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Deathstroke: Dioses de la guerra

Tony S. Daniel

ECC Cómics

6,9

 

David Aliaga 

 

Leo que en los últimos años Deathstroke se ha granjeado una popularidad notable entre los lectores de DC. Veo que su nombre no se pronuncia con el sacrosanto tintineo que resuena en las voces de los frikis cuando el de personajes como el Jóker acude a nuestras bocas, pero que ya hay quien está ensayando, quien imposta. Recibo de manos del ínclito Manu González el tomo en el que ECC recopila los seis primeros números de la colección protagonizada por el villano. Observo la portada. Pienso que me recuerda (demasiado) a Masacre (personaje que nació como copia graciosa de Deathstroke, por cierto), pero con la voluntad evidente de ser más duro y menos gracioso. Leo y veo.

 

Con las primeras páginas descubro con facilidad que me gusta más lo que leo que lo que veo. Si tuviese que juzgar a Tony S. Daniel por su trabajo en "Deathstroke: Dioses de la guerra" diría que es mejor dibujante que guionista. La historia en su conjunto posee un aire de vieja escuela que soporto mejor en el trazo que en la narración. Premisas como “El mejor mercenario del mundo” o “El asesino más letal”, con las que arranca el volumen son demasiado pretenciosas y están demasiado manidas como para no exigir un sobreesfuerzo por parte del lector para mantener el pacto de la ficción. Dame algo más. Si Deathstroke es el perro de la guerra más letal, no hace falta que me lo explicites a base de oraciones que son lugares comunes, bastará con que me lo demuestres.

 

 

Y es la voluntad de Tony S. Daniel por demostrarlo la que sostiene el cómic. Efectivamente, las más de cien páginas que siguen a la primera parecen tener el objetivo de evidenciar que asesinos como Slade Wilson hay pocos. Con su manejo de los lápices, además, el autor consigue dotar a las escenas de violencia con un componente épico y una estética explícita que las hace atractivas. Frente a la deriva hacia la amabilidad y la limpieza disneyana de Marvel, Deathstroke es brutal y más allá de un combate con Batman exquisito en su coreografía, nos deja viñetas plásticamente impecables e impactantes como las que narran la huída del protagonista en el primer número de la colección gracias a las que, tal vez, uno pueda empezar a plantearse que sí, que puede ser, que quizá Deathstroke es el mejor y más letal asesino a sueldo.

 

Las apariciones del hombre murciélago y Harley Quinn, con quien el protagonista comparte páginas en "El Escuadrón Suicida" –uno de los títulos que más me ha divertido en los últimos años–, sirven para redondear el número y situarlo en el nuevo universo DC, en el que por más popular que sea en estas fechas, Deathstroke es todavía un recién llegado al que muchos no terminamos de ubicar y que tal vez podría haber caído en el olvido para cuando volvamos a la playa. Con todo, aunque no sea un personaje con un carisma extraordinario ni especialmente original, su singladura junto a algunos de los iconos más queridos de sello norteamericano y el trabajo que Daniel pueda llevar a cabo en esta cabecera propia podrían lograr que su popularidad no fuese pasajera. Aunque podré dormir a pierna suelta hasta entonces, esperaré el segundo tomo y lo abriré todavía desconfiando, preguntándome si de verdad el tal Deathstroke es la máquina de matar perfecta.

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.