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Doctor Extraño

Jason Aaron y Chris Bachalo

Panini

8,5

 

David Aliaga 

 

Estoy que no quepo en mí de hype. Es tan grande el furor promocional que me ha invadido a seis meses de que Benedict Cumberbatch se aparezca en las salas de cine en la piel del Dr. Extraño que estoy pensando en afeitarme la perilla y dejarme bigote. Con todo, la felicidad del parásito friki que me habita no tiene tanto que ver con la película protagonizada por el hechicero supremo de Marvel como con su recién traducida serie mensual. Aunque se me ocurren pocos actores mejores que Cumberbatch para encarnar a Stephen Strange –esa altivez británica, ese cinismo sherlockiano–, mis expectativas sobre la calidad de la película son moderadas. Sin embargo, la renovación del personaje emprendida por Jason Aaron y Chris Bachalo es posiblemente lo mejor que podía traernos la inclusión del mago en el entorno cinematográfico de la Casa de las Ideas.

 

Pese a la importancia del personaje en Civil War y Secret Wars, el señor de las Artes Místicas no habría estrenado su propia serie mensual de no ser por su inminente estreno en la gran pantalla. Esto podría mover a desconfianza (van a sacar la película y quieren ganar unos cuantos dólares más colocándonos el papel), sin embargo, hace muy poco Los Guardianes de la Galaxia ya vivieron un más que digno renacer de tinta gracias a su película y todavía estamos disfrutando de sus aventuras. Así que tan pronto como Panini lanzó en España el primer número de la nueva grapa (bimensual a partir de mayo, según parece) del Dr. Extraño me lancé a comprarlo. La última vez que un compatriota pudo ir a una librería para hacerse con una grapa de las aventuras del doctor yo tenía ocho años. Desde entonces, los lectores del doctor hemos tenido algunos volúmenes notables como El juramento (Brian K. Vaughan) y apariciones destacadas como secundario, pero ni rastro de la excitación de la espera del que sabe que en unos días tendrá un nuevo capítulo. Claro, que esa sensación no logran inocularla la mayoría de cabeceras que edita Marvel en estos días.

 

Pero el Dr. Extraño de Aaron y Bachalo, sí. Ya lo creo que sí.

 

 

La ilustración de cubierta del primer número ya deja ver una renovación del personaje con absoluto respeto por su esencia clásica. Los lápices de Bachalo, a veces con aire de cartelista art noveau, a veces con aire de cartoonista, le conceden a las nuevas aventuras del hechicero supremo una contemporaneidad que le sienta bien. El Dr. Extraño ya no levita en los años 90 sino que ha traspasado el umbral místico del siglo XXI. Su bigote y su peinado son ya más hípster que de anuncio de loción de afeitado. Su capa ya no es tanto la de Ramón García en Nochevieja. Pero siguen siendo el bigote y la capa de levitación del discípulo del Anciano. Aderezada con una composición absolutamente dinámica y variada, la parte estética del tebeo bien merece entretenerse en ella, disfrutarla.

           

Respecto al argumento, Aaron resuelve el reto de introducirnos en el universo místico de Marvel con la maestría suficiente para no extraviar a los nuevos lectores y no aburrir a los veteranos. A los primeros les invita a entrar en el cómic con una clásica escena de exorcismo en la que el Dr. Extraño libera la mente de un chiquillo atestada por criaturas tentaculares que se han refugiado en su mente huyendo de “la matanza que viene”. Así es como funciona esto, nos explica: el protagonista levita con los ojos cerrados en una habitación del Village mientras en la mente del crío lanza conjuros, reparte hachazos y flirtea con una de las invasoras. Quizá ver a un hechicero supremo usar armas en lugar de conjuros sutiles para deshacerse de sus enemigos no termina de encajar y tampoco queda explicado, pero, salvo los hachazos, el nuevo Dr. Extraño es sólido y suena familia. A los veteranos, Aaron les regala una nostálgica primera página con viñetas rescatadas de los primeros tebeos del anfitrión del 177A de la calle Bleecker y una serie de reencuentros entre los que, tal vez el más esperado, el del entrañable y letal Wong, se hace esperar hasta la segunda entrega.

 

Sin embargo, estos números de presentación del universo del hechicero supremo sirven también para anunciar de manera sugestiva la primera gran amenaza a la que deberá hacer frente. Esos parásitos nómadas refugiados en la cabeza del niño, algunos conjuros que no terminan de salir bien… Las malas noticias tienden su mano ofreciendo una tarjeta de visita en la que leemos el nombre de Empirikul y parece que, se trate de quien se trate, tiene un inquisitorial gusto por quemar hechiceros. Y ya hemos quedado en que en el universo Marvel no hay hechicero más grande que el Dr. Extraño.

 

 

En cuanto a la reconstrucción conceptual del personaje, uno de los rasgos que más llama la atención es su juventud. La interpretación de Aaron y Bachalo nos traen a un Stephen Strange que no tiene las sienes plateadas y viste a la moda. Pero el cambio más profundo de este Dr. Extraño es la decisión de situar su tercer ojo más atento a nuestro mundo que a los que lo circunvalan. En esta ocasión, no parece que vayamos a ver al cirujano metido a mago saltando de universo en universo tanto como atendiendo a las intromisiones de otros planos en la realidad cotidiana, a las grietas mágicas de la cotidianidad. En un par de dobles páginas magistrales, con un trabajo de composición y color sencillo pero efectivo acompañando a la narración de Aarons, los autores dejan claro que al doctor no le hace falta salir de Nueva York para encontrar lo raro. Sus ojos privilegiados ven otra ciudad superpuesta a la que ven el común de los mortales. En esa ciudad, toda clase de criaturas interactúan con los despreocupados transeúntes y Extraño es el encargado de que nadie salga herido por la actividad mágica que se desarrolla discretamente. Discretamente, claro, hasta que una muchacha acude al sancta sanctorum del Dr. Extraño con unas bocas mordientes gimoteando en lo alto de su cabeza.

 

Lo que nos cuenta el arranque de la serie es casi tan bueno por lo que es, como por lo que anticipa. Independientemente de cómo de entretenida termine siendo la película, si ha servido para que podamos asistir a como Aaron y Bachalo moldean al Dr. Extraño, bienvenida sea.

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.