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Mundial: Tercer y cuarto puesto

La final del desconsuelo

 

Texto de Santiago García Tirado

Fotos Fifa.com

 

Brasil 0 – Holanda 3

(Van Persie 9' pen, Blind 17', Wijnaldum 90 + 1')

 

Pasa que Brasil no ha sido Brasil este año; que se dejó seducir creyéndose otra Brasil y se embarcó en un mundial, pese a que generaba amplio descontento; que los que entendemos de burbujas sabemos que a veces pasa, y uno llega muy lejos, y luego reencontrarse con la realidad post-estallido es doloroso. Pero nadie, por supuesto, pensaba en esto a la hora en que empezaba el partido. Todos querían su dosis de irrealidad, incluido Neymar que saltaba al césped y la grada lo ovacionaba, y de paso se jaleaban unos a otros, algo que, según psiquiatras, funciona a falta de farlopa, pero no modifica la realidad.

 

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Y en el otro lado pasa que posiblemente Holanda también haya llegado más allá de sus posibilidades, después de dos partidos sin el alivio de un solo gol, y tras una victoria frente a México donde tuvo al azar de su parte. Y a Van Gaal. Y a su libreta, cierto, pero poco más. Con lo que ofrece un lado y otro veo que la final encarna un desconsuelo cósmico. Miren hasta qué punto, que en el calentamiento acaba lesionado Snejder, y Holanda pierde a uno de sus artilleros.

 

Yo hubiera acabado ahí, justo después del intercambio de banderines. Pero se conoce que hay un resto de desfachatez en cualquiera que llega lejos sin haber hecho méritos, y unos y otros se empeñaron en jugar. Y exactamente jugaron dos minutos, lo que tardó en llegar el penalty de la muerte súbita. Robben estuvo endemoniado en una penetración cuando Thiago Silva lo agarró y engañó al ojo, a todos los ojos, y al árbitro, a todos, excepto al hawk-eye, que no estaba en el estadio Nacional, ni está en los planes de la FIFA. Pero insisto en que Robben se lanzó muy bien. Como pueden observar, sus movimientos son imitados por los futuros goleadores en todo el mundo.

 

El disparo lo transformó Van Persie y le generó una felicidad de poco más de veinte segundos, lo que un orgasmo.

 

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Poco después, cuando corre el min. 16, me entero por as.com de que Brasil acaba de encajar su gol número 100, pero no he terminado de leer la noticia y veo que ya todo es pasado. Que ya estamos en el 101. Qué paradoja la del periodismo, empeñado en dar nuevas que cuando llegan al público ya han caducado por la llegada de otras nuevas y, sí, estamos ya en el gol 101 porque Brasil ha tenido otra vez la hora tonta. Una penetración hasta la línea permite a De Guzmán centrar al área un balón manso, David Luiz lo despeja sin fuerza de cabeza y en ese instante Blind acaba de materializarse solo, inmaculado, libre en el área, dispara en contrapicado y lo transforma en el segundo gol. Creo que la defensa estaba afectada después de haber leído la misma noticia que yo.

 

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Seguir peleando por el partido habría requerido mucha fe y algo de juego, pero nada de eso tuvo Brasil. La única opción desde ese momento fue el lanzamiento desesperado, la jugada sin elaboración, y nada de eso dio resultado. En el min. 30 lo mejor del partido estaba en la grada, donde el público había empezado a hacer la ola. Y luego, poco más. En el 37 Óscar saca una falta y el balón cruza ante la puerta de Cillessen, como un perrito que husmea y pasa de largo. En el 40 hay un tiro bueno de Van Persie, pero sin glam. Hay que decir que Van Persie no ha vuelto a ser el mismo desde lo de España. Con España coqueteó y hubo química, mucha más.

 

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Con la segunda parte apareció el espejismo de una leve mejoría de Brasil. Scolari dio entrada a Fernandinho y luego a Hernanes. Ramires hizo un buen disparo desde el borde del área en el 59, y todo iba adquiriendo un brillo especular. Por supuesto, quedó en eso. Desde el banquillo Van Gaal gritaba órdenes a sus centrales que dejaban jugar a Brasil siempre que no hiciesen un amago de ataque lo suficientemente creíble, porque entonces actuaban. Brasil, así, gozaba de más espacio pero no era capaz de más imaginación. En todo ese tiempo, Vlaar estuvo espectacular en defensa. Robben el antiestético estuvo espectacular en el ataque. Y antiestético, como siempre. En su honor diré, sin embargo, que en el min. 90 ejecutó un servicio maestro que acabaría en el 3-0 final. Dio el balón por la derecha a Janmaat (había entrado minutos antes), éste centró y Wijnaldum remató con un tiro flojo pero raso y bien colocado que no pudo contener Julio César, el acribillado. 

 

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El público del estadio al final aplaudió a Holanda y abucheó a los suyos. Ha abucheado mucho durante todo el torneo, a cualquiera que no fuera de su agrado. Que Olorun y los orishás no se lo tomen en cuenta. Ahora a Brasil le queda, a más de la deuda generada por el mundial, una sociedad convulsa y el veneno de una final desconsolada. Esa mixtura empezará a producir efectos el lunes, cuando el fútbol se acabe, pero convendrán conmigo en que falta mucho para el lunes. Hoy todavía es domingo y les espera una de las finales más atractivas que se hubieran podido imaginar. Va a ser eterno mientras dure, que decía Vinicius de Moraes, otro brasileño aclimatado al desconsuelo.

 

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Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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