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El País de las derechas

La independencia catalana y el periodismo de izquierdas

 

Antonio Baños

Ilustraciones Mireia Carulla

 

 

Recuerdo perfectamente, como si fuese anteayer, el día en que dejé de comprar El País (en aquel entonces Diario Independiente de la Mañana). Me acerqué al quiosco de la Calle Llenguadoc de Barcelona y, casi sin mirar, avancé el brazo hacia el ejemplar que colgaba. ¡Canastos!, ¡La foto de portada! No me lo podía creer, pero sí. Empezaba el siglo y éramos aún jóvenes, inocentes y confiados en la Transición y nunca creímos que fuese posible. Rosa de España, flamante ganadora de “Operación Triunfo” iría a Eurovisión. Fotaco. Y titular en portada. 

 

Esa mañana retiré para siempre jamás mi brazo de El País. Y desde entonces, esa imagen me ha acompañado como reflexión sobre en qué momento la izquierda escrita (aunque fuese moderada) desapareció de España.

 

Visto lo visto, a alguno le parecerá que exageré en mi indignación, sobre todo con lo que ha venido después, pero en aquel momento aún me parecía que El País podía acoger, recoger y mantener el poco pensamiento crítico que, convenientemente filtrado y depurado, se le pudiese suministrar a al sociedad de masas española.

 

Una década después El País ya no es ni independiente ni de la mañana. Es Global y En Español y olé. Y se encuentra ante otro insulto, otro desafío contra el Reino tan grave como fue la eliminación de Rosa de España de las mieles de eurovisión: lo catalán.

 

El proceso catalán está siendo una auténtica prueba del algodón para la prensa de la supuesta “izquierdita” Española. Autores que reivindican derechos urbi et orbe, que se fotografían vestidos de mapuches, saharahuis y zapatistas como en aquel juego de cartas de la familia esquimal, topan con el proceso catalán y se les desconcha el barniz progre de una manera automática.

 

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Decía Josep Pla que no hay nada más parecido a un español de derechas que un español de izquierdas y, desde la diada del 2012 se puede tener un registro escrito de esta tesis en las páginas del más abierto de los rotativos cavernarios. Autores que llegan, al exhibir su irritación, a lo cómico como Antonio Elorza partidario de la tesis de que, como en Catalunya no hay una democracia “normal” sino una especie de régimen tribal, no se deberían dar por buenas la elecciones políticas hechas allí.

 

Lo Catalán ha conseguido efectos alquímicos y blanco es negro y lo de izquierdas igual a lo derechas. Ejemplo fue aquel célebre manifiesto de 300 intelectuales a favor de no se qué cosa federalista y, sobre todo, anti-lo-que-está-pasando-en-Cataluña que consiguió unir a Almudena Grande y Vargas Llosa. Grupo humano del que, dicho sea de paso, nunca más se supo.

 

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El Roto, hombre con muy buena prensa como reputado izquierdista, se ha lanzado a una campaña antireferéndum que le ha llevado al extremo de escribir, a la manera de Millán Astray Fernado Savater, que “las lenguas son muros”. Las lenguas de los demás, se entiende (otros ejemplos aquí y aquí).

 

Y en el ranking progre-reaccionario que ha provocado el procès en la plantilla de El País, el número cómico para Elvira Lindo. Ya saben, a íntima amiguita de la Sinde que se llevó más de 100 mil euros en el Planeta el otro día por los servicios prestados a la gran industria contra la libertad en internete. Pues esta chica, la de Manolito Gafotas, acudió al sólido argumento de “tengo un amigo que conoce a un cuñao que vive en Cataluña y que me asegura...” para venir a decir que en el Principado, el mismísimo Kim Jong pasaría miedito de lo dictadores que estamos.

 

La reflexión final es: Si ante un hecho realmente confrontativo como el proceso catalán, el único diario formalmente “progre” del Reino se alinea de manera a veces hooliganesca con la caverna derechista, ¿dónde está la pluralidad en las grandes cabeceras españolas?

 

¿No estamos hablando de un panorama unánime como el que acusan a la prensa catalana? Si a duras penas puede encontrar uno un par de cabeceras electrónicas comprensivas o interesadas en lo que ocurre y el resto es solo agresividad, a uno le cabe preguntarse, ¿existe una izquierda en España, aunque sea de esas que ni escribe ni publica, que pueda servir mínimamente como asidero entre pueblos?

Antonio Baños

Periodista de oficio desde hace más de veinte años, ha cubierto acontecimientos singulares como los Juegos Paralímpicos de Barcelona, la campaña electoral de José Mari Aznar del 2000 y un campeonato de Scalextric en Igualada. Ha colaborado en radio, prensa y televisión, en medios como RNE, TV3, La Sexta, Ajoblanco, El Periódico, La Marea, Público, El Diario.es o Qué Leer. Ha publicado dos libros sobre economía en Libros del Lince: “La economía no existe” (2009) y “Posteconomía” (2012) y un trabajo muy lúcido sobre la independencia de Catalunya: “La rebel.lió catalana” (La Butxaca, 2013, edición catalán) que verá dentro de poco una edición en castellano. De él se podrán decir muchas cosas pero nadie podrá acusarlo de haber tenido éxito.

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