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Real Madrid 2013-2014 Vol. 10, la décima

Juanito se pasó por Lisboa

 

Miguel Martínez

Fotos La Liga y UEFA

 

Llegas al bar. TV3 y Jordi Pujol (y familia: esos hijos tan aplicados) han hecho su trabajo. Todo sea por 1714. Así que todos los culés son hoy rojiblancos. Y colchoneros, cholistas. Lo que haga falta. Quieren verte caer. Se relamen. Están como “mikimotos”. Solo te apoya Salvatore, napolitano y merengue, y un francés perico que siempre bebe pastis (pronúnciese pastís). Falta el gitano vikingo, que hoy verá el partido en su casa. Minuto 93: aparece Sergio Ramos, con dos huevos como dios manda. Juanito está en Lisboa.

 

Tirar la Liga ha sido un acto de dejadez (casi) imperdonable. Porque la Liga la tiró el equipo merengue tras la victoria en Munich. No se le cayó ni se la quitaron. La tiró. Sus últimos partidos fueron desagradables. Daba grima contemplar tanta dejadez. Eso no tiene por qué disculparse. Así que no se disculpa. Afortunadamente, la ganó quien más lo mereció, de manera que Dani Alves y compañía quedaron retratados y el Camp Nou aplaudió a quien había que aplaudir. Solo había una manera de justificar (parcialmente) el deterioro de las últimas semanas: vencer en Lisboa. Se logró con dos huevos, los que puso Sergio Ramos para rematar de cabeza ese córner lanzado por Modric cuando se nos acababa el suero. Un Ramos que hasta enero no tuvo, precisamente, la cabeza en su sitio, pero que desde entonces ha ido de menos a más hasta ponerse a la altura de Diego Godín. Lo decía el cordobés culé que tenía metro y medio detrás, en la barra. “A la que les metáis el empate, se cagan”. Eso parecía, pero el empate no llegaba. Hasta el 93.

 

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Luego, la prórroga dio la razón a un Carlo Ancelotti cuya alineación inicial (con Khedira a medio gas ocupando el vacío del sancionado Xabi Alonso, en vez de hacerlo el suplente Illarramendi; y con Benzema infiltrado pasando por encima de Isco) echaba un pulso a Florentino. Los fichajes del verano pasado no los hizo el italiano y les da trato de secundarios. Más recochineo: Di María, otro que le sobra a Pérez, fue elegido MVP del partido. Ironías, y más ahora que toca hablar de altas y bajas. El fallo de Iker (los fallos: también cantó en otra salida, además de la del 0 a 1) puso el acento épico. Torturado. El ídolo machacado tambaleándose. Los fallos de Bale (y su único acierto: el segundo gol, mérito de Di María en no menos del cincuenta por ciento) pusieron el acento comercial. El ídolo forzado tambaleándose. Sergio Ramos arregló lo primero. Lo segundo no, porque solo puede arreglarse si el galés le da la vuelta a su tortilla. Casillas no tiene, a estas alturas, que demostrar nada a nadie en el Planeta Merengue. Bale, que sigue con su actitud de verso libre, de momento no ha mostrado casi nada de lo que vale, al margen de aquel sprint en la Copa del Rey con el que aún sueña el azulgrana Bartra y otra media docena de fogonazos. Vino para ser Drazen Petrovic y de momento es Larry Spriggs.

 

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La prórroga puso las cosas en su sitio, decíamos, y lo hizo ante un rival dignísimo, que Simeone ha barnizado con virilidad y arrebato, al que el tiempo suplementario se le atragantó por agotamiento. Y es que aunque faltaba Xabi Alonso y Benzema no acabó de estar (los dos botones que encienden la máquina blanca cuando la máquina blanca se enciende de verdad), ya en la última media hora de los primeros noventa minutos se vio que los blancos apelaban al partido político de moda. Sí, podemos. El partido se movió durante ese tramo por el filo donde pasas de tenerlo todo a tener nada. Y si el testarazo del central sevillano no hubiera entrado... Pero entró. Y Salvatore, que anda dejando el alcohol, se pidió unas cervezas y aparcó el Nestea, y el gitano bajó de su casa vestido de merengue, bufanda incluida, y el francés perico se puso más contento que Tamudo cuando marcó aquel gol en el Camp Nou, y Emilio nos invitó a cava, una, dos, tres botellas... Y hasta el culé cordobés se apuntó a la fiesta. El circo no cierra y la vida sigue.

 

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Miguel Martínez

Este egarense se hizo del Real Madrid a los tres, cuatro años. Jugaban Benito, Santillana, Velázquez, García Remón o Miguel Ángel, Pirri... El equipo merengue era el mayoritario (de muy largo) en los bloques de la Vitasa, especie de república escindida del barrio de Can Boada. Días de pelotas de bolsas y papel en los patios de los colegios, de costras eternas en las rodillas. Faltaba un decenio para que naciera la (única y azulgrana, luego no libre) TV3. Temps era temps. Luego le dio por dedicarse a la música, escribiendo de ella o montando conciertos, bla, bla, bla, y hasta hizo algún libro (el último, “La mitad de lo que quisimos ser”; Editorial 66rpm), pero eso aquí no toca, esto va de patear el balón.

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