Menu
 

Ojo de Halcón. Pequeños aciertos

Fraction, Aja, Lieber, Francavilla y Pulido

Panini

7,6

 

 

Albert Fernández

 

Sí, Kate quiere a Ojo de Halcón. Igual que Bobbi Mose, su exmujer, también conocida como Pájaro Burlón; y como Natasha Romanoff, aka Viuda negra, o Jessica Drew, mi (sigh<) adorada Spiderwoman. Todo el mundo quiere a Clint Barton, por muy arrogante, individualista y agresivo que sea, y por mucho que exaspere al más distraído, o lo incapaz  que sea a menudo de pensar más allá de su ombligo.

 

Gracias al guionista Matt Fraction y esta nueva serie Marvel, que Panini recoge en tomos de su colección 100% Marvel, la devoción del público por Ojo de Halcón ha crecido enteros en los últimos tiempos. Y no es de extrañar, porque el encanto de estas aventurillas romántico-urbanas que se ha sacado de la manga el escritor de Chicago son un divertimento adictivo y entrañable, un cómic que se vuelve favorito desde la primera página y que, hasta la fecha, conserva su chispa. Gracias a Fraction, hemos visto a Barton en pantuflas, tomando café directamente de la jarra, sabemos que se porta bien con sus vecinos hasta el punto de acompañar al bueno de Grill (aunque Clint nunca recuerde su nombre) a rescatar a su anciano padre de una inundación consecuencia del huracán Sandy, y nos percatamos de que, más allá de salvar al mundo junto a Los Vengadores en sus hazañas cósmicas, sabe plantar cara a los mafiosos rusos y chandaleros del barrio; además, hemos podido conocer a su hermano sin techo ni reparos, y vemos como su nómina de amantes, besos y tortazos aumenta mientras él continúa discutiendo invariablemente con su sidekick-fan Kate, con esos alaridos coreables ("¡¿Qué!? ¡¿Qué!?) que tanto nos recuerdan a aquella adorada sitcom, "Luz de luna"

 

 

Los pequeños aciertos que reza el título de este segundo arco argumental, en realidad se ven algo disminuidos en este tomo. La causa principal estriba en el desequilibrio gráfico de esta nueva tanda de episodios. Todos sabemos que, pese a lo atractivo de las historias de Fraction, la gran estrella de este one-man-show, más allá de Clint, es David Aja. Bajo las líneas finas del dibujante de Valladolid, a través de esas composiciones de página formidables, y tras las arrebatadoras portadas de cada número, la fascinación acompañaría al lector aunque no hubiera una sola letra escrita en los cuadros de diálogo. Aja (que, todo sea dicho, le debe todo a otro David, Mazzucchelli) es el dueño de este universo, y sin su aportación, el conjunto desmerece más de lo aconsejable. Por buenos que sean sus sustitutos, pasa que no acaban de conjugar con su estilo, y el contraste entre número y número se vuelve en algún punto insufrible. En el primer episodio, "Pasado por agua", Steve Lieber trata de seguirle el juego clonando formas y encuadres, y sale moderadamente airoso; pero la irrupción en varios de los capítulos de Francesco Francavilla, un artista fascinante per se, descompensa un tanto el conjunto. Pese a que ambos se apuntan a un estilo caracterizado por la economía de líneas, el trazo de Francavilla es francamente más grueso y sucio, impulsivo y torcido, que las medidas estampas de Aja, y las pupilas se agitan un tanto cuando pasamos la página y observamos el contraste del relevo. A mi entender, se debería intentar un ejercicio de concordancia similar al que se daba entre Marcos Martín y Paolo Rivera en los primeros números del "Daredevil" de Mark Waid, precisamente otra serie donde ha intervenido recientemente el trazo de Francavilla. En las últimas páginas del tomo, otro español dotado, Javier Pulido, se hace con los lápices, aunque queda claro que no se trata de uno de sus trabajos más afortunados, tal vez debido a los aprietos de la fecha de entrega. 

 

Por otra parte, la técnica de repetir la narración de un suceso idéntico bajo dos o más puntos de vista tiene una gracia puntual, y debe saberse utilizar con mesura. Fraction se delata en esta secuencia de episodios, al usarlo reiteradamente en un par de ocasiones, en la historia de Katie y en el, eso sí, formidable episodio canino. 

  

 

 

 

Con todo, las nuevas viñetas de Ojo de Halcón siguen siendo un desfile de escenas embriagadoras, diálogos mordaces y tramas en cuidado crecimiento. La parcelación femenina de "Penny siempre vuelve" y "Chicas", con esas portadas pulp, o el sello de cada compañera o ex-compañera de Clint para cada pasaje de la trama, resultan momentos de lectura deliciosos; las aristas de su relación con Katie no dejan de expandirse, y la nómina de villanos que quieren ver criando malvas al arquero de los Héroes Más Poderosos de la Tierra comienza a ser preocupante. Mención aparte merece el episodio narrado desde la perspectiva de Fortu, el fiel perro del prota, un cómic mudo donde la capacidad expresiva de las ilustración, las fabulosas composiciones geométricas, y los iconos que dan interpretación de lo que pasa por la mente del can, todo ello rematado por la fabulosa paleta cromática del omnipresente Matt Hollingsworth, dan lugar a uno de esos tebeos difíciles de olvidar.

 

Aires retro, comedia de situación, malos chandaleros, un perro adorable, chicas cañón, drama, emoción, y café a morro. Es inevitable: todos queremos a Ojo de Halcón

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

Lee lo útimo de Albert clicando aquí

albert@blisstopic.com

 

Más en esta categoría: « Planetary Hellboy en el Infierno »