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Real Madrid 2013-2014 Vol. 7

Baby, Stop crying

 

Miguel Martínez

Fotos La Liga 

 

Entre el tufo llorica que nos dejó ese culé renegado que es Mourinho y el que sigue soltando el constructor de edificios que ha okupado (con k de eurakos) la presidencia (el poder del perro), estamos apañados. Menos mirar a los árbitros (que sí, que Neymar es un piscinero y Sergio Busquets tan gilipollas como Pepe) y más autocrítica. El virus lo tenemos dentro. Y a Varane en el banquillo.

 

Realmente, a estas alturas de la película de la temporada futbolística, es para estar contentos. Me refiero a los aficionados merengues. Porque a pesar de todo hemos llegado a la final de la Copa del Rey (ergo, aún se puede ganar), en Champions nos ha tocado en el sorteo de cuartos casi el mejor rival (ergo, el peor equipo) que había en el bombo (ergo, también se puede llegar a semifinales; y no olvidemos que ahí jugará Casillas) y en la Liga andamos empatados a puntos con el líder. Repito, es para estar contentos. Porque eso se ha logrado sin hacer gala de ninguna excelencia balompédica (ha habido algunos ejercicios notables, cierto, pero son minoría, en la mayoría el equipo se ha movido en una nota media de un 6 y pico sobre 10), con alineaciones sospechosas, errores que se repiten y tirando de fogonazos más que de constancia. Habrá que suponer que si de esa manera estamos donde estamos, corrigiendo lo que no acaba de funcionar lo que resta de temporada podría dar unas cuantas alegrías. Habrá que suponer, pero...

 

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… el problema es que no parece que vaya a corregirse. Lo de Bale, mismamente. Ese lastre. La banda derecha, el domingo contra el Barcelona, un agujero. Carvajal contra Iniesta y Alba. Too much. Y el galés con esos ojos de prismático 10 x 50 que pone (los de larga distancia), mirándolo desde treinta metros. Ni defendió ni elaboró. Desubicado. Con esas galopadas en línea recta en las que se le acababa el campo y él sin centrar (cómo va a hacerlo en condiciones desde ahí, si él es zurdo). Inútil, por no útil. Pues bien, Bale seguramente va a seguir jugando a lo mismo, y más ahora que la sombra de Jesé no es ni sombra ni alargada. También apuntan los pronósticos a que Modric continuará ejerciendo de pareja de Xabi Alonso. Y no es que no tenga condiciones para ello, seguramente es la mejor opción actual si se tira de doble pivote, en vista de que Illarramendi sigue sin ponerse las pilas (nen, espabila), pero el croata es media punta. Ahí es donde más luce y duele. Y de eso ni juega ni pinta que vaya a hacerlo. Otra pieza del puzle mal colocada, por esas cosas que vienen de Gales, es la de Di María, cuyo esplendor se expresa cuando lo ponen de extremo, y no de interior. Que se lo pregunten a Coladero Alves, a quien le hizo el domingo varios trajes en la primera parte al sentirse López Ufarte. Si en la segunda mitad el argentino jugó a otra cosa no fue por orden del árbitro, sino de un tal Carlo. Tampoco fue el árbitro el que mandó a Cristiano Ronaldo perder casi todos los unos contra uno que disputó, en otro de esos partidos en la cumbre en los que le entra el bloqueo mental y se marca a sí mismo. Ni tengo la sensación de que Benzema, en muy dura pugna con Bale y Ronaldo para ver quién presionaba menos a la defensa culé, fallase más goles de los que acertó porque el del silbato se lo exigiera.

 

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Es cierto que lo de Sergio Ramos a Neymar no es penalti, sino un piscinazo (otro más) del brasileño. Es cierto que Neymar está en fuera de juego cuando Messi le da el pase. Pero, ¿no sería más válido, en vez de insistir en esa queja, analizar cómo estaba de mal colocado el Real Madrid en esa jugada para que Lionel, casi desde el círculo central y sin nadie que le encimara, desactivase con esa diagonal a Xabi Alonso, Modric, Pepe, Sergio Ramos y Marcelo? ¡A medio equipo! Es verdad que sin ese error arbitral, y la expulsión del central sevillano, el partido no pintaba que pudiera acabar de la manera que acabó. Pero también lo es que si se había llegado a ese 3 a 2 es porque Undiano había rendido un sentido homenaje a Guruceta minutos antes. En resumen, y como decía la cuarta canción de “Street Legal”, aquel estupendo arrebato gospel que tuvo Bob Dylan en 1978, “Baby, Stop Crying”. El domingo el Real Madrid perdió, básicamente, por lo mismo que no se ha ganado ninguno de los dos partidos al Atlético de Madrid: porque el centro del campo no tuvo la  consistencia requerida y fue superado por el del rival. En la vuelta contra el Schalke 04 los alemanes ya le comieron esa tostada a los de Ancelotti en un buen tramo del partido. Contra el Málaga, ídem. Pocas imágenes reflejan mejor los males actuales en el mediocampo que esa del final del partido en La Rosaleda, con Xabi Alonso saludando a sus compañeros mientras va soltando “no puedo más, no puedo más”.  

Miguel Martínez

Este egarense se hizo del Real Madrid a los tres, cuatro años. Jugaban Benito, Santillana, Velázquez, García Remón o Miguel Ángel, Pirri... El equipo merengue era el mayoritario (de muy largo) en los bloques de la Vitasa, especie de república escindida del barrio de Can Boada. Días de pelotas de bolsas y papel en los patios de los colegios, de costras eternas en las rodillas. Faltaba un decenio para que naciera la (única y azulgrana, luego no libre) TV3. Temps era temps. Luego le dio por dedicarse a la música, escribiendo de ella o montando conciertos, bla, bla, bla, y hasta hizo algún libro (el último, “La mitad de lo que quisimos ser”; Editorial 66rpm), pero eso aquí no toca, esto va de patear el balón.