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Mundial: Cuartos 1

Gana la tradición

 

Textos de Albert Fernández y Toni Castarnado.

Fotos Fifa.com

 

Hasta cuatro finales de Mundial (Inglaterra’66, España’82, México’86 y Japón’02) desmienten la famosa frase en que Gary Lineker sostuvo que el fútbol es un deporte donde veintidós hombres persiguen un balón durante noventa minutos y al final gana Alemania. Sí, en cambio, está más cerca de cumplirse el aforismo cuando los germanos se enfrentan a Francia, y la cita brasileña volvió a demostrarlo. Con poco lustre, siete jugadores engripados y un gol a balón parado, la Mannschaft volvió a pasar por encima del combinado Bleu, más imaginativo y dominador durante setenta minutos, pero anulado finalmente por la pereza de Benzema, la sobriedad de Neuer y, posiblemente, el calor de Río. Por su parte, Brasil volvió a hacer valer su condición de anfitrión y, de paso, subió un escalón en su juego, pero sufrió una vez más cuando James recortó distancias de pena máxima a diez minutos de la conclusión. La primera semi, pues, será una repetición de la final de 2002.        

 

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Francia 0 – Alemania 1

(Hummels 13’)

El típico chiste de alemanes y franceses, sólo que sin gracia: así se consumó el pistoletazo de salida de los cuartos de final mundialistas en el estadio Maracaná. En una competición donde los americanos acostumbran a salir airosos de toda embestida, el duelo fratricida entre dos potencias del Viejo Continente tuvo menos de épico y convulso de lo que procedía, lo que llevó a las consecuencias obvias: victoria germana. Francia y Alemania fueron ambas lo que se esperaba de ellas, y el resultante fue un duelo frío y resignado, donde la soberbia alemana pudo con la suficiencia francesa sin que ninguna de las dos selecciones mostrara en realidad verdaderos signos de entrega o agotamiento. La sensacional confrontación de mediocampistas entre ambos conjuntos tuvo menos relevancia de la que se preveía, pues en realidad la clave estribó en el balance entre las dos defensas y los atacantes respectivos, en el posicionamiento y repliegue táctico, y, también, en la actitud. Dos equipos que no guardan ningún misterio, a los que todos conocemos nombre por nombre, interpretaron a la perfección su papel, cumplieron con las medidas de cada hombre y su momento. Así, Müller fue el mismo jugador efusivo de siempre, hasta el punto de que su falta de acierto le llevó a simular algún penalti; KloseBenzema sufrieron el hecho de que en parte éste no era un duelo para nueves, aunque el alemán todavía tendrá al menos una oportunidad de batir el récord de goles en un Mundial, mientras que el francés llevó una vez más su desidia al desencanto. Khedira nunca dio la talla como cierre del mediocampo, aunque, con las internadas por banda y permutas de posición que protagonizaron los delanteros galos, quedó demostrado que Löw no se equivocó al devolver al incombustible Philipp Lahm al lateral derecho, porque Valbuena lo intentó de lo lindo, pese a que el guerrero pequeño pudo acabar con las costilla hechas añicos al impactar con un coloso como Schweinsteiger, mientras un impecable Antoine Griezmann creció y creció hasta donde le alcanzaron las fuerzas. Varane estuvo gigante excepto en el momento en que Hummels demostró que por alto y de cabeza es tan decisivo como para marcar el gol del partido y la eliminatoria. Pogba y Matuidi no estuvieron a la altura de sus peinados, Kroos cumplió en su justa medida y el infame Mesut Özil dio otro repertorio de intermitencias, donde lo mismo regateaba al personal con un movimiento de baile, o filtraba un pase de gol desaprovechado, que desaparecía tantos minutos que se volvía necesario desvanecerlo en el banquillo: un nuevo episodio de la insoportable levedad del media punta. Schürrle volvió a oficiar de revulsivo convencido, aunque esta vez  fallido; Götze, de comparsa cinco estrellas, y el guaperas de Giroud entró demasiado tarde como para borrarse la cara de loser. Y, todo el tiempo,  Neuer se bastaba con los puños para espantar cualquier atisbo de peligro galo, y se aburría tanto ante la furia de horchata de los de Deschamps que se echaba una y otra vez la pelota a los pies, mirando a sus centrales con cara de "¿me dejáis tocarla también un poco?". Alemania es tan grande que no le hace falta más que comparecer en el campo para hacerle un traje a los Bleu. Francia parecía que aspiraba a cotas más altas, pero no supo sacarse el complejo, ni acertó en aplicarle el brío adecuado a un partido que precisaba de mayores logros. No hubo revolución francesa ni verdadero fusilamiento alemán, y los cuartos de relumbrón se tornaron una broma tan vieja como la vieja Europa. Albert Fernández

 

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Brasil 2 – Colombia 1

(Thiago Silva 7’, David Luiz 69’, James p. 80’)

Minuto 19 de partido. Marcelo provoca un córner. Levanta los brazos, mira hacia las gradas y arenga a los suyos. Producto de la emoción, de la energía de un grupo que salió al campo a quitarse los miedos, fundados en ese aluvión de infartos en el país carioca tras el larguero de Pinilla seis días antes. Esta vez estuvieron cerca de vivir algo parecido, aunque la sangre no llegó al río. Con el cambio obligado de Paulinho por Luiz Gustavo, y el de Maicon por Alves (años atrás, el jugador de la Roma era el titular antes de que le tomaran la delantera, para este choque recuperó el puesto y obtuvo buena nota), Brasil salió con otra cara. Se había especulado con que sería Fred el que se quedaría fuera. Sin embargo, no fue así. Desde el Mundial de 1982, cuando en Brasil también el jugador más flojo era el delantero centro, no se habían encontrado con esa situación. Romario, Bebeto o Ronaldo dignificaron el dorsal con el número 9, y ahora vuelve a haber un vacío. Por lo tanto, para el gol buscaron otras vías, en esta ocasión fueron sus centrales las armas letales. Al poco de empezar, un córner botado por Neymar y en el segundo palo entra Thiago Silva, sin duda el mejor central del momento. Sólo verle con la elegancia que corre, y cómo sale al corte sin damnificados de por medio, ya justifica el precio de una entrada. Lástima de la estupidez que cometió al estorbar al arquero colombiano en un saque y llevar una tarjeta amarilla que le impedirá jugar las semifinales. Scolari no sabía dónde meterse, su baja es más importante que la hipotética de un Neymar que ha ido de más a menos en el campeonato, no le alcanza el físico (salió en camilla por un encontronazo con Zuñiga). De acuerdo que mantiene intacta su magia, y su presencia en el campo es clave, cabe que recupere chispa. En la primera parte, Brasil arrolló a una Colombia desdibujada, desconocido, sorprendida por el arreón inicial brasileño. Más que nunca, con el empuje del himno, cantado de nuevo con devoción por todos, el once amarillo no se reservó nada, con un Hulk muy activo y un Marcelo que, cuando se desata, es el mejor defensa atacante del planeta. Con ese pelo afro a lo Sly & The Family Stone, sólo le falta bailar sobre el rectángulo de juego, no hay nadie que se divierta más que él. Es contagioso. De Colombia, sólo dos llegadas de Cuadrado, y en el Mundial de los porteros (aún sigo alucinado con la parada en plan cyborg de Neuer a Benzema en el partido precedente), el cafetero también se puso las botas.

 

Tras la recaudación, cambio de decoración, Colombia deja de jugar agarrotada, Brasil no presiona tanto, James toma el mando y, con el dominio por bandera, llega el soberbio gol de David Luiz de falta. Impresionante golpeo del otro central brasileño, con el interior del pie la coloca en la escuadra, lógica la locura del nuevo jugador del PSG. Entonces fue el momento en el que Colombia demostró que los elogios no habían sido gratuitos. Entran Bacca y Quintero, empiezan a morder, mueven la pelota con soltura, llega un penalti, lo transforman. Quedan diez minutos de partido. Vuelve la congoja. De repente, la banda sonora del partido es la versión remozada del “Tengo Miedo” cantado por María Rodés. Con el linier de ese lado impecable, con varios fueras de juego pitados que eran justos pero en los que acertó, y la sensación de que al equipo de Pekerman se le escapaba una ocasión de oro, y así, rendir tributo a Escobar veinte años después de su muerte, abandonaron el campo como héroes. Los brasileños también, había sido otro partido trepidante de este Mundial. Aquí no hay quien pare, el que no se enganche al fútbol en este campeonato, que directamente piense en otro deporte. Este no es el suyo. Toni Castarnado        

 

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