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Champions League - Octavos, vuelta

Messi reina en la guerra de Hart

 

Texto de Milo J. Krmpotic'

Fotos Uefa / Vídeo Canal +

 

FC Barcelona 1 – Manchester City 0

(Rakitic 31’)

Cuenta la leyenda que, cuando los anillos de campeón de la NBA comenzaban ya a estorbarse en su mano derecha, Michael Jordan pasó a servirse de una neurótica treta para mantener los mismos niveles de compromiso e intensidad que le habían conducido hasta la cumbre: autoconvencerse de que algún miembro del rival de turno le había faltado al respeto, había insultado a su señora madre o había puesto en tela de juicio su nivel de forma. Y alcanzaba tales extremos su nivel de sugestión que, ya en la cancha, mientras destrozaba jugada tras jugada al agresor imaginario, no podía evitar echarle en cara unos menosprecios en los que aquel jamás había incurrido, lo que sumaba una dosis de estupor a su humillación baloncestística.

 

La espina con que Lionel Messi llegaba a la vuelta de octavos, en cambio, le pertenecía a él en exclusiva: el error en ese penal postrero que debería haber sentenciado la eliminatoria en tierras mancunianas. Y, porque no hay peor afrenta que la que uno experimenta respecto a sí mismo, su respuesta resultó sencillamente apoteósica. Puede afirmarse sin la menor mota de fanatismo que, a lo largo de 45 minutos sublimes, el 10 mostró una ascendencia sobre todo cuanto ocurría en el campo digna del legendario número 23 de los Bulls, circunstancia notablemente más complicada cuando la ecuación incluye a veintidós jugadores en vez de diez. A falta de que Ter Stegen le cediera las manoplas de cancerbero, Messi apareció por todas las zonas del verde, condujo y distribuyó, disparó y asistió, sobre todo se dedicó a golpear una y otra vez el hígado de cuanto oponente celeste se plantaba en su camino, ya practicándole un túnel devastador (Milner no volvió a levantar cabeza), ya escondiéndole el balón para cambiar de ritmo y dejarlo atrás en una sucesión de galopadas memorables. Hasta el punto de que, allá por el minuto 31, pese a hallarse completamente escorado hacia la derecha, la defensa toda del City acudió a achicarle el espacio presa del pánico, circunstancia que aprovechó Rakitic para ganarles la espalda por la banda opuesta y, tras recibir el pase medido del argentino, elevar el balón por encima de Hart.

 

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Y al otro gran nombre del match hemos llegado. Porque, si el Barça pecó en el primer tiempo de falta de puntería, el segundo no acabó con una goleada monumental gracias al portero de Shrewsbury, capaz de repeler una y otra y otra vez tanto los disparos desde la media distancia como los fusilamientos a bocajarro, que de todo hubo un poco. Solo que no fue un poco, sino un mucho, pues veintitrés chuts probaron los de Luis Enrique y catorce fueron bien dirigidos: uno a las redes, dos a las maderas (Neymar, tras robo de balón de un gran Alves, y Luis Suárez, tras pase al espacio del primero de los dos brasileños) y el resto se encontraron con los guantes o la camiseta o los pantalones o las botas del británico, amén de aquellos lances en los que la delantera azulgrana optó por el regate en vez de la definición y continuó padeciendo la noche de gloria del británico.

 

Fue así que, tal y como había sucedido en la ida, los de Pellegrini se vieron a centímetros de saldar con empate lo que en términos pugilísticos hubiera representado para ellos un knock-out con traslado inmediato a la UCI del hospital más cercano. Lo evitó Ter Stegen al detenerle un penal al Kun Agüero pocos minutos después de haberle regalado una pelota fuera del área, pero también estuvo cerca Jesús Navas de firmar las tablas con bastante arena aún por deslizarse reloj abajo. Rindió a un nivel notable la defensa de los de casa, con un gran Mascherano en labores de tapón, Mathieu esgrimiendo la escoba e Iniesta acudiendo a todas las ayudas, pero Hart fue una frustración constante y, en una noche que debería haberse saldado con un Balón de Oro instantáneo, Messi acabó quedándose a cero.

 

Lo mejor: Messi y Hart, Hart y Messi.

Lo peor: La violencia del City en la primera parte, pues cuatro amarillas sumaban en el minuto 36 y las de Nasri y Kolarov flirtearon con el naranja.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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