Menu

01

Gamonal

Una visión urbana del problema

 

Vidal Romero

Fotos Protestas Gamonal Rodrigo Mena Ruiz

 

Debo confesar que, como arquitecto, lo que más me sorprendió de las protestas de Gamonal fue que los habitantes de un barrio obrero se opusieran a un proyecto que pretendía reurbanizar y modernizar sus calles. Me sorprendió porque lo habitual suele ser justo lo contrario: que los vecinos de esos barrios tengan que organizarse para reclamar mejoras, adecentamientos o incluso el simple mantenimiento en sus viarios, acerados y jardines.

 

Ni siquiera las difusas razones que llegaba a leer en los periódicos –que una guardería cercana estuviera al borde del cierre, que un constructor local fuera a enriquecerse con una obra pública, que hubiera una confabulación “para hacer desaparecer un sistema de doble fila que los vecinos hacían funcionar muy bien” o que se quisiera esquilmar a los vecinos con un nuevo parking subterráneo- me parecían suficientes como para hacer prender una protesta ciudadana de esa magnitud. Así que decidí investigar el “Plan Director de Gamonal-Capiscol” (disponible para consulta pública aquí) a fin de comprobar si efectivamente había oscuros intereses políticos y económicos detrás de su puesta en marcha, o si los habitantes del barrio habían gestionado mal su descontento, perdiendo por el camino una oportunidad que tardará mucho tiempo en volver. Y la respuesta, mucho me temo, tiene un poco de todo. Vamos a intentar explicarlo.

 

EL URBANISMO EN LOS BARRIOS OBREROS

Que los barrios obreros sean los grandes olvidados dentro de la gestión urbanística de las ciudades no es nada nuevo, ni tampoco es algo exclusivo de un único signo político: tanto los ayuntamientos de derechas como los de izquierdas suelen olvidar las promesas que han realizado en ese sentido en cuanto toman posesión de la alcaldía. Y las razones para ese desprecio tienen mucho que ver con la falta de rentabilidad política que tienen esas intervenciones. Para los ayuntamientos de derecha la cuestión está muy clara: los barrios obreros son graneros de votos para la izquierda y por tanto no suponen una prioridad. Antes bien, prefieren invertir los recursos en reurbanizar el centro histórico o las zonas en las que se concentra su electorado; “logros” que mejoren las zonas más turísticas y que puedan mostrar a los suyos en siguientes citas electorales.

 

Pero, aunque parezca sorprendente, los ayuntamientos de izquierda se comportan de la misma manera. Quizás porque los alcaldes y concejales no suelen vivir en barrios obreros y eso los aleja de sus problemáticas. Pero también porque los barrios suelen estar en tan mal estado que necesitan operaciones quirúrgicas: se trata restaurar lo destruido, de dar dignidad a las calles, de recuperar la vegetación y añadir mobiliario urbano. Intervenciones que se refieren más al detalle y al entorno que al gesto grande y que, por tanto, resultan más difíciles de rentabilizar que otras operaciones más grandes. Edificios, actuaciones urbanas, sistemas de transporte: construcciones con un poderoso carácter simbólico, que desde el momento de su inauguración permiten al político de turno reivindicar las bondades de su buena gestión. Esta manera de hacer política, no lo olvidemos, es la que ha dominado en muyos ayuntamientos de España durante la época de la burbuja inmobiliaria, como bien pueden certificar los sufridos habitantes de Madrid, Valencia, Sevilla o Santiago de Compostela.

 

02

 

EL CASO DE GAMONAL

El caso de Gamonal no es distinto al de muchos pueblos de aluvión crecidos en las periferias de las ciudades. De hecho, conviene recordar que hasta 1955 Gamonal era un pueblo autónomo, con sus propias áreas de centralidad y un eje urbano muy claro: la antigua carretera Nacional I, actualmente rebautizada como Calle Vitoria, la zona cero de todas las protestas. Son precisamente la pérdida de importancia de sus centros de gravedad tradicionales y la imponente presencia de esa carretera nacional, que funcionó como el principal eje de comunicación de Burgos durante varias décadas, los culpables de que el trazado urbano de Gamonal se haya desarrollado de manera descontrolada. Una circunstancia que, unida a la antigüedad de muchos de sus edificios (y que por tanto carecen de garajes o aparcamientos privativos) y a la citada desafección política ha conducido a los problemas urbanos del barrio: una estructura viaria anárquica, un endémico problema de aparcamiento y una importante falta de equipamientos y zonas verdes.

 

Muchos de estos problemas ya estaban detectados en el PGOU vigente de Burgos, aprobado en 1999, pero no ha sido hasta ahora (cuando ya existe otro Plan General en vías de aprobación inicial) que se ha decidido intervenir en el barrio. El retraso se puede justificar por la necesidad de terminar las grandes obras urbanas que le dan sentido –el criticado Bulevar Ferroviario, las rondas de circunvalación–, pero las fechas escogidas para la remodelación también hablan de oportunidad política: es muy posible que, con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina, el alcalde Javier Lacalle esté buscando argumentos con las que apuntalar su gestión.

 

03

 

EL PLAN DIRECTOR

Aunque desde muchos medios, y desde las propia asociación de vecinos de Gamonal se haya vendido como un instrumento especulativo, al servicio del constructor Antonio Miguel Méndez Pozo, la realidad es que el “Plan Director de Gamonal-Capiscol” es acertado tanto en el diagnóstico de las deficiencias del barrio como en muchas de las soluciones que propone. Por un lado, ayuda a integrar el barrio dentro de la ciudad, creando plataformas específicas para el transporte público y desarrollando la red de carriles bici, muy extensa en la ciudad. Por otro lado, define áreas deportivas (instalaciones sencillas de mantener, para promover el deporte base) e instalaciones sociales; elementos ausentes en gran parte del barrio. También se preocupa por dotar al barrio con mobiliario urbano y zonas verdes y, sobre todo, organiza el tráfico urbano, desviando el más denso hacia las vías que recorren el perímetro de Gamonal, racionalizando los recorridos en las vías interiores con bastante mesura y buscando soluciones para el problema del aparcamiento.

 

Para solucionar todos estos problemas, el rediseño de la Calle Vitoria resulta fundamental: reducir el número de carriles de cuatro a dos pretende ralentizar el tráfico, a fin de disuadir a los conductores que atraviesan el barrio habitualmente de que tomen otros caminos. Pero también permite recuperar las aceras para los peatones, convirtiéndolas en zonas de paseo, estancia y relación. Incluso la creación de aparcamientos subterráneos es prácticamente obligada, porque el barrio tiene muchos más coches que aparcamientos. El propio Plan incluye la creación de varias bolsas de aparcamiento en superficie y gratuitas, de las que ya se ha construido alguna (curiosamente, también con cierta oposición vecinal), pero resultan insuficientes para satisfacer toda la demanda existente, y además suponen un modelo de ciudad que no es deseable, porque consume grandes superficies de suelo que podrían destinarse a otros usos comunitarios.

 

Claro que no todo es acierto en el Plan Director. El diseño del bulevar, con el carril bici en el centro del viario, presenta muchísimos problemas de funcionamiento y ofrece una imagen urbana muy pobre y anticuada. Incluso la propia distribución de los usos en el entorno del barrio parece obedecer a criterios caprichosos antes que a una visión urbanística clara. Quizás porque, como sospechan algunos medios, el concurso de ideas por el que se concedió la redacción del Plan fue una pantomima. El tipo de chanchullos que permite la actual Ley de Concursos de las Administraciones Públicas, repleta de atajos en los que introducir criterios subjetivos en las adjudicaciones.

 

04

 

EN QUÉ SE HA EQUIVOCADO EL AYUNTAMIENTO

A nadie se le escapa que el problema de Gamonal ha surgido porque el Ayuntamiento de Burgos ha sido no escuchar a sus ciudadanos: si en vez de la imposición ideológica, el desprecio y el recurso a los antidisturbios se hubiera utilizado el diálogo, posiblemente no se habría llegado a este punto. Otro gran error de bulto radica en la fijación por construir el aparcamiento de la Calle Vitoria, a pesar de que el estudio de mercado que incluye el propio Plan Director (los interesados pueden contrastar los datos en el Anexo I), considera que “no todos los encuestados valoran la construcción de la infraestructura”. De hecho, en el mismo documento se insiste en que “el interés por la concesión es bajo: apenas el 16% de las familias encuestadas están interesadas en adquirir una plaza”, en que “la demanda potencial de compra y alquiler es la que tiene interés, pero no necesariamente capacidad o voluntad de pago” y en que “para una hipótesis de demanda a 18.000 , la demanda se reduciría a 85 plazas de compra”. Sólo el hecho de seguir adelante con la construcción del aparcamiento, a pesar de esas cifras tan demoledoras, demuestra que el interés público no fue nunca la razón principal que motivaba la actuación del Ayuntamiento.

 

De haber existido el diálogo con los vecinos, habría sido posible realizar un rediseño del bulevar que conservara el máximo de plazas de aparcamiento en superficie y que reservara espacios para el transporte público y el carril bici, sin renunciar a grandes acerados con arbolado y un mobiliario urbano decente: con sus 30 metros de anchura, la Calle Vitoria permite la convivencia de todos esos usos sin ningún tipo de problemas. Y además, desechar la construcción del aparcamiento subterráneo hubiera reducido drásticamente los plazos de la obra, que era la gran preocupación que tenían los comerciantes de la zona.

 

La otra gran queja de los vecinos se refiere al hecho de gastar un dinero del que la ciudad carece en “proyectos faraónicos”. Como bien dice la Federación de Asociaciones de Vecinos de Burgos,estamos indignados ante el empeño del consistorio de llevar a cabo esa obra, faraónica y muy costosa, que debería esperar al momento en que la situación económica lo permita, ya que en la actualidad existen otras necesidades más prioritarias”. Solucionar este problema exige, de nuevo, una visión política de la que parece carecer el Alcalde de Burgos: hay que cambiar la política de grandes gestos por otra política de contención y gestos mínimos. Una micropolítica que dé respuesta a los auténticos problemas que tiene la ciudadanía, sobre todo en barrios deprimidos como Gamonal.

 

05

 

EN QUÉ SE HAN EQUIVOCADO LOS VECINOS

Paradójicamente, una de las mayores preocupaciones de los vecinos tiene que ver con los problemas de movilidad que conllevará la conversión a sólo dos carriles de la Calle Vitoria. La realidad, sin embargo, es que la costumbre de aparcar en doble o triple fila ya convierte a la avenida en una calle de dos carriles a efectos prácticos. Como ya hemos dicho más arriba, conseguir que un ayuntamiento (sobre todo un ayuntamiento de derechas) realice inversiones en un barrio obrero no es sencillo. Teniendo en cuenta, además, que la paralización de las obras obligará al Ayuntamiento a indemnizar a las empresas constructoras en concepto de lucro cesante, sería interesante retomar las negociaciones y llegar a un acuerdo de diseño en el que todas las partes estén de acuerdo; arrancar un calendario en firme, aunque la construcción definitiva se dilate en el tiempo. De lo contrario, los próximos equipos de gobierno podrían verse liberados de actuar en el barrio, y el movimiento vecinal habría perdido una oportunidad de oro para cambiar la manera de hacer política en Burgos.

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com