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FC Barcelona 1 -

At. de Madrid 1

ASÍ SE GANA UNA LIGA

 

Milo J. Krmpotic'

Fotos LFP

 

En el descanso, cuando el Futbol Club Barcelona llevaba un cuarto de hora siendo campeón de Liga, el Atlético de Madrid se las había visto ya con la siguiente colección de contratiempos:

a) Un estadio lleno hasta la bandera, que durante los tres minutos del himno y algún momento más del primer tiempo había mostrado la emotiva y devota unidad de los campos británicos.

b) Las lágrimas de Diego Costa, de nuevo más voluntad que sentido común, de nuevo traicionado por su ansia por no faltar a una cita importante, de nuevo roto a las primeras de cambio, cuando un contraataque reclamó un sprint al que sus isquios no lograron responder.

c) Las lágrimas de Arda Turan, cuya pubalgia no superó un encontronazo con Cesc, protagonista, pues, del segundo cambio rojiblanco por lesión cuando se habían disputado apenas veintitrés minutos.

d) Un gol imposible de Alexis, fruto de un sorprendente disparo lateral a bote pronto, que superó la oposición de dos defensas y la ausencia de ángulo para reventar la escuadra corta con fantástica violencia, una utopía para la estirada de Courtois, en la única oportunidad del equipo azulgrana si descontamos un chut lejano de Adriano.

En el descanso, cuando el Futbol Club Barcelona llevaba un cuarto de hora siendo campeón de Liga, el Atlético de Madrid decidió que no había llegado hasta ese punto para dejarse vencer por el infortunio.  

 

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Y su regreso al terreno de juego fue un monumento a la ambición y el espíritu de victoria, los cimientos del mismo anclados en la única circunstancia más o menos azarosa en la que le había sonreído la fortuna: la designación como trencilla de Mateu Lahoz, el árbitro amigo del choque y del “jueguen-jueguen”, el mejor aliado para que la presión al límite de los medios colchoneros no se tradujera en un festival de silbato cada vez que uno de los pesos pluma barcelonistas volaba por los aires. Así, el Atlético acorraló al Barça en su área a lo largo de cuatro minutos electrizantes, durante los que Villa (recordémoslo, el descarte de la delantera azulgrana para esta temporada) se mostró fiel a su costumbre de disparar a la madera, donde Pinto insistía en responder con los pies a balones que exigían a un portero que buscara blocarlos y eliminara de cuajo segundas opciones, donde el enésimo lanzamiento de esquina concedido por el equipo que peor sabía gestionar ese tipo de acciones encontró el salto solitario y el cabezazo canónico de Godín a las redes. Pero no fue ese tanto lo que acabó valiendo una Liga, sino la exhibición de coraje y la capacidad de sobreponerse a la adversidad de los chicos del “Cholo”.

 

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Se podrá decir que el Barça arrastraba circunstancias más penosas, vitales antes que deportivas, aunque también de este último corte. Era Tito, y no el “Tata”, quien debería haber ocupado su banquillo, pero Tito ya no se encontraba siquiera al otro lado del televisor. Y, en términos menos trágicos, debería haber sido Valdés quien defendiera la portería, claro, no Pinto. Y, en un mundo sencillamente ideal (o, por lo menos, donde Sandro Rosell no hubiera jugado a ser el Florentino de la Ciudad Condal), Mascherano, hoy de nuevo ejemplar, hubiera apuntalado el medio campo tras la lesión de Busquets sin necesitar de los inocuos servicios de Song, por disponer de un central de garantías que le guardara la espalda. Y quizá Pedro no hubiera caído en desgracia tras constatar que, por muy bien que hiciera las cosas, Neymar siempre le iba a pasar por delante. El brasileño, a todo ello, llegó a tiempo de jugar media hora, pero fue de nuevo presa fácil para la zaga atlética cuando no acabó regateándose a sí mismo (ojo a la estadística goleadora, quizá cruel por la nula atención que presta a lesiones y progenitores en el ojo del huracán, pero demoledora al señalar que el crack de la canarinha ha acabado el año con nueve dianas en Liga por quince de Pedro y diecinueve, diecinueve del injustamente vilipendidado Alexis).

 

Así las cosas, explicar por qué el Barcelona no supo desnivelar el marcador pese a disponer de cuarenta minutos ante sus pies y 96.000 espectadores a sus espaldas implicaría caer en la redundancia respecto a las crónicas de los partidos frente al Elche, el Getafe, el Granada, los cuartos de Champions ante este mismo rival y un largo etcétera. Y, en lo particular precisamente, ¿qué duda puede caber cuando el “Tata” no ha logrado ganar uno solo de sus seis enfrentamientos directos con el “Cholo”? Hubo espíritu en el bando azulgrana, resulta indiscutible, sus jugadores lucharon hasta el último segundo, pero la verdad es que más bien deberíamos hablar en términos de “banda”. Sin automatismos, sin recursos para superar la más elemental presión, sin ideas que no pasaran por bombear balones a cabezas siempre rivales, sólo un milagro podía desnivelar la balanza, más que más ante un Atlético que en cada lance se dejaba un jirón de piel si era menester.

 

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Pero, como a lo largo de todo el año, el hombre de los milagros, el hombre de los ya veinte millones de euros por temporada, no apareció. Dicen, a todo ello, que resulta lógico que Messi cobre en el fútbol lo que, por ejemplo, Kobe Bryant en el baloncesto. Cabe responder, pues, que, en una final de estas características, los minutos decisivos no hubieran encontrado a Kobe botando el balón a media cancha, sino jugándose por lo menos el disparo ganador. Pero en esas estamos, en esas seguimos en Can Barça, hablando de números antes que de prestaciones o de mentalidad. No hace mucho, si había que ir a Madrid a conquistar la Liga, se iba a Madrid y se conquistaba. A día de hoy, la Liga no se gana ni dirimiéndola en el Camp Nou con la necesidad de un único gol. Frente a la desilusión resultante, eso sí, sólo queda reconocer el siempre disciplinado, y esta tarde sencillamente épico, ejercicio de los muchachos del “Cholo”: se lo han ganado a dentelladas. Felicidades, Atleti.                            

                                                         

FC Barcelona 1 – Atlético de Madrid 1

(Alexis 33’, Godín 49’)

Camp Nou (Barcelona) 17/05/14

Público: 96.973 espectadores

Árbitro: Mateu Lahoz

 

FC Barcelona: Pinto, Adriano, Mascherano, Alves, Piqué, Busquets (min. 57 Song), Iniesta, Cesc (min. 77 Xavi), Alexis, Pedro (min. 62 Neymar), Messi.

Entrenador: Gerardo “Tata” Martino.

 

Atlético de Madrid: Courtois, Godín, Miranda, Juanfran, Filipe Luis, Arda Turan (min. 23 Raúl García), Tiago, Gabi, Koke, Diego Costa (min. 16 Adrián -min. 72 Sosa-), Villa.

Entrenador: Diego “Cholo” Simeone.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com