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Oculus Rift

Open your mind and your (virtual) ass will follow

 

Rafa Giménez

 

Hasta hace apenas unos meses, la realidad virtual parecía otra de esas tecnologías zombie que, como la web semántica o las malditas neveras conectadas a Internet, vagan desde hace años por la tierra de nadie de la innovación sin acabar de despegar ni morir del todo. Tecnologías prometedoras pero que, sin una killer app que las saque del gris, nunca llegan mucho más allá del prototipo vistoso por fuera pero vacío por dentro que, en realidad, no sirve para nada. La realidad virtual ha sido el perfecto ejemplo de ello:  un montón de años a punto de petarlo, un montón de demos alucinantes que te dejaban con la boca abierta y, a la hora de la verdad, un verdadero despropósito hecho de interfaces imposibles, fondos dignos de un decorado de los Fruitis y una interacción poco menos que cochambrosa. Hasta que llegó Oculus Rift.

 

El que haya tenido la suerte de probarlo (cosa que no es fácil, ya que no se pone a la venta hasta el próximo año 2015) sabrá de lo que estoy hablando. El Oculus Rift es el salto cuántico que la realidad virtual necesitaba para convertirse en el auténtico trip que nos prometieron las películas, un muy serio candidato a game changer a la altura de Google o el iPhone incluso antes de su lanzamiento comercial.  Su pedigrí, desde luego, es impecable: parido en un garaje californiano por un inadaptado geniecillo hacker de apenas 18 años, apoyado por uno de los más históricos gurús de la comunidad de los videojuegos (John Carmack, CEO de id Software y responsable, ahí es nada, de Doom y Quake) y convertido gracias a su impulso en la pieza de hardware y software que más expectación ha generado en los últimos años. A partir de ahí, la locura,  con la mitad del sector preparando juegos y aplicaciones para el Oculus y Facebook soltando 2000 millones de dólares para hacerse con el proyecto aún en fase embrionaria.

 

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El cacharrito es, verdaderamente, una pasada. Una auténtica revolución tecnológica que combina 3D estereoscópico, visión de 360 grados y un auténtico pepino en forma de procesador capaz de hackear tu cerebro y hacerle creer que lo virtual es real. Esta vez el hype está más que justificado así que yo de ti iría preparando la mente… y el bolsillo.

 

Rafa Giménez

Después de probar con el macramé, el ping pong y la lectura de textos sufistas, hace ya muchos años que Rafa Giménez encontró en los ordenadores y las maquinitas de todo pelaje ese círculo de amigos que el mundo parecía negarle. La no demasiado sana pasión por el software, los procesadores y las pantallas que ha desarrollado desde entonces seguramente no ha ayudado demasiado a su sociabilidad ni a su éxito con las mujeres, pero sí  le ha llevado a rincones de Internet donde se ven cosas que vosotros no creeríais. Habla bajito y vive feliz en su habitación con su soldador y su conejo robot, y afirma con seguridad que “All your base are belong to us”.

 

rafa@blisstopic.com