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Noé

Aronfsky, Handel y Henrichon

Debolsillo

5,7

 

 

Albert Fernández

 

Los que conocen los delirios de Darren Aronofsky, saben que habitualmente su imaginario roza la demencia presupuestaria, y que, cuando le ven llegar con sus carpetas y proyectos, muchos productores empiezan a temblar. También sabrán que este director de cine gusta de refrendar algunos de sus más espectaculares relatos con versiones en cómic, que a veces le sirven de consuelo cuando  le tumban un rodaje, cosa que sucedió con “La fuente”, que tuvo su versión en papel (con espectaculares dibujos de Kent Williams) antes de que Warner Bros resucitara el proyecto, aunque en su momento se dio a entender que el álbum era ante todo un preludio a la película, un despliegue de medios para una historia que no podía contenerse en una sola dimensión.

 

Está por verse de que manera esa amplificación en viñetas de sus apoteosis sobre la pantalla son honestas en cuanto a las filias del americano para con el noveno arte. Si algo está claro, es que esta vez Aronofsky ha logrado sincronizar esfuerzos, de manera que este “Noé” en cómic en dos volúmenes que nos llega casi al unísono con el film, protagonizado por Russell Crowe, Jennifer Connelly, Emma Watson y Anthony Hopkins, con estreno el 4 de abril .

 

Como el propio Noé, cargado de visiones sobre el fin del mundo y una lluvia feroz que inundaría el horizonte y borraría a la humanidad de la Tierra, en su última neura Aronofsky ha sentido la necesidad de recrear una de los mitos bíblicos más conocidos: el diluvio universal y la construcción del arca de Noé.

 

 

 

Con la ayuda al guión de su fiel Ari Handel, y las meticulosas ilustraciones del canadiense Niko Henrichon, Aronofsky nos sirve una historia (casi) más vieja que Matusalén (por cierto, abuelo de Noé), pero dándole un giro de espectacularidad a cada pasaje.

 

En su interpretación, el cineasta convierte en un relato de fantasía épico los versos del Antiguo Testamento, para cimentar una historia que se devora por la sencillez del relato, la economía de su discurso y diálogos, y la hermosa fluidez con la que Henrichon plasma cada pasaje. Sus trazos con aire de cómic franco-belga, en un estilo que conjuga la tradición europea con el manga más occidentalizado no son de los que levantan pasiones, pero navegan acordes a cada tono del relato: desde el inicio polvoriento y apocalíptico en terrenos baldíos, a las secuencias de batalla entre muchedumbres, o la representación de la famosa arca en la que Noé pretende salvar a representantes de todas las especies de animales, con tal de repoblar la Tierra después del fin, Henrichon nos hace sentir cómodos y pasar la página, aunque lo cierto es que aquello que leemos apenas nos inspira, en parte por lo conocido de la historia, en parte por los repetidos tropiezos en los tópicos y los personajes arquetípicos, más desmesura de los decibelios de espectacularidad que le imprimen Handel y Aronofsky al relato.

  

En definitiva, en cómic “Noé” sirve como entretenimiento pasajero, lo mismo que una película comercial a tope de fanfarrias, pero su abusado discurso sobre los dislocados valores del hombre, su discutible aportación al género fantástico, o su interpretación bíblica apenas cala o interesa.

 

Por lo pronto, convirtiendo a Noé en un Mad Max del siglo XXI, Aronofsky está encontrando más problemas que gloria. A las protestas de algunos católicos extremistas que acusan a la cinta de poco fiel a la historia, se suma la decisión de órganos como el Consejo Nacional de Medios de Comunicación de Emiratos Árabes Unidos, que tras ver la película anunció que tres países árabes la censurarán. Tal vez el bueno de Aronofsky tenga que montarse de veras un arca cuando arrecie el diluvio de críticas fundamentalistas.

 

 

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com

 

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