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El problema catalán

Todo el mundo miente

 

Francesc Torres

 

Con el "problema catalán", o el desafío catalán o el proceso soberanista catalán, es un debate acalorado y de difícil comprensión lógica. Es complicado explicar las razones de unos y otros por culpa de esa línea turbia y dolorosa que es el desmembramiento de cualquier estado sin caer en un terreno repleto de blancos y negros (cuando estamos en el territorio absoluto del gris). Unos y otros se pueden cargar de razón, gritar, amenazar o manipular a su antojo. El artista Francesc Torres escribió un acertado análisis en su Facebook sobre la situación actual que, muy amablemente, nos deja reproducir íntegramente en Blisstopic. 

 

Yo vengo de una tradición de izquierdas en la que el nacionalismo no ha aparecido nunca en la foto. Siempre me ha parecido que el nacionalismo es reduccionista por naturaleza y siempre estaré más cerca de un rojo extremeño que de un sátrapa catalán por más catalán que sea. El problema es que, a diferencia de casi en todo el mundo (somos así, qué se le va a hacer), en Cataluña sí ha existido una tradición de izquierdas nacionalista, mucho antes de que ésta apareciera como figura política como consecuencia del desmantelamiento de los imperios coloniales europeos después de la II Guerra Mundial, azuzado por la polarización de la Guerra Fría. El nacionalismo de izquierdas catalán tanto anarquista (ver Salvador Seguí, El Noi del Sucre), como trotskista (Andreu Nin) como comunista (el PSUC era en sus estatutos un partido nacional catalán) traza sus orígenes en el último tercio del siglo XIX. Esta rareza es indiscutible y debo decir que me ha puesto en un brete.

 

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Por otro lado, no ha habido nunca una relación realmente cómoda entre Cataluña y el resto de España, también un hecho indiscutible que debemos reconocer si somos sinceros. La actitud de Madrid ha sido tradicionalmente displicente y extractora con la excusa de la solidaridad interna, pero siempre sin rendir cuentas, algo que viene de lejos y ha producido mucho resentimiento en Cataluña. Desde Cataluña se han dicho cosas profundamente ofensivas con respecto a otras comunidades de España y las han dicho personajes políticos de primera línea. Esa es la verdad y está impreso. Ejemplos vergonzantes por ambos lados los hay y no son excepciones. En política las percepciones de la realidad son tan importantes, a veces más, que la realidad misma, de ahí que la actitud generalizada “de que aquí no pasa nada” y que todo es el resultado de la manipulación de la sociedad catalana por parte de cuatro talibanes nacionalistas, es de una memez monumental y un insulto a la inteligencia de cientos de miles de catalanes. Todo esto, que sería políticamente manejable en un país democráticamente adulto como Gran Bretaña, aquí se ha exacerbado con la coincidencia en el tiempo de varios factores con características de plaga bíblica: el gobierno cavernario que tenemos en España, acompañado por una crisis económica salvaje y una incompetencia política crónica general, adobado todo por la corrupción también generalizada en todo el Estado, incluyendo espectacularmente, como hemos visto, Cataluña.

 

En un panorama tan devastador, los cuentos chinos de unos y otros devienen muy atractivos. Un problema grave es que en cuestiones identitarias todo el mundo miente, y miente mucho. Todas las partes usan cualquier argumento forzado que les sirva para justificarse moralmente. Rajoy habla de la Constitución, pero no dice que esta constitución se redactó con la halitosis de un ejército fascista calentándoles el cogote a los padres de la Patria. Se nos chantajeó, a todos, y no se pudo decidir qué tipo de gobierno queríamos teniéndonos que comer el sapo de una monarquía impuesta por un asesino: Francisco Franco. Eso Rajoy no lo dice. Personalmente, esta Constitución a punta de pistola no me la tomaré nunca en serio, y como yo muchos más, tanto catalanes como del resto de la Península. Además, ese documento, que no sacramento, se ha puteado dos veces de la noche a la mañana con toda la alegría necesaria para, primero, joder a los trabajadores de este país y, segundo, para salvarle el trasero a un monarca moralmente en bancarrota. Lo dicho, que no me invoquen la Constitución de marras, que encima Alianza Popular no votó, por favor. Lo que hace falta aquí es mucha política en mayúsculas y acabar con los cuentos de hadas transicionales de una puñetera vez.

 

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Artur Mas quiere la independencia para Cataluña. Hace tres años no la quería, quería un pacto económico, la independencia no. Pero le cerraron la puerta en las narices. Todo esto sucedía después de haber legislado un nuevo estatuto tras pasar por el Parlament, el Congreso y superar positivamente un referéndum en Cataluña. Allí aparecieron los imbéciles del PP recogiendo firmas por la calle con Rajoy a la cabeza, el mejor fabricante de independentistas catalanes que ha parido madre, impugnándolo ante un Tribunal Constitucional interino y reaccionario que lo laminó hasta que le dijeron basta.

 

Artur Mas es de derechas, un recortador de servicios sociales despiadado como Rajoy, y la oposición de izquierdas catalana una pandilla de memos que no tienen media hostia. Pero el guión ya está escrito. Tanto Mas como Rajoy tienen una causa con la que enmascarar su deshonestidad intelectual, su falta de capacidad política, su reaccionarismo y su necesidad de medrar. Uno tiene la independencia de Cataluña como chica para todo y el otro la defensa de la unidad de España. Al PP le va de coña “el desafío Catalán” para suplir que ETA haya desaparecido del mapa. Si el PP no defiende la rojigualda con los Tercios de Flandes no tiene con qué disimular sus objetivos criminales, que son llanamente el desmantelamiento del estado del Bienestar y la vuelta a un franquismo sociológico controlado por el capital financiero y gestionado por el Opus Dei. Artur Mas no es lo mismo, no va por ahí, pero está huyendo irresponsablemente hacia adelante con el acompañamiento de los chicos telúrico-rurales de ERC que creen que es suficiente con pensar las cosas para considerarlas hechas. Ahora ya estamos metidos en esta especie de remake en miniatura del mes de agosto de 1914, cuando nadie quería liarla pero nadie hacía nada para evitar que se liara, todo lo contrario. Esta es la crítica situación a la que nos enfrentamos actualmente, y si no hay manera ni voluntad política de entenderse, pues pasará lo que tenga que pasar que, tratándose de España, seguramente será lo peor. Dicho esto, y por lo que a mí respecta, de lo que estoy convencido hasta el tuétano es que lo que no se puede prohibir en democracia bajo ningún concepto, de ninguna manera, tengan más o menos razón unos y otros, es que la gente vote. Sólo saldremos de ésta de una pieza hilando políticamente muy fino. No se puede seccionar una mariposa a martillazos, pero en La Moncloa parece que sólo tengan herreros y en la Generalitat… no se sabe.

Francesc Torres

Francesc Torres, Barcelona, 1948. Artista visual. Vivió en Paris de 1967 a 1969. Se trasladó a Estados Unidos en 1972 (Chicago). En 1974 se instaló en Nueva York donde tiene estudio desde entonces. Entre 1986 y 1988 vivió en Berlin a través de un programa de intercambio académico del gobierno alemán. Desde octubre de 2001 se encuentra en Barcelona por un periodo de tiempo indefinido.

Ha expuesto en el Whitney Museum of American Art (NY), el Museum of Modern Art (NY), el Carnegie Institute (Pittsburgh), el Los Angeles Museum of Contemporary Art, la Nationalgalerie (Berlin), el Stedelijk Museum (Amsterdam), el Rudolfinum de Praga, el Museo Estatal Ruso (Sant Petersburgo), el Massachusetts Institute of Technology, MIT (Cambridge, Mass.), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid, retrospectiva), el Museo Guggenheim Bilbao, la Fundació Joan Miró, el Institut Valencià d'Art Modern IVAM (València), el Centre d'Art Santa Mònica (Barcelona), el International Center of Photography (NY), el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (retrospectiva), etc. 

Ha realizado, y está realizando,proyectos  permanentes en espacio público. Es comisario de exposiciones i colabora en varias publicaciones y periódicos. Ha sido presidente de l’Associació d’Artistes Visuals de Catalunya. 

Su trabajo se encuentra en numerosas colecciones públicas e institucionales en todo el mundo. Varios proyectos suyos ha sido financiados por la Rockefeller Foundation y la Bohen Foundation de Nueva York, y por la American Center Foundation de Paris. Ha recibido, el National Endowment for the Arts Individual Fellowship en cuatro ocasiones, el New York Council for the Arts Fellowship en dos ocasiones, el Massachusetts Council for the Arts and Humanities Fellowship, el New York Foundation for the Arts en dos ocasiones, la D.A.A.D. del Gobierno Federal Aleman, el Premio Emil Radok de la Universitad de Praga, el Premio de la Fundación Picasso, y la Fulbright Fellowship de intercambio académico. Es Premi Nacional d'Arts Plástiques de la Generalitat de Catalunya. Recientemente ha ocupado la Cátedra de Cultura y Civilización Española en el Centro Rey Juan Carlos I de España de la Universidad de Nueva York.