Menu

mundial15a

Mundial: Día 15

Llora el fado, atruena el raï

 

Textos de Rodolfo Santullo, Antonio Lozano, Albert Fernández y Santiago García Tirado.

Fotos Fifa.com / Santiago García Tirado (#6)

 

Ensaya Cristiano Ronaldo, en la foto que preside estas líneas, gesto de veraneo playero (y, por favor, no nos pidan que interpretemos también la pose del jugador africano que lo acompaña). Sus declaraciones antes del decisivo Portugal-Ghana ya habían denotado cierta ausencia de fe, acrecentada por ese victimismo que le lleva a buscar culpables en cualquier lado menos en el espejo ante el que tanto tiempo debe de pasar. Y, aunque suyo fue a la postre el gol de la victoria, el equipo luso se quedó a otro par de tantos de aprovechar la derrota estadounidense frente a Alemania. Mientras tanto, Bélgica se deshizo de Corea del Sur jugando con diez y Argelia eliminó a Rusia, anfitriona del próximo Mundial, tras una mala salida de su discutido cancerbero, un Akinfeev cuyos dos errores (recuerden el del día de Corea) han pesado demasiado en un equipo tan capellista y, por tanto, más pendiente de su retaguardia que de salir a marcar goles. Acaba así –arf, arf, arf– la fase de grupos.     

 

mundial15b

 

Estados Unidos 0 – Alemania 1

(Müller 55’)

Cruce de villanos, ha dicho la prensa (bueno, la prensa internacional, ya que acá, en Uruguay, sólo se habla de Luis Suárez). Por un lado, los estadounidenses, el imperio, el capitalismo descarnado, el mal para toda mente con mínima influencia de izquierda. Por otro, los alemanes, eternos malvados de cuanta película de la Segunda Guerra Mundial se haya hecho. Pero, en la cancha, son distintos. Los gringos caen irremediablemente simpáticos (a mí, al menos) por ser el punto, el débil. Una selección en continuo crecimiento desde Italia ‘90. Los alemanes, en cambio, sí corresponden al estereotipo. Son una ordenada maquinaria, que juega con precisión y convencida de que su destino es ser siempre candidata al título.

El partido puede estar arreglado (cito nuevamente a la prensa internacional). Con un empate alcanza, los técnicos, Klinsmann y Löw, se conocen (de hecho, el segundo fue asistente del primero) y Alemania tiene tradición en eso de patear para atrás (junto con Austria, dejaron fuera a Argelia de esta manera). Además, este pensamiento refuerza la idea de que son ambos los malos de turno en este mundial.

Pero el partido arranca de otra manera. Arriba se va Alemania y ataca, ataca, ataca. Sorprende al normalmente capacitado Estados Unidos, que se cierra desesperado en defensa y busca apenas en aislados contragolpes. El juego se hace fuerte, trancado. Ambos demostrando que salieron a ganar, que al fin y al cabo hay otro partido que se juega de manera correlativa y bien puede perjudicar a cualquiera de los dos si se distraen.

El asedio alemán dura más o menos hasta la primera media hora de juego. Y, aunque siguen siendo ellos los que atacan -y sólo la presencia de Howard en el arco estadounidense explica el 0 a 0-, bajan las revoluciones. Y nos vamos al entretiempo.

Ya el segundo tiempo parece indicar otra cosa. Como que los alemanes se dieron por cumplidos y avanzan ahora a media máquina. Pero ojo, que es una media máquina que sigue y sigue y busca y busca. Enfrente, los gringos hacen lo que pueden y buscan cada tanto a su estrella Dempsey, que bajo la buena marca teutona ha sido completamente anulado. Y así continúa el devenir del partido hasta que, después de una impresionante tapada de Howard (otra más), el rebote lo toma Müller y se anota en la competencia de pichichi y mejor jugador del torneo, prendiéndole fuego desde fuera del área: 1 a 0.

Los estadounidenses tratan. Pero no arriesgan tampoco. Relojeando lo que pasa en el otro partido, por ahora no tienen problemas ni perdiendo. Por tanto, el único interés pasa por el ingreso de Klose y la posibilidad de que se transforme en el goleador histórico del Mundial. Lo que tampoco pasa.

El resultado se mantiene hasta el final: Alemania, que mejoró su imagen luego del empate con Ghana, y Estados Unidos, que cada Mundial me gusta más, adentro. Rodolfo Santullo

 

mundial15c

 

Portugal 2 – Ghana 1

(Boye p.p. 31’, Gyan 57’, Ronaldo 80’)

Unos  y otros necesitaban que, para empezar,  alemanes y estadounidenses no decidieran cambiar la diplomacia por el fútbol y optaran por sestear, evitando hacerse daño a base de apañar un empate. Luego tenían obviamente que jugar bien.  Lo segundo resultó lo más difícil.

Empezó tosco el partido, lleno de pases largos a nadie, imprecisiones, faltas. El público sólo disfrutaba entregándose a la ola. No había duda de por qué ambos equipos no dependían de sí mismos. Necesitado de golear para aspirar al milagro, Portugal mostró mucha más hambre y fue despertando gracias, en gran medida, al lamentable posicionamiento del rival en el campo, que no acababa de jugar a nada, sin constructores, piernas para qué os quiero y poco más.

Nadie condensaba más las ansias colectivas que Cristiano Ronaldo, cuyas ambiciones parecieron obturar sus males de rodilla: lo probó por tierra (falta) y aire (cabezazo), pero será verdad que la santera le echó mal de ojo.  Significativo fue que su equipo abriera el marcador con un autogol, precioso, eso sí, a resultas de una parábola tras despeje defectuoso. Luego fueros los lusos quienes se durmieron en los últimos diez minutos, por lo que tuvieron un par de sustos, pero lo que casi llega es un nuevo autogol de Ghana a cargo del mismo jugador, no tan cargado de lírica, pero casi. Quizás ya se vio fuera y quiso certificar el contrapichichi. Una primera parte bastante borreguil. En el otro match, teutones y yanquis parecían ir con el lirio en la mano. Malos augurios.

Salieron los africanos destemplados, pensando muchos ya en las vacaciones, pero Portugal exhibió una pareja carencia de atributos. Y el páramo que era el Estadio Nacional de Brasilia se convirtió de golpe en una película de intriga. Alemania marcó y Portugal necesitó tres goles para clasificarse. A los dos minutos empató Ghana (tras un primoroso centro con el exterior del pie) y necesitó a su vez un gol para clasificarse. Dejaron de verse en las playas brasileñas con sus familias. Se envalentonaron y, con dos recursos y medio, pusieron en apuros a un Portugal pobre, pensando ya en no dejarse el neceser al hacer la maleta. El partido se rompió con llegadas de ambos equipos, algún que otro pelotazo sin sentido, airadas protestas al árbitro. El único interés era ver si Ghana la metía y USA, no. Pero lo que pasó es que el portero ghanés le regaló un balón a Ronaldo que ríete tú de los anillos de compromiso. Segunda ofrenda del partido. Portugal volcó la artillería aunque volvía a necesitar tres goles. Festival de pelotas colgadas a la búsqueda de su estrella, que tuvo dos ocasiones clarísimas. Ghana, de vuelta a las playas brasileñas con la familia. Pequeña tangana final por la frustración compartida. Ninguno mereció clasificarse.

Coda: ¿Por qué se sancionan las dotes vampíricas de Luis Suárez y no el peinado sideral de CR7? Cada uno es aberrante a su manera. Antonio Lozano

 

mundial15d

 

Corea del Sur 0 – Bélgica 1

(Vertonghen 78’)

En la última jornada del grupo H, Bélgica logro un perfect que, con todo, arrastra varios defectos de forma y siembra algunas dudas, mientras que Corea del Sur se sumó al grupo de equipos asiáticos incapaces, consumando una decepción que revela un punto de involución en el desarrollo del juego oriental. En Sao Paulo, con su equipo ya clasificado de antemano, Wilmots decidió dar minutos a algunos de los inéditos de la selección, mientras permitía descanso a hombres esenciales como Hazard, LukakuWitsel y Kompany. Apetecía ver especialmente al jovencísimo mediocampista del Manchester United,  Januzaj, pero su actuación tuvo tan pocas cosas destacables como la de su escuadra, en una jornada donde las tensiones y alternativas se las repartían los otros tres equipos del grupo. Sin apenas signos que inquietaran en el juego coreano ni tan solo después de la expulsión del extemporáneo Defour, bastó la pujante capacidad incisiva del más inspirado de los Diablos Rojos hasta el momento, Dries Mertens, y una llegada fulminante de Vertonghen a un rechace de Kim Seung-gyu tras tiro de Divock Origi, para consumar el pleno de puntos, como siempre a última hora. Tal vez en octavos de final los belgas deberían empezar a pensar en jugar los partidos de principio a fin. Escatimar contra Estados Unidos puede costarles caro. The American Jesus always gets what he wantsAlbert Fernández

 

mundial15e

 

Argelia 1 – Rusia 1

(Kokorin 6’, Slimani 60’)

Y quedaban los últimos, como los últimos borrachos de la boda, o los últimos teloneros del festival, y sí, alguien tenía que permanecer allí para retransmitir su gesta. Yo. No guardaré rencor a los que ayer estuvieron más pendientes de la final de la Liga Endesa de básquet, o de las evoluciones de CR7 con Portugal. Pero os provocaré un berrinche a base de envidia.

Lo de ayer fue mucho más allá del pobre cartel de fútbol. Y sólo unos pocos fuimos capaces de ver que lo que se dirimía en el campo tendría repercusiones a escala geoestratégica: no en vano jugaban los dos colosos del gas. No muchos fueron capaces de columbrar ese asunto al fondo del partido, pero yo hoy puedo afirmar que ahí estaba la razón de ser de un encuentro que lo tenía todo para provocar una deflagración de consecuencias imprevisibles. Y paso a resumirlo.

La selección rusa es extraña, los rusos son extraños. Tienen ya la cartera llena de contratos para el próximo Mundial, del que serán organizadores, y han decidido invertir sin miramientos en el entrenador más caro, Capello, como si el solo hecho de soltar pasta bastase para surtir beneficios. Sin embargo, todavía no han ganado un partido. En la liga rusa el dinero corre de igual manera, los sueldos han aumentado exponencialmente en los últimos años, pero no han visto surgir un solo jugador de talla que pueda dar cuerpo a sus aspiraciones. Frente a ellos, Argelia, mucho más comedida, se ha contentado con formar su equipo reclutando entre los muchachos de las banlieues francesas hasta dar con un conjunto muy equilibrado que dirige con éxito un entrenador bastante más de clase media llamado Halilhodzic.

El partido empieza con nervios, porque ambos combinados saben que dependen de sí mismos para clasificarse. Los primeros compases resultan volátiles, pero no tarda en llegar otro gol tempranero (y van ocho en el mundial). Kombarov lanza un centro preciso a un área repleta de defensas incapaces de contener el salto de Kokorin. Corre el min. 6, y se respira cierta euforia en Rusia. Todo parece ir bien en las filas europeas, así en defensa como al contragolpe. A la media hora todo cambia, y Argelia empieza encontrarse a sí misma. Brahimi lanza un tiro raso que obliga a Akinfeev a desentumecerse (min. 36). Y lo que debería dar más miedo a los rusos: Slimani ha sacado dos veces la cabeza por encima de la mêlée, con intenciones nada amistosas.

Tras el descanso, se repite el fenómeno de la imprecisión, cuando todo parece posible. El primero que dispara es Samedov por los rusos, tras una pared magistral con Kokorin, y M’Bohli logra detener el balón. Pero la siguiente sorpresa la dará poco después Argelia, y será letal: Slimani vuelve a descollar entre la multitud y, ahora sí, de un cabezazo manda el balón al fondo de la red. Intentará la victoria Rusia con diversos contraataques, como el de Kerzhakov en el 70, que lanza raso y durísimo un balón a punto de colarse bajo el lomo de M’Bohli. Argelia, que decide rentabilizar su tanto, echa el cerrojo cuando todavía queda un cuarto de hora, y deja a Rusia dar cabezazos contra el muro. La actitud es arriesgada y puede traerle consecuencias, pero persiste en esa táctica. Y el tiempo acaba por darle la razón: el marcador ya no se mueve.

Nada estalla en el campo, como conviene al tema de fondo (el gas). El empate es un buen resultado, en cuanto guarda una significación tranquilizadora en ese contexto, algo que sólo algunos visionarios somos capaces de comprender (¿desvelará Antonio Baños más claves al respecto en su próxima Conspiranoia?). En el otro aspecto, el empate es un fracaso para los rusos, que, a la vez que se retiran, ya empiezan a plantearse con cuántos millones de rublos más podrán comprar la felicidad futbolística. Mientras tanto, en las Ramblas de Barcelona ha estallado la locura (vean la foto al pie), con cientos de argelinos cantando, prendiendo bengalas y ondeando banderas, hasta que llega la Guardia Urbana y manda firmes. Mañana se acordarán de que su próximo rival es nada menos que Alemania (lo que a nivel geoestratégico es un dato espantoso), pero hoy no importa. La alegría (como el negocio) sólo puede tener presente, y conviene exprimirlo. Santiago García Tirado

 

mundial15f

Redacción

El equipo de redacción de Blisstopic. Somos gente mala y peligrosa, pero queremos un mundo mejor, una blisstopía.

 

blisstopic@blisstopic.com