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Superman no es judío (… y yo un poco)

Jimmy Bemon y

Émilie Boudet

Norma

4,5

 

David Aliaga 

 

He leído tres veces "Superman no es judío (… y yo un poco) " y todavía no sé muy bien por dónde comenzar la reseña. Es un cómic entretenido, eso puedo afirmarlo sin temor a engañarlos. Jimmy Bemon consigue componer algunos momentos que me han hecho sonreír y la historia es amena, se lee con ligereza. Quizá con la misma ligereza que está escrita. Quizá está escrita con demasiada ligereza.

 

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Bemon ha alumbrado el guión de una autoficción en la que explica el conflicto identitario que le supuso durante la infancia y la adolescencia ser judío. El tema daría para una novela breve excelente como "Monasterio" de Eduardo Halfon o para una historieta divertida como la que ha dibujado Émilie Boudet. "Superman no es judío (… y yo un poco)" habla sobre lo diferente que un niño judío puede sentirse en un vestuario en el que el único pene circuncidado es el suyo, sobre el despotismo o el chantaje emocional al que puede someter un padre a un hijo, sobre lo que el muchacho puede aburrirse en un shajarit en la sinagoga… Quedándose en cada caso en la anécdota, en la superficie, en el cliché del niño rarito en la escuela o de las discusiones padre e hijo tratadas desde un humor infantil y manido que culmina con unas últimas páginas en las que el protagonista resuelve su conflicto de identidad de forma tan apoteósica que la primera vez que lo leí no supe si tirar el tebeo a la vía del tren o sostenerlo mientras arqueaba una ceja como si fuese Ancelotti escuchando en rueda de prensa una pregunta sobre por qué el Bernabéu no acogerá la final de la Copa del Rey. Finalmente opté por guardarlo en la mochila y releerlo en casa. Entendí el chiste, pero no me hizo gracia.

 

El humor no termina de funcionar y la historia es superficial, pero no nos cortemos las venas todavía. El cómic posee algunas virtudes más allá de que se lea con fluidez. La sencillez con la que aborda el tema puede convertirse en un acierto como instrumento didáctico para una relación paternofilial en la que el chico se sienta excluido si prescindimos de las últimas páginas. También para que los padres comprendan que no deben imponer su visión del mundo a sus hijos. La obra de Bemon y Boudet tiende la mano para una reflexión nivel patio de escuela de primaria para sobrellevar que uno es diferente al colectivo hegemónico, que sus padres son inmigrantes, que es adoptado, que es del Barça en Madrid… Y eso no es negativo. Los tres primeros cuartos de "Superman no es judío (… y yo un poco)" es un tímido alegato pedagógico de la diferencia, ofrece algunos argumentos fundamentales para sobrevivir a la crueldad escolar y apreciar lo que uno es. Claro que en el último cuarto, en la adultez del protagonista, la cuestión se despacha con una huída. Lo cual, si uno lo piensa, es fantástico. Bemon viene a escribir una moraleja que nos dice que cada uno puede ser quien quiera ser, por encima de sus raíces familiares y condicionantes sociales.

 

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Y sí, estoy de acuerdo. ¿Pero entonces para que tanto martirio colegial, tanto discursito sobre aceptarse a sí mismo, si al final uno escoge escapar de la diferencia para integrarse en lo hegemónico? Me parecen lícitas ambas opciones. Obstínese usted en ser diferente y preservar sus raíces y rarezas o haga todo lo contrario: dúchese, compre ropa nueva en El corte inglés y mande al cuerno a su padre y su religión; pero no me venda lo primero si va a terminar haciendo lo segundo, que es un poco lo que sucede con este tebeo editado por Norma.

 

"Superman no es judío (… y yo un poco)" es contradictorio y deja la extraña sensación de que el autor no sabía exactamente hacia dónde nos estaba encaminando. En los primeros compases parece que Bemon haya escrito una narración sobre la aceptación de lo que uno es y la superación de la discriminación para acabar siendo una afirmación del “yo” por encima de las imposiciones y las predeterminaciones genéticas, sociales… Sin embargo, la forma en que se yuxtaponen, transmite un mensaje de rendición al Imperio. Y a mí, personalmente, me gustan las historias de quienes luchan por preservar sus raíces o las de quienes escogen ser “yo” de forma individual, pero detesto las que nos invitan a hincar la rodilla. Manías que tiene uno.

 

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El dibujo, sin ser espectacular, es bello y acompaña oportunamente el tono infantil y a ratos tierno de la historia. Émilie Boudet ilustra con una excelente composición narrativa que permitiría, por momentos, que la historia se sostuviese únicamente en sus dibujos.

 

Hay algunas ideas interesantes en "Superman no es judío (… y yo un poco)" pero se echa de menos una mayor maduración de las mismas, una estructura mejor trabajada. En definitiva, que Bemon nos aclare qué es lo que quería contar, más allá de algunos chistes.

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.