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Brain-computer Interface

Jugando a ser Jedi

 

Rafa Giménez

 

Sentir la fuerza nunca fue más fácil. Surgidas hace apenas unos años pero en evolución exponencial desde entonces, las tecnologías de Brain-Computer Interface permiten identificar órdenes sencillas a partir de los impulsos electromagnéticos básicos del cerebro. Sí, maestro Yoda. controlar un ordenador con la mente posible ya es.

 

Y es que una de las pocas que parece seguras de nuestro futuro tecnológico es que nuestra manera de interactuar con los ordenadores va a cambiar, y mucho, en los próximos años. El salto de los teclados QWERTY a las pantallas táctiles va a parecer una broma comparado con lo que las tecnologías de interacción hombre-máquina guardan en la chistera para ya mismo: análisis y procesamiento del lenguaje para charlar con nuestros ordenadores, tecnologías hápticas para comunicarnos a través de patrones de movimiento o vibración y también, claro está, el Brain-Computer interface.

 

Como suele pasar, tras un concepto complejo se esconde una explicación razonablemente sencilla. El Brain-Computer Interface, o BCI, se basa en utilizar pequeños sensores no invasivos (no, no hace falta abrirte la cabeza, sino unos simples auriculares o una gorra) para capturar los impulsos electromagnéticos de algunas órdenes sencillas enviadas por el cerebro (como mirar a una determinada zona de la pantalla o parpadear) y convertirlas en comandos para un dispositivo electrónico. Hace falta cierto entrenamiento y no siempre funciona, pero la primera vez que ves como la pantalla enciende la A cuando tu piensas en la A no puedes evitar sentir como la Fuerza fluye en ti.

 

Ojo, porque no estamos hablando de una fantasía nerd producto de una mente frita por los efectos de demasiada ciencia ficción, sino una realidad que lleva años cociéndose en laboratorios de todo el mundo y que empieza a asomar la cabeza tímidamente en algunos de los productos más cool del mercado techie.

 

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Así, un rastreo un poco certero por la red te puede llevar hasta un catálogo de neurojuguetes con los que conectarte a nivel mental. Locuras como Necomimi, unas orejas de gatete que se mueven siguiendo el estado de tu mente: arriba si estás activo, a media altura si estás concentrado, caídas si duermes. O el ya clásico Mindflex, un divertido combate mental de Mattel en el que intentas colar tu pelotita en la portería de tu rival usando la mente.  Un poco más útil, al menos teóricamente, es Muse, una cinta para la cabeza que contiene 7 sensores y que te permite interactuar con aplicaciones para mejorar tu concentración. O Good Times, una aplicación móvil que analiza la actividad de tu cerebro y decide desviar las llamadas que recibes si estás mentalmente ocupado.

 

El alcance de estos productos, no nos engañemos, es aún limitado: aún estamos lejos de tocar el piano o pintar un graffiti con la mente. Pese a ello, mucho más que suficiente para early adopters y neurofreaks como tú. 

 

Rafa Giménez

Después de probar con el macramé, el ping pong y la lectura de textos sufistas, hace ya muchos años que Rafa Giménez encontró en los ordenadores y las maquinitas de todo pelaje ese círculo de amigos que el mundo parecía negarle. La no demasiado sana pasión por el software, los procesadores y las pantallas que ha desarrollado desde entonces seguramente no ha ayudado demasiado a su sociabilidad ni a su éxito con las mujeres, pero sí  le ha llevado a rincones de Internet donde se ven cosas que vosotros no creeríais. Habla bajito y vive feliz en su habitación con su soldador y su conejo robot, y afirma con seguridad que “All your base are belong to us”.

 

rafa@blisstopic.com