del grupo australiano The Saints, es también sugerencia de Morello. Épica y trepidante, melodía pegadiza, motel, carretera… Bruce en estado puro. Pero ya lo era la original. Una goma de pelo de Patti para quien encuentre las ocho diferencias entre una y otra.

 

“Frankie Fell In Love” sí es de Bruce y es un temazo que debería permitir lucirse a Little Steven en directo. “Harry’s Place” es “Peter Gunn” pasado por “Los Soprano”. Ni imaginando el Bada Bing! tienen sus males remedio. El que tenga buen oído podrá escuchar de fondo el saxo de Clarence, resucitado por Bruce y enterrado por el productor Ron Aniello, que es como si te produjera el disco Joaquín Reyes.

 

“Heaven’s Wall” y “This Is Your World” son perfectamente olvidables. La perturbadora “Hunter Of The Invisible Game” merece mucha mejor suerte. “American Skin” y “Dream Baby Dream”, despojadas de la intimidad del directo, eran innecesarias. Pero la palma es para “The Ghost Of Tom Joad”. Si la versión eléctrica con la banda ya le sentaba como a un cristo dos pistolas, los solos de Morello son ponerle un bazooka; y dejarle cantar, el botón nuclear.

 

El disco, eso sí, esconde dos gemas. La fabulosa “Down In the Hole”, secuela de “You´re Missing”, en la que los hijos de Bruce hacen los coros en una coppolada inesperadamente sublime, y la escalofriante “The Wall”, sostenida además sobre el órgano de ultratumba de Danni Federici.

 

Javier Querol

Profesor visitante en la Universidad Católica de Murcia, alcanzó notoriedad internacional con "El sexo en el cine de Steven Seagal". Actualmente ultima "Trastornos de conducta en la menopausia precoz: una biografía de Jorge Moragas" mientras cubre para Rolling Stone la gira de Bertín Osborne y Arévalo.