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NBA - Junio 2016

La venganza de Lebron

 

Toni Castarnado

Fotos: NBA

  

Durante el cuarto partido de las finales de la NBA, dos situaciones definieron la diferencia entre Warriors y Cavaliers, quedaba patente la superioridad de unos y la frustración de otros, y en ambos casos con Lebron James como protagonista. Al Rey, que en ese momento no sabía qué hacer para dejar finalmente su gran impronta en la NBA y consecuentemente en su ciudad, por números, por impacto, por regularidad, no se le podía discutir nada, está entre los elegidos. Y si comparas su carrera con la de, por ejemplo, un Carmelo Anthony que a lo máximo que aspira es a jugar primera ronda, la verdad es que no hay color entre uno y otro.

 

Pero él, Lebron James, mira siempre hacía arriba (ambicioso como ninguno), a Magic, a Bird, a Jordan, a Kobe, a Duncan… y ahí es donde radicaba su problema, todavía necesitaba protagonizar una gran gesta. Y ahora ya la tiene. Como condición, tenía la de sumar un gran número de anillos, y las dudas sobre si iba a quedar para los anales de la historia del baloncesto, más como un ganador que como un perdedor. Hasta ahora ganando dos finales (cuando prometió muchas más cuando fichó por Miami) y cuatro perdidas. La balanza no engañaba. Se le subían a las barbas jugadores que hace tres años no entraban en las quinielas y ahora amenazaban con escribir una página dorada que al de Akron se le resistía. Curry y Green le miraban a la cara y le desafiaban, no daba tanto miedo, no intimidaba como antes… Y justo cuando Lebron se ha vuelto un jugador más generoso, con un juego más coral, provocando que todos participen y se sientan importantes, ese momento en el que no importa tanto la estadística y que en cambio el resto contribuya y luzcan. Sobresale el jugador dominante que conocemos, con un gen competitivo único logrando una hazaña digna de ser llevada al cine. Con mando en plazo, incluso para imponer al entrenador, y cuando parecía más vulnerable y menos explosivo, acalla bocas: “he puesto mi sangre, mi corazón, todo lo que tenía dentro”. Él había repetido en demasiadas ocasiones ese paseo desde la cancha hasta el túnel de vestuarios con la cabeza gacha y un gesto de desaprobación. Ante los ásperos Spurs, ante Nowitzki, el año pasado hincando la rodilla contra el histórico equipo del 73-9 que le quería batir de nuevo.

 

 

A Stephen Curry, el único jugador de la historia votado unánimemente como MVP de la temporada regular no le daba vértigo nada. No se fijaba en los que estuvieron antes, en Jordan y compañía, a pesar de que él en la actualidad destroza sus records. Y si no llega a la media docena de anillos no va a pasar nada, sus canastas y su juego ya habrá marcado a una nueva generación de seguidores al baloncesto. El reto para los más jóvenes ya no es machacar el aro con el fin de destrozarlo, ellos prefieren tirar desde el centro del campo para emular al ídolo. Y a Curry le acompaña un equipo que es una piña, Klay Thompson es el mejor socio posible, Green es quien coge el bidón de gasolina y un mechero para incendiar los partidos (aunque es cierto que contra OKC sufrió ante pivots grandes), Barnes es el héroe silencioso, y Bogut defiende el terreno cuando se lo piden, capaz de poner cinco tapones en un puñado de minutos para blindar la zona. Desde el banquillo, buenas noticias con Livingston, uno de los jugadores más inteligentes del campeonato, leyendo los partidos como nadie. Barbosa es sinónimo de chispa, Varejao ha encajado y sabe cuál es su papel. E Iguodala, ya sea como sexto hombre o como titular para romper la dinámica, le ponen los partidos tensos, defender atrás como un perro de presa y usar su físico al otro lado de la cancha, anotando, asistiendo, haciendo buenos bloqueos… y sin darse más importancia de la que tiene, es el perfecto jugador de equipo. Sin embargo, y tras estar contra las cuerdas en su eliminatoria con OKC (remontando un 3 a 1), una vez superada la inoportuna lesión de Curry, y el bajón de juego en un momento dado de Green, y con la noticia de que Walton no será el segundo de a bordo de Kerr el año que viene. Con más épica y excitación, GSW habían firmado la temporada con más registros positivos para la historia, hagan lo que hagan en un futuro, su juego alegre y desinhibido se recordará dentro de un lustro, de una década, cuando pase medio siglo. Pero para su desgracia, se han topado con el jugador más valiente que existe, el que exhibe con más gancho su exhuberancia física y el que más exprime el limón hasta dejarlo casi sin jugo. Nunca antes, un equipo había remontado un 3 a 1 en una final, y en Cleveland hacía cincuenta y dos años que un equipo profesional no ganaba un título.

 

 

“¡Esto es para ti, Cleveland!”, gritaba Lebron al finalizar el séptimo partido. A diferencia de lo que sucedió en la final de hace doce meses, estaba bien acompañado. Kyrie Irving es perfecto para él, no le discute el reinado (aunque durante la temporada haya tenido celos de su jefe en la pista, acabo diciendo que es como Beethoven) y es el termómetro del equipo, habilidoso y tirando como los ángeles, tanto de dos como también de tres (con ese triple a falta de 52 segundos le puso el pie en el cuello a GSW). Love no ha destacado como sus dos socios, si bien ha dado equilibrio. El trío Shumpert-Smith-Jefferson ha cumplido con creces, cada uno con su rol, y por lo visto, Tristan Thompson si ha sido determinante, el guardián de la zona, lógico que su amigo Lebron insistiera tanto el verano pasado para que le pagaran lo que pedía. En efecto, no es Rodman como se ha cansado de repetir, pero es su fiel escudero. “Todo tiene que ver con la familia”, había dicho James. Su arma secreta, según desveló tras salvar el primer match-point fue verse la trilogía de “El Padrino”. “Creo que es una película que da algunas lecciones sobre la vida”, añade. En fin, que con 31 años y sabedor de que ahora sí, ya tiene su merecido premio, su recompensa al titánico trabajo, es cuando se volverá más peligroso, liberado de toda responsabilidad (propia y con sus aficionados) el objetivo es Jordan, o Chamberlain. Así, en mayúsculas. Es terco como una mula, y tiene tiempo por delante. Y justo en el año en que ha dominado la filosofía del “small ball”, en play-offs se han consagrado dos pivots muy distintos entre sí, Adams y Biyombo. Por cierto, Kevin Durant tiró otro dardo a Lebron James, el agente libre más cotizado este verano asegura que no va a convertir su decisión ni en una cuestión de estado, ni en un espectáculo televisivo. ¿Seguirá junto a Westbrook en OKC o se unirá a la pandilla de Oakland? En su casa rezan para no compre un billete de ida y sin retorno. Lebron acabó comprando en su día el de vuelta, una decisión arriesgada que francamente, le ha salido muy bien. Larga vida a El Rey. Y a la NBA, el mayor espectáculo del mundo.   

 

           

Toni Castarnado

Toni Castarnado es un crítico musical que escribe también de manera puntual sobre cine y, ahora, deporte en Blisstopic. Es autor de los libros “Mujer y música: 144 discos que avalan esta relación” y de su segundo volumen, “Mujeres y música: 144 discos más que avalan esta relación”.Colomense de pro y residente en el Maresme, es colaborador casi desde sus inicios en Mondo Sonoro, y en cabeceras como Ruta 66 o Rock Zone. Escribe artículos para el blog La Ruta Norteamericana de El País, y ha hecho radio en varios medios, dirigiendo el espacio “Canvi de Ritme” en COM Radio, en el cual combinaba música y deporte. Por su grabadora han pasado un gran número de artistas; entre ellos, Arcade Fire, Antony & The Johnsons, Patti Smith, Marianne Faithfull, Mötley Crüe, Rammstein, Muse, The Black Keys, Tori Amos, Frank Black, Kings Of Leon o Mavis Staples.

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