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Real Madrid 2013-2014 Vol. 5

El nuevo tridente lleva silbato

 

Miguel Martínez

Fotos Real Madrid.com y La Liga 

 

Ya tenemos la final copera que se veía venir, aunque esperamos que no la dispute el mejor jugador azulgrana de las semifinales, González González, el árbitro del partido de ida. Lo juntas con su colega Gil Manzano (el que tan bien combina con Alexis en el fuera de juego) y Messi parece más inofensivo que una escopeta de caña. Ellos por los extremos y Ayza Gámez, gran fenómeno, el que expulsó a Cristiano en San Mamés, de ariete por el centro y a ver qué galgo se salta ese tridente. Están pasando cosas.

 

Lo dejábamos el otro día hablando de que el Real Madrid tenía a tiro a las dos perdices que este año toca comerse en las competiciones nacionales (aka estatales según algunos, aunque no es mi caso, tan harto de estados y presuntos estadistas; nacional me suena más a territorio, a río y montaña, y estatal a órgano de gobierno, a juez y parte). Han pasado un par de jornadas y ya no es que estén a tiro, es que están ahí. Triple empate en cabeza a 57 puntos. A la chita callando les hemos agarrado del cuello, algo que hace un par de meses parecía bastante complicado, en vista del juego que se desplegaba, tanto que solo lo veía claro Tomás Roncero (menudo iluminado).

 

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Pero a diferencia de lo que ocurre con las aves, que lo difícil, lógicamente, es pillarlas con la mano, y no tanto apretar o retorcer su cuello hasta asfixiarlas, en el fútbol pasa al revés. Cuesta más dar el toque de gracia. El cuello del cambio de ciclo es más grueso y para doblarlo hay que poner la mirada del tigre (esa que Loquillo dijo que tenían Pearl Jam; lástima que lo dijese cuando hacía años que la habían perdido). Pues bien, el día que tocaba hacerlo al equipo de Ancelotti le entró el tembleque contra el Athletic en su campo, donde el apretado y el retorcido fue él. Ni mirada del tigre ni ojos de serpiente ni gaitas. Cuando tocaba asustar a las dos perdices no se hizo. Que el árbitro expulsara en el tramo final del lance a Cristiano por hacer lo que Diego Costa ejecuta media docena de veces en cada partido no es excusa. Explica otras cosas, pero no el juego pequeño y acongojado. Los cambios posteriores a la roja del portugués, tirando por la calle del cobarde, subrayaron que allí no se había ido a dar un puñetazo en la mesa de la Liga.

 

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Se supone que la resaca del mal trago vasco ayudó a reflexionar. Las resacas suelen hacerlo, para eso las han puesto ahí. Ayudan mucho a arrepentirse y rectificar. Y más ayudarían si el día después de la resaca no se soliera volver a las andadas. Por suerte, el día después de la resaca en la Casa Blanca se hicieron las cosas como Juanito manda y pagó las consecuencias el gallito de la temporada, ese sediento Atlético de Madrid al que en la ida ya dejamos sin Copa (rebotes incluidos; son como los postes, también juegan). Película en dos actos que tuvo continuidad liguera con el Villarreal, donde hasta Gareth Bale pareció (solo pareció) despertar de ese encantamiento que le abruma y nos abruma. El día que le salga un partido como los que está haciendo Jesé son capaces de adelantar el Telediario de La 1 para contárnoslo. A ver si la hija de Ancelotti, la tal Karla, tiene algo que decir también de eso, en plan “¿por qué todo el mundo se preocupa de Gareth Bale y a nadie le importa cómo están Di María o Jesé o Morata? No lo entiendo, son jugadores buenísimos, con un montón de aptitudes”. Una lección hipster de madridismo, lo que nos faltaba por escuchar. Y a todo esto, Iker Casillas suma y sigue: 862 minutos imbatido. 

Miguel Martínez

Este egarense se hizo del Real Madrid a los tres, cuatro años. Jugaban Benito, Santillana, Velázquez, García Remón o Miguel Ángel, Pirri... El equipo merengue era el mayoritario (de muy largo) en los bloques de la Vitasa, especie de república escindida del barrio de Can Boada. Días de pelotas de bolsas y papel en los patios de los colegios, de costras eternas en las rodillas. Faltaba un decenio para que naciera la (única y azulgrana, luego no libre) TV3. Temps era temps. Luego le dio por dedicarse a la música, escribiendo de ella o montando conciertos, bla, bla, bla, y hasta hizo algún libro (el último, “La mitad de lo que quisimos ser”; Editorial 66rpm), pero eso aquí no toca, esto va de patear el balón.