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La Liga - Jornada 12

Una noche para la historia

 

Textos de Redacción

Fotos LFP / Vídeos de Canal +

 

El Real sigue a lo suyo (golear, mantener el liderato de la clasificación, ver a CR7 dispararse al frente del pichichi), pero ni siquiera una derrota blanca por 7-0 en Ipurúa hubiera eclipsado, en la tarde-noche del 22 de noviembre de 2014, la noticia del récord anotador de Leo Messi, empatado, superado y aumentado con un "hat-trick" que permitió al Barça deshacerse de un Sevilla pegajoso pero inofensivo. ¿Queda atrás, por fin, la depresión post-Bernabéu? Sea como fuere, una cifra la oculta de momento: 253. 

 

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La Liga - Jornada 12

Una noche para la historia

 

Textos de Redacción

Fotos LFP / Vídeos de Canal +

 

El Real sigue a lo suyo (golear, mantener el liderato de la clasificación, ver a CR7 dispararse al frente del pichichi), pero ni siquiera una derrota blanca por 7-0 en Ipurúa hubiera eclipsado, en la tarde-noche del 22 de noviembre de 2014, la noticia del récord anotador de Leo Messi, empatado, superado y aumentado con un "hat-trick" que permitió al Barça deshacerse de un Sevilla pegajoso pero inofensivo. ¿Queda atrás, por fin, la depresión post-Bernabéu? Sea como fuere, una cifra la oculta de momento: 253. 

 

FC Barcelona-Sevilla CF

MAIS QUE ZARRA!

 

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FC Barcelona 5 – Sevilla FC 1

(Messi 21’, 72’ y 78’, Jordi Alba p.p. 47’, Neymar 49’, Rakitic 65’)

Podría decirse que, más que portador del dichoso virus FIFA, el parón de quince días por partidos de selecciones resultó balsámico para un Barcelona que transitó entre el rigor y la fantasía. Pero podría también interpretarse que, en un encuentro marcado por ansiedades de muy diverso signo, una prevaleció por encima de todas las demás. Así, mientras Messi derribaba  por fin el muro de Zarra (y cómo: a martillazo limpio), mientras ningún exsevillista ni ningún exbarcelonista resultaba clave en la derrota de sus respectivos exequipos (por más que Rakitic marcara y pusiera cara de susto para justificar la ausencia de celebración), mientras Luis Enrique no tenía que lamentar una nueva decisión controvertida (la de dar descanso a su central en mejor forma, Mascherano, frente a una de las escuadras revelación del campeonato), mientras Luis Suárez seguía sin estrenarse pero se redimía con un desempeño tan intenso como coronado con una nueva asistencia de genio, quien sí se vio superado una vez más por sus fantasmas y ansiedades personales fue el bueno de Unai Emery: dieciocho encuentros después, continúa sin saber lo que es ganar ante el Barça y suma ya diez derrotas en el Camp Nou. Y algo tendrá que ver la empanada del técnico guipuzcoano cada vez que pisa la Ciudad Condal con el hecho de que los suyos, quintos máximos goleadores del campeonato, no dispararan una sola vez a puerta a lo largo y ancho de los noventa minutos (¿que cómo consiguieron su tanto, entonces? pues muy sencillo: cual guardia fronterizo untado por las mafias del tráfico de personas, Piqué se desentendió clamorosamente de la entrada por banda de Vitolo; Bravo se preocupó más de cubrir a Denis que de la trayectoria del consiguiente centro y el balón fue a rebotar en el menos culpable del asunto, Jordi Alba, antes de colarse ridículamente entre los tres palos).

 

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En efecto, obsesionado quizá por la ausencia de sus dos laterales titulares, jugó el Sevilla antes a defenderse que a cualquier otra cosa, y no le vino nada mal que Clos Gómez decidiera que la suerte del agarrón no equivalía esta noche a tarjeta amarilla, sin importar lo más mínimo su recurrencia. A la vez, los andaluces, que padecieron la mejor faena de Busquets en lo que llevamos de temporada, también pueden denunciar con justicia que, en la jugada del 2-1, decisiva por darse al minuto apenas del tonti-empate, Neymar ganara el espacio cargando con los brazos contra la espalda del único rival que se interponía entre la pelota y su cabeza. Pero las responsabilidades de Emery y del trencilla se están perdiendo, se han perdido ya como lágrimas en la lluvia ante la nueva cima alcanzada por Leo Messi: sesenta años después, igualó el récord de don Pedro Telmo Zarraonandia con un lanzamiento de falta portentoso, sólo afeado por el sucedáneo de estirada de Beto; lo superó arrojándose sobre la misma boca de gol para rematar una asistencia de Neymar y, tras ser debidamente manteado por sus compañeros, se permitió el lujo de coronarlo con una tercera diana marca de la casa, buscando el apoyo de espaldas del brasileño y enviando su devolución seca y rasa junto al palo corto. Llevado por la alegría del 10, contagiado de esa leyenda que no deja de crecer (palmaditas en la espalda para el genio delirante que desde la capital se preguntaba esta semana si Messi tendría sitio en el actual Madrid), el Barça acabó gustándose, olvidando de momento la crisis de identidad generada por la derrota del Bernabéu (de nuevo, por cierto, con Xavi y Rakitic compartiendo titularidad, circunstancia ante la que incluso Rafinha respira aliviado).

 

Lo mejor: Messi, claro. Y, por los visitantes, esa pared de hormigón armado pero fugazmente transportable que es el polaco Krychowiak.

Lo peor: Que el nombre de Piqué acabe inevitablemente ligado a los goles que el Barça encaja con él en el campo. Milo J. Krmpotic’    

 

Rayo Vallecano-Celta

EL MISMO PARTIDO DE SIEMPRE

 

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Rayo Vallecano 1 – RC Celta 0

(Bueno 20’)

25 Euros. Álex se la pasa a Krohn-Dehli. Play. Empieza el partido. Balón a Fontás. Patadón en largo. El Rayo despeja. Minuto 5. Melonazo hacia Batistao. Stop.

 

Review. Replay.

 

Mientras dos de las mejores propuestas futbolísticas de España jugaban esta mañana en Vallecas, un Celta verdoso y un Rayo descolorido maltrataban el balón de área a área en el mismo sitio y a la misma hora. Una incoherencia sideral; un fallo en Matrix, una fatal convergencia espacio-temporal. Se maltrataban también entre sí y maltrataban la moral de los espectadores. 25 euros, pensaban estos, por ver un partido que hemos visto mil millones de veces.

 

Play. El Celta, en ese vídeo infame, intentaba lo que siempre intenta, pero el Rayo se encontró con un gol en el minuto 20 de metraje, cuando un melonazo se encontró a su vez la cabeza de Bueno en medio del área celeste. A partir de ahí, Jémez hizo gala de su condición de visionario futbolístico para anular cualquier vestigio de emoción, estética o dinamismo que se le atribuye a este deporte en su versión más tradicional y purista. Efectivamente, entre él y sus jugadores consiguieron revolucionar la rancia y sobrevalorada concepción del juego limpio y arar el campo con constantes pérdidas de tiempo y faltas.

 

Review. Otra entrada. Otra tarjeta. Otro pitido. Efectivamente, ese partido se había repetido mil veces antes. 25 euros. Se sabía qué iba a pasar.

 

Y como los del Rayo no se la pasaban entre sí ni en su estadio, el Celta se compadeció de su público y empezó a pasársela. A los del Rayo, claro. De vez en cuando, alguna jugada subversiva atascaba la tele: Krohn-Dehli al palo; Augusto tira fuera el rechace. El Celta roza el empate y descanso. Stop.

 

“Rec” (película de terror, no control del DVD).

 

Play. Ángulo inverso: todo empieza igual pero cambiado de lado. El Celta se la pasa un par de veces, corre con el balón en los pies, sigue rozando el gol. Otra vez al palo, la tira Cabral después de un córner. Pero poco más. Review. Falta-tarjeta, falta-tarjeta, falta-tarjeta. Y así se pasaban los minutos, como las cosas que no tienen mucho sentido. El público estaba incrédulo, enajenado, escéptico, porque el resultado estaba cantado. Hoy había sobre Vallecas esa bruma indefinida que le impide al Celta ser él mismo en ese campo. Una presencia esta vez manifestada en forma de árbitro permisivo y jugadores de rugby. Ni Tras-horas, máximo pasador de la Liga, se dignaba a jugar al fútbol. Orellana entró y casi lo revuelve todo, pero era el partido de siempre. 25 euros. Uno que no juega, otro que lo intenta y el balón “que no quiere entrar”. Así no se puede. Juego parado otra vez. Descuento…. De dos minutos. Perfecto. Perfecto para el Rayo.

 

Nunca se sabrá qué ocurrió con los dos equipos y su buen fútbol en esa sincronización sideral que confundió a 11.000 espectadores con un vídeo barato de su época de Segunda División. Esperemos que algún día recuperen el sentido.

 

Watch again? Brais Suárez

 

Redacción

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