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Los Minions

Historia del capitalismo

 

Antonio Baños

  

Se acaba de presentar el trailer oficial de la nueva película de la saga de "Gru, Mi villano favorito" ("Despicable me" en inglés, que queda más pro, 2010). Aquí lo podéis ver. Y aprovechando la coyuntura les propongo una revisión de la serie que, a la espera de la tercera entrega, se constituye ya como uno de los mejores ensayos obre la historia del capitalismo, muy por encima de "Inside Job" o de Michael Moore.

 

Para quien haya estado fuera del planeta en el último lustro o solo vea pelis filipinas, les hago un resumen rápido del asunto. Gru es un supervillano que, quiere, en este caso, robar la luna. Y como toda empresa de nivel, necesita financiación. Acude a un banco, el Banco Local del Mal,antiguamente Lehman Brothers, pero el crédito se lo lleva un joven villano nerd que se basa en la tecnología digital para hacer el mal y no en la analógica de Gru. Total, que en la trama  aparecen unas huérfanas que acaban al cuidado de Gru y bla, bli, blu... Al final, el mal estilo siglo XX se impone sobre el del siglo XXI y el villano se convierte en un padre responsable. Como decía uno de los guionistas de la serie, Ken Daurio, “todo hombre es un tipo de villano hasta que tiene niños”.

 

 

LOS VIEJOS BUENOS TIEMPOS

Pero empecemos por el entorno de Gru, el villano. El vive en un barrio típico de los años 50 americanos. Es decir en el apogeo de la sociedad del trabajo, donde el paro era inconcebible y el progreso y la industria dominaban el imaginario. Su casa, inspirada en la de "The Monsters", es una amable parodia de lo siniestro. Todos los vehículos en los que se mueve o fabrica son altamente contaminantes y, en el sótano, tiene su propia fábrica estructurada según parámetros fondistas: Cadena de montaje, mucha mano de obra y tecnología mecánica.

 

El  viejo capitalismo industrial es aquí idealizado. Gru es el empresario, el patrón pero conoce los nombres de pila de sus empleados y, a pesar de que viven en la fábrica y trabajan en un sótano sin vacaciones, la camaradería es omnipresente. Gru y sus obreros (los Minions) saben que la industria va de baja y que necesitan un buen encargo para no cerrar la fábrica. Es la mitología Detroit, de cuando los coches los hacíamos nosotros y no unos robots japoneses.

 

En ese sentido, la figura paternal de Gru, arengando a sus asustados obreros, enlaza con aquella misión que la socialdemocracia tuvo durante los 80 y 90. Ir hacia la desindustrializando a base de palmaditas en la espalda. Recuerden la reconversión industrial de Felipe, los años de Blair y, sobre todo, la presidencia Clinton. Mientras se escoraba goloso hacia los beneficios del mercado financiero, mantenía una retórica “proletaria”. Comparemos estas dos secuencias: 

 

Clinton/Travolta frente a los obreros/minions ("Primary colors")

 

 

Gru frente a los obreros / minions

 

 

Finalmente, Gru adopta a unas huérfanas en un relato clásico de aquello que se llamó Capitalismo Manchesteriano. Capitalismo de rostro humano en el que, donde no llega el estado, se hace cargo de la beneficencia. Obviamente, en la serie, el estado está totalmente ausente de las luchas entre el viejo y el nuevo capitalismo.

 

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VECTOR

El rival de Gru, por su parte es un niñato de nombre Vector. Un nerd inspirado en el Bill Gates de los 80 como se ve claramente en la foto de aquí arriba

 

Sobre el nuevo capitalismo californiano, el capitalismo tecnológico que representa, existen algunas consideraciones interesantes. Si Gru necesita de una amplia mano de obra, Vector trabaja solo. Suponemos que externaliza trabajos, servidores e infraestructura villana. Como bien anticipó Richard Sennet, es la encarnación del “capitalismo sin trabajo”. Vector vive aislado pero rodeado de un falso entorno ecológico. Jardines y un inmenso acuario reflejan esa equívoca idea sobre armonía con la naturaleza tan de Steve Jobs que, en el fondo no es más que un nuevo dominio sobre la misma. Casualidad o no, la Casa de Vector y la sede a Apple que diseñó Jobs son ambas circulares. Desde Vitrubio, un símbolo del equilibrio y la equidad.

 

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Vector, además, es el nuevo receptor de los créditos del jocoso Banco Local del Mal. El banquero, no se lo pierdan, es un guiño claro al jefe de aquella vieja serie gráfica Dilbert. Unos personajes que vivieron los buenos 90, los años llamados de la Gran Moderación. De la Exuberancia Irracional, que decía Alan Greenspan. De aquellos años de dinero fácil llega el banquero escarmentado con los fallos de la vieja industria (Enron) y de la tecnología mal entendida (burbuja de las punto com). El gran capital apuesta ahora por Nerdlandia. Por Zuckerberg, Brin, Bezos… por Twitter, Google y Amazon. Un capitalismo despiadado y visionario que construye coches sin chófer, gafas con aplicaciones o, como en la película, pistolas para reducir pirañas.

 

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SEGUNDA PARTE: DE LA PRODUCCIÓN AL CONSUMO

En la segunda parte de la película, "Gru, Mi villano favorito 2" (2013), el trabajo industrial, las absurdas, gigantescas e ineficaces máquinas han quebrado. Gru y su corporación deben (jajaja) reinventarse. La producción pesada está deslocalizada y los nuevos tiempos apuntan hacia lo sostenible y lo local. La basura del alto valor añadido de lo auténtico. Por eso han pasado de hacer rayos mortales a hacer mermeladas caseras para vender a centros comerciales. Para rematar, Gru deja de ser un tycoon, un gran barón de la industria pesada y lo vemos como un entrepeneur, un emprendedor hipster que se pone a trabajar en una tienda de madalenas tochas (las llamadas cupcakes)

 

Aparece su lado femenino. Ya no se trata de acero y carbón. Ahora todo son experiencias de venta en un centro comercial que, claro está, está cerrada al mundo dentro de una inmensa bóveda de vidrio. Gru debe encontrar pareja puesto que las familias monoparentales son poco adecuadas. Gru se viste de mujer mientras se enfrenta a un villano llamado El Macho. El capitalismo de suplemento dominical, todo vinos, calceta, casa rural y germinados orgánicos exhibe aquí todo su poder

 

En la segunda parte, el nuevo centro de consumo/conflicto es un mall, el centro comercial. Ya no se trata del clásico “dominar el mundo” del género. Ahora hay que obtener una franquicia. El mercado/mundo se reduce al centro comercial donde confluyen los antiguos villanos. Villanos antes autónomos y ahora dependientes de las franquicias del centro comercial. Unos villanos que, además, representan la precarización a partir de su origen marcadamente étnico: el latino con el consabido restaurante mejicano y el oriental con una extraña tienda de pelucas.

 

Como saben, la Némesis en esta segunda parte es El Macho, un supermalo mexicano. Como vienen denunciando el Tea Party, los minuteman de la frontera de Arizona y los republicanos de todo el país: la nueva invasión de latinos destruye el modo de vida americano. Para ejemplificarlo, El Macho convierte a los sumisos y simpáticos trabajadores minions en unos destructivos e ingobernables currantes de color azul. El cambio de raza de la clase trabajadora gobernada ahora por un extranjero trae caos y destrucción y, sobre todo, desobediencia.

 

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LOS MINIONS

Y llegamos al meollo de la serie, los Minions, delicia de pequeños y mayores. La idea de la serie de Gru se debe a un español, Sergio Pablos, que, en la línea de débil industrialización del país, confesaba que a él no se la habían ocurrido poner minions/obreros en su proyecto. El concepto gráfico que los directores Chris Renaud, un tipo de Baltimore (sí la ciudad de "The wire"), y Pierre Coffin, hijo de diplomático que estudio en la Sorbona, crearon para los alocados muñecos amarillos son gafas de soldador y peto tejano, que nos remiten directamente al imaginario obrero del New Deal norteamericano. Un tiempo en que obreros y patrones luchaban codo con codo por levantar a América de la Gran Depresión. Así que Gru vive en los 50 con trabajadores corajudos y alegres de los 30. La mitología del viejo buen capitalismo americano.

 

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Pero hay un contrarrelato en los Minions. Para empezar, no hablan ninguna lengua inteligible. Solo farfullan. El sueño de cualquier empresario. Obreros iletrados que no pueden ni discutir su convenio colectivo. Menores de edad permanentes que no se quejan porque no tienen acceso ni al conocimiento ni al mundo. En la segunda parte, más socialdemócrata, los Minions consiguen ir a la playa. Todos abarrotados y todos tajas. La imagen de Lloret, del ocio low cost es lo máximo a lo que pueden aspirar

 

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Y en estas secuencias todavía descubrimos un aspecto más inquietante. La expulsión de las mujeres del mundo del trabajo. Gru solo contrata hombres. Bueno, al menos todos los nombres de los minions son masculinos. Y aquí y allá empezamos a ver casos de travestismo con minions/hombres vestidos de criada, o de chulitas de playa.

 

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El minion trabaja sin garantía de seguridad y, a menudo sufre terribles accidentes de los cuales se burlan sus compañeros. Es un tema clásico del género de supervillanos: la muerte del sicario de forma impersonal, sin consecuencias ni duelo. Un tema este, el de la muerte anónima del proletariado/sicariato que denuncia y desvela magistralmente en la película "Austin Powers".

 

 

Sin lenguaje y sin sexualidad. Sin miedo al dolor o la muerte, el trabajador es, naturalmente obediente. Y esa parece ser la línea argumental de la tercera parte. En ella los minions se remontan a antes de la existencia de la humanidad. Siempre han servido gozosos a un villano y como dice el tráiler, “encontrar un amo fue fácil. Pero conservarlo… es cuando la cosa se complica”. El proletariado, que se encontraba seguro y confiado en la fábrica fordista de la primera parte y que empezó a ser inestable y poco productivo en la segunda se convierte en una horda de precarios en busca de empresarios en la tercera.

 

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Los escritores de la serie, Cinco Paul y Ken Daurio, son dos reconocidos mormones. Como saben, la mormona es una religión exclusivamente yanqui. Creen que Cristo se paseó por América creando una doctrina específica para ellos. En esta obra magna, estos autores nos muestran con nostalgia toda la decadencia y muerte del viejo capitalismo. Atacado por las tecnológicas incapaces de empatizar, por la masificación y banalidad del centro comercial… las viejas ideas de tesón, imaginación y camaradería se van encogiendo. Veremos qué nos depara la tercera parte, una precuela situada en el Nueva York convulso del 68. Contracultural, postindustrial y efervescente. Gru es ya, como Gatsby, un símbolo de todo aquello que representa la América más capitalista y sus modos de producción.

 

Antonio Baños

Periodista de oficio desde hace más de veinte años, ha cubierto acontecimientos singulares como los Juegos Paralímpicos de Barcelona, la campaña electoral de José Mari Aznar del 2000 y un campeonato de Scalextric en Igualada. Ha colaborado en radio, prensa y televisión, en medios como RNE, TV3, La Sexta, Ajoblanco, El Periódico, La Marea, Público, El Diario.es o Qué Leer. Ha publicado dos libros sobre economía en Libros del Lince: “La economía no existe” (2009) y “Posteconomía” (2012) y un trabajo muy lúcido sobre la independencia de Catalunya: “La rebel.lió catalana” (La Butxaca, 2013, edición catalán) que verá dentro de poco una edición en castellano. De él se podrán decir muchas cosas pero nadie podrá acusarlo de haber tenido éxito.