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La monarquía y la libertad de expresión

La ejemplaridad pública de El Jueves

 

Breixo Harguindey

Ilustraciones Guillermo Torres, Jordi March, Albert Monteys y Manel Fontdevilla

 

 

La degeneración de la Casa Real es tan abrumadora que costaría resumirla desde el marichalazo hasta el duque empalmado. Hoy los diarios nos sumergen en una amnesia de elogios como: Don Felipe muestra desde hace años su interés por el medio ambiente siguiendo el ejemplo de su madre, la Reina”. Conmovedor, los elefantes y parientes del oso Mitrofán respiran al fin tranquilos. Tras el secuestro de la cubierta donde los príncipes formaban el “animal de dos espaldas”, ningún chiste de El Jueves podía competir con semejantes titulares… o eso creíamos.

 

Mucho más grave que todos estos incidentes en rosa o en verde ha resultado ser la pezuña política de una figura “ornamental” como la de Don Juan Carlos. Su papel como informante del gobierno norteamericano palidece ante aquellas declaraciones sobre el 23F: “Los cabecillas sólo pretendían lo que todos deseábamos. Concretamente, el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad” (Fin de la cita).

 

Los hechos conocidos del último episodio son los siguientes: el lunes por la mañana, al saltar el anuncio de la abdicación, el consejo de redacción de El Jueves se reunió de urgencia para cambiar la portada y páginas interiores previstas. Se presentaron hasta 95 bocetos y, por la tarde, el proyecto estaba listo. El martes el semanario tira con normalidad 60.000 ejemplares pero la dirección de RBA —grupo editorial propietario de la revista— decide retirar esta imagen de la web, destruir las portadas impresas y retrasar un día su distribución para reponer la cubierta anterior a la noticia.

 

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Varios dibujantes—incluyendo al autor de la caricatura, Manel Fontdevila— contactan con la dirección y se les explica que RBA ordena no volver a tocar la monarquía en primera plana. Al considerar violada la libertad del consejo de redacción, se suceden las dimisiones de hasta 16 colaboradores: el propio Fontdevila, Albert Monteys, Paco Alcázar, Manuel Bartual, Guillermo Torres, Bernardo Vergara, Mel, Malagón, Luís Bustos, Pepe Colubí, Bea y Tomo, Carlos Azagra y Lalo Kubala, a los que se añade el columnista Isaac Rosa. El Jueves, tal y como lo conocíamos, ha muerto.

 

Durante los años 90 —en plena fase REM de la transición española— la hornada de autores que ahora dimite había renovado desde el cómic alternativo la fórmula de una publicación aparentemente extenuada. Estos dibujantes supieron tomar el relevo parcial de la primera generación de José Luís Martínez, Ivà, Ventura y Nieto o Kim, incorporando la parodia de la vida cotidiana entre los contenidos de la revista. El Jueves era ya por entonces el único superviviente de los semanarios de sátira gráfica originados en el tardo-franquismo y primera transición, desde La Codorniz a Hermano Lobo pasando por El Papus.

 

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Lejos de ser exclusivamente español, este formato entroncaba con la tradición francesa de Hara-Kiri, Charlie-Hebdo, L’Echo des Savanes y Fluide Glacial que, en último término, se inspiraron en el norteamericano Mad Magazine de Harvey Kurtzman. Con todas sus diferencias, este conjunto de revistas se caracterizó por ser expresión y fermento de la contracultura juvenil asociada en buena parte del globo a las revueltas de 1968. En sentencia de la cantante Patti Smith: “Tras el Mad Magazine, las drogas no eran nada”.

 

Es más, en visión telescópica, los recientes episodios de censura vinculan a El Juevescon uno de los periódicos seminales de la Historia del Cómic: el francés La Caricature, de 1830, entre cuyas firmas ilustres figuraron Daumier, Grandville y Balzac. La Caricature libró una dura batalla contra Luís Felipe I de Francia —retatarabuelo de nuestro campechano Don Juan Carlos— singularizada en la célebre secuencia donde el rostro del monarca se transformaba progresivamente en una pera. El gobierno de este “rey burgués” sería retratado en “El 18 brumario de Luís Bonaparte” de Karl Marx, obra que legaría una frase lapidaria de plena actualidad: “La Historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa”.

 

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Cuando una corporación tiembla ante la posibilidad de perder el favor real mientras gran parte de la plantilla de trabajadores de El Jueves ha reunido el valor para abandonar su trabajo es que el sistema de poderes tiene los días contados. Bravo por ellos, ahora nos toca a nosotros.

Breixo Harguindey

Breixo Harguindey Barrio (1975) es crítico de cómics. En los 90 coordinó durante 5 años las conferencias del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, a lo que seguiría una serie de informes sobre la producción de Historieta en España de 2001 a 2005. Vinculado también a la industria del Noveno Arte, tras un breve paso como editor por Sins Entido, fue comercial de Rossell Comics y, en los últimos años, dirigió la colección de novela gráfica en gallego de la Editorial Rinoceronte.

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